Nil Redón.

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Opinión TRIBUNA

Tras el 'boom', llega la consolidación: así será la IA en 2026

Nil Redón
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Tras un 2025 en el que la inteligencia artificial se ha asentado en nuestras vidas, lo más probable es que en este nuevo año se confirme la ascensión de la que posiblemente sea la revolución tecnológica más rápida de la historia. Si analizamos hasta qué punto ha cambiado nuestro día a día desde la llegada de ChatGPT en noviembre del 2022, hace poco más de tres años, podemos concluir que la IA ha llegado para quedarse.

Ahora cabe preguntarse qué novedades nos va a traer 2026. Teniendo en cuenta que hay una inversión e interés sin precedentes en la IA a escala global, en cualquier momento puede producirse un avance disruptivo.

Una de las líneas de investigación más mediáticas es la búsqueda de la Inteligencia Artificial General (IAG), una IA capaz de aprender y razonar en cualquier ámbito, como lo haría una persona. Los modelos actuales no alcanzan ese nivel de inteligencia, sino que imitan las capacidades humanas mediante algoritmos matemáticos.

Quien logre desarrollar la IAG dispondrá de un poder inédito: la capacidad de tener millones de “personas digitales” pensando y actuando a la vez en Internet, a las órdenes de su creador. Imaginar las consecuencias potenciales, tanto positivas como negativas, que podría tener este avance en la humanidad puede dar algo de vértigo. Sin duda, sería un cambio radical en nuestras vidas, un mundo distópico que cuesta imaginar.

La primera predicción para 2026 es que de momento la IAG va a seguir siendo ciencia ficción, e incluso puede que tampoco llegue en los próximos diez años. Quizá, por intereses geopolíticos o empresariales, alguien asegure que ya ha alcanzado ese hito, sin ser capaz de demostrarlo claramente, pero ni siquiera hay evidencias de que sea posible conseguirlo en algún momento con la tecnología de la que se dispone hoy en día.

En cuanto al estado actual de la IA, en 2025 se siguieron mejorando los modelos, pero a un ritmo mucho menor. En otras palabras, el salto de calidad de GPT-2 a GPT-3 fue mucho mayor que de GPT-4 a GPT-5, por ejemplo. Mi predicción es que esta tendencia se mantendrá, y en 2026 los modelos de IA sabrán hacer lo mismo que ya hacían en 2025, pero seguramente un poco mejor.

Sin embargo, esto no quiere decir que la inteligencia artificial no avance; lo esperable es que este nuevo año traiga mejoras que seguirán cambiando nuestras vidas. Estas se producirán en tres aspectos principales: rendimiento, aplicaciones y adopción.

Empecemos por el rendimiento: los primeros ordenadores tenían el tamaño de una habitación y ahora ya tenemos smartphones infinitamente más potentes en nuestros bolsillos. Ahora mismo, la mayoría de los modelos actuales de IA requieren servidores enormes para funcionar, del tamaño de los primeros ordenadores (o más), y su evolución natural debería ser análoga.

Es decir, seremos capaces de conseguir modelos más eficientes que se ejecuten cada vez con menos recursos y, por tanto, se podrán integrar en más y más dispositivos. Está por ver si en 2026 ya tendremos ChatGPT “instalado” en nuestro teléfono móvil como parte del sistema operativo (sin necesidad de conexión a Internet), por ejemplo, pero sin duda habrá grandes novedades en esta línea. Incluso, más allá de 2026, imagino un futuro en el que cada aparato eléctrico tenga herramientas de IA generativa incorporadas, de forma que podamos “hablar” con nuestra nevera, el televisor, la alarma o cualquier otro aparato doméstico. Suena futurista, pero parece mucho más factible que la IAG.

En cuanto a las aplicaciones, el año pasado se popularizó el término ‘IA agéntica’, basada en aplicaciones automáticas en nuestros ordenadores (agentes) que utilizan modelos de IA para comunicarse entre ellas y ejecutar tareas. Ahora, previsiblemente se producirá la integración de los modelos de IA en las aplicaciones informáticas y veremos un gran cambio en nuestra manera de interactuar con ellas.

En el futuro, lo habitual será interactuar con las aplicaciones mediante lenguaje natural y solicitar la ejecución de tareas, gracias a los modelos integrados que automatizarán las acciones necesarias, en lugar de navegar manualmente por interfaces basadas en clics, como sucede en la actualidad.

No en vano, Microsoft ya lleva por bandera el término ‘Frontier Firm’, que aplica a aquellas empresas pioneras que consigan integrar la IA agéntica en sus aplicaciones. Una Frontier Firm seguirá siendo dirigida por las personas, pero en los equipos de trabajo coexistirán personas y agentes digitales llevando a cabo las operaciones. En mi opinión, 2026 marcará el inicio del camino de muchas empresas hacia este horizonte de convertirse en una Frontier Firm completa, un proceso que llevará años y será clave para redefinir qué compañías serán competitivas en el mercado.

Por último, desde el punto de vista de la adopción, comprobaremos que “subirse al carro de la IA” es algo ya inevitable, por lo que a principios del año que viene será muy difícil encontrar a alguien que no haya usado nunca esta tecnología. Seguramente, en 2026 se producirá un gran salto en la adopción, con herramientas como ChatGPT y Copilot consolidándose no sólo en los puestos de trabajo de cualquier empresa, sino también en la vida personal de la gran mayoría de nosotros.

Algunas de estas predicciones podrán fallar en los plazos, pero la tendencia parece clara: la Inteligencia Artificial seguirá avanzando y redefiniendo cómo trabajamos, aprendemos y tomamos decisiones. 2026 será menos un año de promesas y más un año de integración real.

*** Nil Redón es AI & Data Specialist en Prodware Group.