Hace unos días conocí a Emilio Froján en persona. Seguramente os suena porque es el cofundador de Velca, una reconocida startup española de movilidad eléctrica; pero también se le conoce por su creatividad en los negocios, además de por sus facetas de inversor y de autor de Gratitude: Reflexiones de un emprendedor agradecido. La verdad es que hacía tiempo que le seguía con atención, pero al conocerle en persona y charlar distendidamente me di cuenta de hasta qué punto llega su inquietud y de lo buen embajador de Galicia que es.
Hablamos de muchos temas, pero hubo uno que me ha servido de inspiración para esta columna: los viñedos circulares. Resulta que el mercado global del vino mueve más de 300.000 millones de dólares anualmente y que el enoturismo representa unos 7.000 millones generados por experiencias como catas, visitas guiadas, el alojamiento en las mismas bodegas y la gastronomía.
Es probable que todos hayamos visto iniciativas de enoturismo en España porque existen desde hace años. Aunque parece que las bodegas de Francia, Italia, Estados Unidos, Australia y Chile lideran esta tendencia de ofrecer experiencias inmersivas combinando cultura, naturaleza y vino. Igual esto explica por qué de los tres millones de personas que recorrieron las Rutas del Vino de España en 2024, casi un 25% eran extranjeras.
Más allá de estos interesantes datos, para mi columna lo que pretendo es analizar las tendencias y las oportunidades que hay. No cabe duda de que el enoturismo diversifica la oferta turística y desestacionaliza el empleo porque la gente no solo visita la zona en época de vendimia. Además de ser una gran oportunidad para dinamizar y desarrollar las economías rurales de las zonas vitivinícolas apalancándose en la sostenibilidad y la tecnología, la famosa digitalización.
Con Emilio hablamos de enoturismo regenerativo, de economía circular y de Casa de Outeiro, en la Ribeira Sacra, un interesante proyecto que une el vino de una bodega tokenizada, con la tecnología y la comunidad. A partir de ese punto he buscado otros proyectos en España y en el resto del mundo, y he localizado proyectos destacados como Bodegas Gancedo (El Bierzo) o Viñas del Vero (Somontano). A nivel global he encontrado ejemplos en California y Australia donde emplean cubiertas vegetales, reciclaje de botellas y energía geotérmica para cerrar el ciclo de producción.
Está claro que el sector del vino está adoptando modelos de economía circular que permiten reducir residuos, reutilizar recursos y regenerar el entorno; a la vez que refuerzan los vínculos con los consumidores conscientes y les fideliza más, si cabe. En un mundo con tanta competencia, cerrar los ciclos de producción convirtiendo el viñedo en un ecosistema resiliente y regenerativo es una forma de evolucionar y la tecnología juega un papel importante.
Entre las múltiples tecnologías existentes algunas de las más usadas son los sensores IoT para monitorizar en tiempo real la humedad del suelo, la salud de las plantas y el consumo energético; la robótica agrícola donde se usan tractores eléctricos y drones en la poda, el riego y la cosecha, reduciendo la huella de carbono; el blockchain para garantizar la trazabilidad del vino desde la vid hasta la botella o para tokenizar; y, como no, la inteligencia artificial para optimizar la fermentación, predecir plagas y ajustar el riego teniendo en cuenta los patrones climáticos.
Uno de los ejemplos que más llama la atención es el proyecto europeo SmartWinery, que busca crear bodegas inteligentes capaces de reducir costes, aumentar la producción y mejorar la calidad del vino mediante la automatización y el análisis de datos.
En resumen, la combinación de un mundo tan nuestro como el del vino, con la tecnología, la innovación y la sostenibilidad está dando lugar a bodegas circulares que debemos tener en el radar. Está claro que seguiremos exigiendo buenos vinos, pero además progresivamente le daremos más importancia a otras variables, además del sabor. En un mundo en el que los consumidores somos agentes de cambio, en el que elegimos productos alineados con nuestros valores, cada vez nos fijaremos más en el impacto medioambiental, social y económico de este preciado elixir.