España afronta un reto estratégico que trasciende el ámbito educativo: asegurar el talento científico y tecnológico que sostendrá nuestra competitividad en las próximas décadas. La capacidad de nuestras empresas para innovar y la calidad del empleo que generemos en los próximos años dependen, en buena medida, de cómo resolvamos este desafío.
El informe Retos y evolución de las vocaciones STEM en España, basado en una encuesta a más de 2.000 estudiantes, profesores y directores de centros educativos, aporta una conclusión preocupante: más de la mitad del alumnado cambia de itinerario académico en etapas clave y solo el 46% mantiene con claridad la decisión inicial sobre qué quiere estudiar. Detrás de ese dato no hay una falta de capacidad, sino una falta de orientación y de conexión con la realidad profesional. De hecho, el 56% de los estudiantes reconoce que no elige estudios STEM por indecisión o por desconocer sus salidas laborales.
Mientras tanto, el mercado laboral avanza a otra velocidad. Hoy solo el 4,7% de los ocupados en España trabaja en profesiones TIC, lejos de los objetivos europeos para esta década. Según la OCDE, existen más de tres ofertas de empleo digital por cada profesional disponible. Es una brecha que debe cerrarse si no queremos comprometer el crecimiento de nuestro tejido productivo. Es cierto que avanzamos, con una mayor variación anual de especialistas TIC en España que Europa, y también un mayor porcentaje de graduados TIC 5,7% del total, frente al 4,7% del conjunto de la UE, pero no será suficiente.
El informe señala varios factores que ayudan a entender por qué estamos perdiendo vocaciones en el camino. Uno de ellos tiene que ver con la experiencia educativa en matemáticas. Aunque en Primaria la percepción es positiva, en Secundaria el 72% del alumnado reconoce dificultades para comprenderlas.
A esto se suma una realidad que debemos afrontar: en los estudios universitarios de Educación (antiguo Magisterio), solo entre el 10% y el 12% de los créditos se dedican a matemáticas y TIC, y el 87% de los docentes encuestados no tuvo la oportunidad de cursar especialidades técnicas. Si queremos reforzar las vocaciones STEM, debemos fortalecer primero a quienes las inspiran.
También necesitamos revisar cómo orientamos a nuestros jóvenes. Según la encuesta realizada los estudiantes valoran especialmente el contacto directo con empresas y entornos reales de trabajo. Las visitas a empresas son la actividad más demandada, pero no están entre las más habituales en los centros. Cuando el alumno entiende para qué sirve lo que aprende y qué impacto puede tener, su percepción cambia.
En la educación superior persiste otro reto. El 64% de los universitarios encuestados considera que sus estudios no se adaptan adecuadamente al mercado laboral. Al mismo tiempo, el empleo en ocupaciones STEM supera el millón de personas, pero apenas representa algo más del 8% del total y solo el 1,9% de la contratación anual. Con un desempleo juvenil del 22%, resulta evidente que formación y empleo no están dialogando como deberían.
La Formación Profesional está creciendo y se consolida como una palanca estratégica, con más de 1,1 millones de estudiantes matriculados. Sin embargo, la FP Dual aún tiene un recorrido importante: solo alcanza al 4,4% del alumnado y la participación empresarial sigue siendo reducida. Necesitamos escalar los modelos que funcionan y reforzar la colaboración entre centros y empresas, con formación continua, microcredenciales o aprendizajes más modulares.
No podemos olvidar tampoco la brecha de género. Las mujeres representan poco más del 30% de los graduados en disciplinas STEM y solo el 3,2% de las mujeres ocupadas trabaja en estas especialidades. En FP, la diferencia es aún más acusada. Perder talento femenino en estos ámbitos es un lujo que España no puede permitirse.
En la jornada de presentación del informe escuchamos a responsables de dos Ministerios (Educación, Trabajo) y de la OCDE con una idea clara: el talento STEM es una infraestructura estratégica para el país. Necesitamos una visión compartida y sostenida en el tiempo que alinee escuela, FP, universidad, empresas y administraciones. No estamos ante un debate académico, sino ante una decisión de país.
España tiene capacidad, empresas líderes y un sistema educativo con fortalezas indudables. Ahora toca reforzar la orientación, modernizar la formación y conectar de forma efectiva educación y empleo. De ello depende que la transformación digital sea una oportunidad real de prosperidad y palanca de empleo de calidad.
*** Miguel Sánchez Galindo es director general de DigitalES.