Cristina Álvarez, presidenta del Consejo Asesor para inversiones éticas y de impacto social de Fundación Anesvad.

Cristina Álvarez, presidenta del Consejo Asesor para inversiones éticas y de impacto social de Fundación Anesvad.

Opinión Hacia una economía de impacto / SpainNAB

Una oportunidad para la inversión de impacto

Cristina Álvarez
Publicada

¿Qué implica la cancelación de la mayor agencia de cooperación global, USAID, para el mundo de la inversión de impacto? Es una pregunta que interpela directamente a un sector financiero en crecimiento y revela la magnitud del cambio en curso.

La desaparición de la noche a la mañana de casi un tercio de la financiación global para cooperación internacional obliga a repensar cómo se van a financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y qué papel debe asumir el sector privado. En ese replanteamiento, la inversión de impacto emerge como una herramienta con enorme potencial.

Esta reflexión estuvo en el centro de la reciente Conferencia Internacional de Sevilla sobre Financiación para el Desarrollo, donde se subrayó la urgencia de diversificar las fuentes de financiación y movilizar capital privado alineado con objetivos sociales y medioambientales. Entre las prioridades destacadas figuraron la salud global y la situación de África, una región donde las brechas de acceso a servicios sanitarios siguen siendo profundas y donde la fragilidad de los sistemas de salud condiciona el desarrollo económico y social.

La inversión de impacto busca generar un impacto social o medioambiental positivo y medible, además de un retorno financiero. Esta fórmula, situada entre la inversión convencional y la filantropía, introduce incentivos que favorecen la eficiencia, la disciplina financiera y la sostenibilidad de los proyectos. No es una solución mágica: también presenta limitaciones para lograr ese doble objetivo, financiero y social, al enfrentarse a problemas que no se pueden resolver exclusivamente con la lógica del mercado, como ocurre con buena parte de los retos de la salud global.

Un buen ejemplo son las enfermedades tropicales desatendidas, como la lepra o la filariasis linfática, que afectan de manera desproporcionada a poblaciones vulnerables de África subsahariana. Son patologías con un enorme impacto humano y económico, pero con escaso atractivo para la inversión convencional. En este espacio donde el retorno financiero es limitado, el dividendo social es incuestionable.

En este contexto cobra especial relevancia el informe Fundaciones e inversión de impacto. Alineando inversión de impacto, promovido por SpainNAB y Fundación Altamar, que recuerda que las fundaciones no son meros financiadores de último recurso, sino agentes con capacidad real para catalizar capital hacia retos sociales complejos. Su posición híbrida les permite asumir riesgos, alinear inversiones con su misión y actuar como puente entre la filantropía tradicional y los mercados financieros, aportando una visión de largo plazo que hoy resulta imprescindible.

Aplicado al ámbito de la salud global y, especialmente, al contexto africano, este enfoque adquiere pleno sentido. Hablamos de capital paciente capaz de financiar fases piloto, absorber riesgos en etapas tempranas y demostrar la viabilidad de soluciones sanitarias innovadoras allí donde el mercado aún no llega. La exigencia de medición del impacto no solo mejora la rendición de cuentas, sino que genera evidencia para atraer financiación adicional y contribuir al fortalecimiento de sistemas de salud en contextos institucionalmente frágiles.

Conviene insistir en que la inversión de impacto no es una respuesta universal a todos los desafíos sociales o medioambientales. Muchos de ellos están profundamente ligados a conflictos políticos, herencias coloniales y un sinfín de circunstancias que generan resistencia a las recetas meramente económicas. Sin embargo, las sociedades africanas reclaman cada vez con mayor fuerza un mayor control sobre sus propios destinos, también en lo relativo a la gestión de sus sistemas sanitarios, fiscales y de gobernanza. Acompañar ese proceso exige instrumentos financieros flexibles y alineados con el impacto.

¿En qué posición queda entonces el rol de la inversión de impacto? La respuesta está en ese concepto clave llamado "adicionalidad": financiar proyectos que no cumplen los requisitos de la inversión convencional, pero que pueden generar impacto social y medioambiental. Más allá, estarían los proyectos que solo pueden sostenerse con capital filantrópico.

El mundo cambia a una velocidad difícil de procesar y la arquitectura global de la cooperación internacional se transforma con rapidez. Muchos proyectos desaparecerán por falta de financiación y las consecuencias humanas pueden ser graves. Necesitamos soluciones desde todos los frentes.

Inversión convencional para grandes proyectos e infraestructuras. Filantropía para prioridades sin potencial empresarial. Y entre ambos mundos, un vasto y fértil campo para la creatividad de las miles de mentes brillantes que componen el ecosistema de inversión de impacto: grandes y pequeñas fundaciones, fondos privados, públicos como el Fondo de Impacto Social (FIS) de COFIDES, startups sociales, gobiernos nacionales y regionales. Se nos presenta una gran oportunidad. Aprovechémosla.

***Cristina Álvarez es presidenta del Consejo Asesor para inversiones éticas y de impacto social de Fundación Anesvad.