Jordi Montoya, CEO y fundador de GovClipping. GovClipping
Asuntos Públicos en la era del algoritmo: del 'a quién conoces' al 'qué sabes'
Durante décadas, la imagen colectiva del profesional de los Asuntos Públicos y las Relaciones Institucionales ha estado ligada casi exclusivamente al arte de la diplomacia interpersonal. Si cerrásemos los ojos e imaginásemos a un lobista clásico, probablemente visualizaríamos agendas repletas de contactos telefónicos, almuerzos estratégicos y una capacidad casi artesanal para intuir por dónde sopla el viento político. Aunque la empatía y la capacidad de relación siguen siendo insustituibles, la realidad del sector ha cambiado drásticamente bajo nuestros pies.
La razón de este cambio no es ideológica, es puramente estructural. Vivimos en la era de la hiperregulación. La producción normativa ha alcanzado tal velocidad y volumen que el modelo tradicional de 'lectura y resumen' se ha vuelto humanamente inabarcable.
Entre instituciones europeas, nacionales, autonómicas y locales, una empresa que opere en varios territorios puede enfrentarse a decenas de miles de páginas de nueva regulación cada año.
En este contexto, seguir confiando exclusivamente en la lectura manual, excel y la memoria humana para monitorizar el entorno legislativo no es solo ineficiente. Es un riesgo operativo de primer nivel. Aquí es donde se produce la fricción, y también la gran oportunidad de nuestra época, con la llegada de la ingeniería de datos a las ciencias políticas.
El fin de la monitorización artesanal
La transformación que estamos viviendo en los Asuntos Públicos es análoga a la que vivió el sector financiero con el FinTech o el turístico con el TravelTech (Booking, Airbnb o Google Maps). Estamos ante el nacimiento de una infraestructura tecnológica que permite poner orden en lo que hasta ahora era caos. Y se llama RegTech.
Hasta hace muy poco, la "inteligencia" en este sector dependía de que una persona detectara visualmente una línea de texto en un PDF de trescientas páginas. Hoy, la tecnología permite convertir la actividad institucional en datos estructurados, desde una proposición no de ley hasta una licitación pública o una mención en una comisión parlamentaria.
Este cambio de paradigma redefine la propuesta de valor de las consultoras, los despachos y las asociaciones empresariales. Históricamente, la excelencia en el seguimiento legislativo dependía de la fuerza bruta, de cuántas horas podía dedicar un equipo a rastrear las instituciones de forma manual. Hoy, la tecnología permite automatizar esa capa base de recolección de datos.
Esto libera a los profesionales para que dejen de vender capacidad de lectura y empiecen a escalar su inteligencia estratégica. Para una firma o una patronal, la tecnología ya no es solo una herramienta de eficiencia, es la palanca que permite monitorizar sectores complejos y carteras de clientes masivas con una precisión que antes era inviable por costes.
Del acceso a la anticipación
La integración de la Inteligencia Artificial y el Procesamiento de Lenguaje Natural en la esfera pública nos lleva de un modelo reactivo a uno predictivo. El valor del director de Asuntos Públicos moderno ya no reside en ser el primero en enviarle el BOE al CEO, algo que ya hace un algoritmo en milisegundos, sino en ser el primero en traducir ese dato en impacto de negocio.
La pregunta clave ha dejado de ser '¿qué se ha publicado hoy?' para convertirse en '¿qué probabilidad tiene esta iniciativa de convertirse en ley y cómo afecta a mi cuenta de resultados?'. La tecnología libera al profesional de la tarea tediosa de la recolección de datos para que pueda dedicar todo su tiempo al análisis estratégico y la construcción de alianzas. No sustituye al humano, lo potencia. Pasamos del lobista lector al estratega regulatorio.
Ingeniería y política: lenguajes condenados a entenderse
Mirando hacia el futuro, es evidente que los departamentos de Asuntos Públicos y Regulación van a vivir una hibridación de perfiles. Empezaremos a ver, de hecho ya lo estamos viendo, a ingenieros de datos trabajando codo con codo con politólogos y abogados.
Esta simbiosis es necesaria. La regulación es hoy un dato estratégico más, tan crítico como pueden serlo las métricas de ventas o el coste de adquisición de cliente. Las organizaciones que sigan tratando el entorno institucional como un ente abstracto y burocrático, gestionado de forma manual y desconectada del negocio, perderán competitividad frente a aquellas que lo integren en sus cuadros de mando digitales.
La ingeniería no viene a deshumanizar la política ni la gestión de intereses. Al contrario, viene a aportar la claridad necesaria para que el diálogo entre el sector privado y el público se base en datos objetivos y no en ruidos o intuiciones. El café seguirá siendo importante, sin duda, pero la decisión de con quién tomárselo y para hablar de qué estará cada vez más guiada por la inteligencia artificial.
***Jordi Montoya es CEO y fundador de GovClipping