Carlos Pardo, CEO de KD y presidente de AESEMI.
España se encuentra en una encrucijada histórica que definirá su peso industrial en las próximas décadas. Como segundo productor de vehículos de Europa y con una base sólida en el diseño de componentes. Sin embargo, el paradigma de la automoción está sufriendo su transformación más radical: el coche ya no es una máquina mecánica con electrónica añadida; es un centro de datos de alto rendimiento sobre ruedas ("HPC on wheels").
En este nuevo escenario, la verdadera soberanía no reside en el ensamblaje de la carrocería, sino en el control de los semiconductores que actúan como el cerebro y el sistema nervioso del vehículo autónomo. Si España no actúa ahora para consolidar sus propios "campeones nacionales", seguiremos condenados a una dependencia tecnológica que amenaza uno de los pilares de nuestra economía.
Casos recientes como las tensiones en torno a Nexperia nos demuestran que, en la nueva economía global, la resiliencia industrial del país depende de nuestra capacidad para aportar tecnología propia al ecosistema.
El techo de cristal de la innovación española
Históricamente, España ha demostrado una capacidad asombrosa para generar talento y tecnología diferencial. Sin embargo, hemos sido víctimas de un fenómeno estructural agotador: nuestras empresas más prometedoras, tras alcanzar hitos tecnológicos clave, acaban siendo adquiridas por grandes grupos extranjeros antes de alcanzar una masa crítica. Con estas ventas, no solo perdemos una marca; perdemos capacidad de decisión, propiedad intelectual estratégica, empleo cualificado y el retorno industrial de años de inversión.
Para entender qué nos falta, debemos mirar hacia los Países Bajos. El éxito de gigantes como ASML —hoy la empresa tecnológica más valiosa de Europa— o NXP no fue fruto del azar, sino de la visión de Philips como campeón nacional mediante una estrecha colaboración público-privada. Philips no solo innovó; actuó como el "ancla" que permitió crear un ecosistema entero a su alrededor, reteniendo la tecnología en casa frente a la presión de los gigantes americanos o asiáticos.
España tiene hoy la oportunidad de replicar ese modelo de éxito. Gracias al primer IPCEI de Microelectrónica y Comunicaciones (IPCEI_ME/CT) liderado por el Ministerio de Industria y Turismo, empresas como KD, Semidynamics y Openchip se han posicionado en la frontera tecnológica global en ámbitos como las comunicaciones ópticas y las arquitecturas abiertas RISC-V.
Pero el liderazgo en innovación no garantiza el éxito comercial. Para que estos desarrollos se conviertan en productos industriales masivos, es necesario un salto que ninguna empresa puede dar en solitario.
El IPCEI AST para el "Champion nacional"
Se considera que el instrumento adecuado no es la subvención tradicional, sino la colaboración público-privada que representa el IPCEI (Proyecto Importante de Interés Común Europeo). Este mecanismo está diseñado específicamente para financiar el primer despliegue industrial, permitiendo que empresas con tecnología validada rompan las barreras de entrada del mercado de semiconductores, uno de los más exigentes del mundo.
La propuesta de la industria para el nuevo IPCEI AST es clara: concentrar esfuerzos en el automóvil como eje estratégico. España dispone de una oportunidad única para liderar una aproximación diferencial a la conducción autónoma basada en dos pilares: el Sistema Nervioso (comunicaciones ópticas intra-vehiculares de muy alta velocidad) y el Cerebro (arquitecturas RISC-V abiertas y escalables como alternativa soberana a las soluciones propietarias extranjeras).
Esta no es una iniciativa de tres o cuatro empresas; es una apuesta por un ecosistema industrial completo. La creación de campeones nacionales generará un efecto de arrastre o spill-over masivo sobre el tejido empresarial español tanto en startups de semiconductores, como en centros tecnológicos y empresas industriales enfocadas en automoción.
La industria española del automóvil ya ha manifestado formalmente que el apoyo del público a estos proyectos es esencial. No podemos permitir que el futuro de nuestras fábricas de coches dependa de la disponibilidad de chips diseñados y controlados a miles de kilómetros de distancia en países cuyos intereses muchas veces no coinciden con los nuestros.
Conclusión: un pacto por el futuro
La autonomía estratégica no es un eslogan; es una inversión en la resiliencia de nuestro país. La apuesta por la microelectrónica en la industria del automóvil es el paso necesario para dejar de ser meros consumidores de tecnología y convertirnos en dueños de nuestro destino industrial.
Disponer de un "champion" nacional en semiconductores garantizará que la propiedad intelectual, el talento altamente cualificado y el retorno de la inversión se queden en España. Es el momento de que el sector público y el privado actúen con la misma audacia que nuestros competidores globales para asegurar que el coche del futuro se piense, se diseñe y se fabrique, de principio a fin, en suelo europeo.
***Carlos Pardo es CEO de KD y presidente de AESEMI.