Rita Estévez Luaña, consejera independiente en MoraBanc, Vodafone España y Línea Directa.
¿Es rentable la inteligencia artificial o estamos ante un 'bluff'? El debate surgió en el verano de 2025 tras un informe del MIT, según el cual, en las empresas objeto de estudio, únicamente el 5% de los proyectos de IA habían logrado ser rentables. Lo que reavivó la reflexión sobre su verdadero potencial económico.
La rentabilidad de esta tecnología es, sin duda, uno de los principales retos al que nos enfrentamos las compañías a la hora de implementarla. La experiencia nos dice que la inversión necesaria -tanto en infraestructura tecnológica como en capacitación humana y talento- es significativa, y, sin embargo, la productividad hasta ahora ha sido marginal.
Las empresas hemos abordado la IA con pilotos y pruebas de concepto independientes (un chatbot en atención al cliente, un asistente en desarrollo de código, agentes de recomendación y personalización de ofertas, etc.), de forma casi inconexa desde distintas áreas funcionales y con soluciones aisladas, “por encima” de los sistemas existentes. Este enfoque no ha permitido crear componentes reutilizables y generar así economías de escala.
Además, este tipo de proyectos se han abordado como un tema principalmente tecnológico, sin poner suficiente atención en las personas que deben adoptarlo en su día a día, con confianza, para así generar impacto y resultados sostenibles.
La principal conclusión de estos primeros años es, en mi opinión, clara: los beneficios de la IA no escalan si su implantación no se hace de forma integrada. Y es por este motivo, por el que empezamos a hablar de la IA embebida. Abordando la IA de forma centralizada e integrada en el núcleo de los procesos y decisiones de la organización. Y siguiendo un enfoque que combina tecnología, cambio cultural y talento.
Pero ¿en qué consiste la IA embebida?
La IA integrada o embebida implica transformar la IA en una capacidad transversal del negocio, combinando requerimientos tanto tecnológicos como humanos, de forma que se asegure que la empresa pueda gobernar y reutilizar soluciones de forma efectiva y responsable.
Desde un punto de vista tecnológico, la empresa debe contar con una capa arquitectónica común que habilite su uso transversal con componentes reutilizables: base de datos centralizada, infraestructura de integración y monitorización continua, capacidades RAG, librería de prompts, orquestador de agentes, etc.
Esta capa debe incluir además un modelo específico de gobierno y control, que garantice su escalabilidad y seguridad.
Desde un punto de vista humano, una IA embebida en la organización exige una transformación cultural profunda y una gestión activa del cambio. Se trata en definitiva de preparar a las personas para la IA, fomentar el trabajo híbrido hombre-máquina y atraer el talento necesario.
De este modo, la empresa contará con la infraestructura necesaria para escalar y combinar distintos enfoques de la Inteligencia Artificial: desde la IA tradicional, orientada a automatizar y predecir en entornos estables; a la IA generativa, capaz de analizar información y crear contenido, o la IA agéntica, diseñada para ejecutar acciones de forma “cuasi-autónoma” bajo reglas definidas.
Siendo precisamente el caso de los agentes de la IA, donde la IA embebida resulta determinante. Ya que sin ella los agentes no podrán interactuar con los sistemas corporativos para obtener el contexto necesario para tomar decisiones y ejecutar acciones en tiempo real: crear órdenes, invocar APIs internas, etc. Algo que difícilmente se consigue cuando la IA opera como un servicio externo desacoplado y sin una integración profunda.
La IA embebida y la gobernanza
Un aspecto crítico para la IA embebida -principalmente a medida que la IA Agéntica adquiera una mayor autonomía- será el desarrollar en la organización un modelo de gobernanza robusto y operativo que garantice el control, cumplimiento normativo y la trazabilidad de su actividad.
Se trata de establecer un marco explícito de control que incorpore supervisión humana en decisiones críticas, límites éticos y garantías de privacidad y ciberseguridad. Porque sin estos cimientos, la IA puede convertirse en una fuente de riesgo más que en una ventaja competitiva.
Y precisamente, porque se trata de una transformación cultural profunda, que viene acompañada de riesgos significativos si no se hace bien, y porque además exige un enfoque centralizado y verdaderamente integrado para poder escalar y generar rentabilidad es por lo que la IA no puede gestionarse como una iniciativa tecnológica más.
Debe abordarse desde la primera línea ejecutiva, con una visión común y un modelo de gobierno sólido desde el inicio. Además de contar con el respaldo explícito del Consejo de Administración, no sólo en su función de supervisión, sino como garante de la ambición estratégica, el apetito al riesgo y el nivel de inversión necesarios para materializar su verdadero potencial.
***Rita Estévez es consejera independiente de MoraBanc, Vodafone España y Línea Directa