En 2026 he dejado de preguntarme si soy "mala madre o mala profesional" por contestar un mensaje con una mano mientras con la otra intento atarle el cordón a un niño que, misteriosamente, siempre llega tarde. A menudo te sientes un robot o autómata corriendo para todos lados e intentando que no se te pase nada de todas las listas que gestionas a la vez. La pregunta correcta ya no es moral, es de diseño: ¿por qué seguimos organizando la vida como si el día tuviera horas elásticas y la energía fuese infinita?
La vida se ha convertido en una carrera de obstáculos diaria contrarreloj y cada día más acelerada: madre, profesional, hija, amiga presente, directora de operaciones del hogar…. La épica del "puedo con todo" queda preciosa en redes, pero en la cocina, a las 10 de la noche o en el coche, se traduce en otra cosa: una cabeza con treinta pestañas abiertas y ninguna que se cierre del todo.
Yo vivo en un pueblo pequeño. Eso significa desplazamientos constantes, kilómetros y más kilómetros, y una sensación de pérdida de tiempo y estar siempre "en tránsito": salgo de casa pensando en lo que dejo, llego a un destino pensando en lo siguiente.
El coche, durante mucho tiempo, fue mi sala de espera y de llamadas. Ahora se ha convertido en mi sala de máquinas. No porque quiera trabajar más, ya me sobra, sino porque quiero trabajar distinto: con menos carga mental, con menos fricción. La revolución, para mí, cabe en una frase: que la IA trabaje por mí.
La primera vez que lo noté fue en una reunión. De esas de Teams que empiezan con “solo 10 minutos” y terminan siendo una novela por entregas. Antes tomaba notas como quien intenta atrapar humo, temiendo que una decisión se me escapara y luego me persiguiera en forma de "¿qué se acordó?". Hoy dejo que la IA escuche, ordene y me devuelva el esqueleto: acuerdos, tareas, fechas. Y yo me permito lo que parecía un lujo: escuchar de verdad.
En el trayecto, hablo con las diferentes IAs para que conviertan mi voz en borrador. Suelto ideas para una presentación, para un proyecto, para ordenar la semana. Digo frases incompletas, repito, corrijo. Y la IA, como una editora paciente, convierte el caos en estructura. No me roba el estilo; me quita la hoja en blanco y lo hago con la voz, con el teléfono, en el coche.
También "pongo la IA, mi Thermomix de pensar" a buscar información. Antes investigar era abrir veinte pestañas y terminar leyendo la mitad de ninguna. Ahora delego el rastreo, la comparación, el resumen y por qué no, la ideación al entorno de un concepto, un proyecto o la resolución de un problema. No me quedo con la respuesta sin más; me quedo con el tiempo para hacer buenas preguntas. La IA no sustituye el criterio: lo amplifica, como un telescopio.
Y luego está lo más íntimo: reestructurar ideas. Ese momento en el que todo lo que piensas está, pero desordenado, como una habitación infantil después de jugar. Le doy notas, párrafos torcidos, obsesiones, y me devuelve una arquitectura. A veces, solo con verla, entiendo por qué estaba bloqueada: no era falta de talento, era saturación.
Muchos artículos hablan del peligro de la descarga cognitiva, que deleguemos nuestras facultades pero lo cierto es que, para utilizar bien la IA, lo más importante es pensar bien para qué. Por eso me hace gracia cuando alguien dice que esto es una moda. La IA es, para muchas, lo que fue el WhatsApp: al principio opcional, después inevitable. No porque no podamos vivir sin ello, sino porque la velocidad y la utilidad, hará que no queramos volver a vivir con tanta fricción.
"Mamá aumentada" no es una madre robot. Es una madre estratega que piensa cómo sacar el máximo rendimiento a su tiempo y a su espacio mental, delegando en la máquina tareas y pensando como sacar mayor partido a lo que hacemos, cómo lo hacemos y con qué lo hacemos. Una que ha decidido que el heroísmo cotidiano está sobrevalorado y que lo verdaderamente disruptivo es recuperar margen: llegar a casa sin tener que seguir anotando, dormir sin la lista interminable, tener conversación sin estar revisando pendientes.
En 2026, mi innovación más radical no es hacer más sino utilizar las nuevas herramientas para ser un poco más humana. Y para eso, sí: que la IA trabaje por mí. Feliz año 2026 aumentado.