Desde hace un tiempo tengo la sensación de que todo lo relacionado con ESG ya no vende. Creo que es una sensación infundada que nace de la combinación del hartazgo ocasionado por cualquier tema con el que nos machaquen frecuentemente, el ruidoso negacionismo existente en algunos entornos y el hecho de que el cambio se está normalizando en nuestra sociedad. 

Está claro que las siglas se han quemado porque el abuso quita el uso, pero también está claro que si prestamos atención vemos que hay muchas cosas que están cambiando, aunque demasiado lentamente para parte de la población del planeta. Dejadme que comparta algunos cambios que se están viendo últimamente. 

Empezaré por el más sonoro de todos, hace unos días que el Sr Donald Trump ganó de manera holgada las elecciones de Estados Unidos. En el que será su último mandato seguro que se siente más envalentonado para avanzar con sus promesas electorales y por ello las personas más preocupadas por la sostenibilidad están alarmadas.

No digo que no haya que estar preocupados, pero recuerdo que no hace tanto tiempo Trump estaba volcado en los combustibles fósiles y que cuando hablaba de vehículos eléctricos saltaban chispas. Aunque, de repente, sintió un flechazo con Elon Musk (bueno, igual fueron más de 100 millones) y empezó a actualizar sus opiniones. De hecho en sus últimos comunicados habla de la importancia de todas las energías.

No cabe duda de que suenan trumpetas de cambio y de que hemos vivido un nuevo cielomoto fruto del choque de corrientes, aunque en este caso no se ha quedado en el cielo y nos va a impactar a todos queramos o no.

Para mí la duda es si realmente suenan las trompetas del apocalipsis como dicen algunos agoreros o si al final los cambios incluso tendrán algunos efectos positivos, sólo el tiempo lo dirá. En el futuro veremos en qué se traduce realmente el tan cacareado "drill, baby, drill" y cuáles son sus consecuencias.

Leyendo en distintos medios veo que hay tres puntos de la política climática de EEUU que concentran buena parte de la atención: los informes y la regulación climática, los compromisos climáticos internacionales y la transición a la energía renovable. En las próximas semanas y meses iremos viendo qué tiene Trump en mente sobre estos temas.

En este punto aprovecho para hacer una aclaración basada en datos: es posible que pensemos que al otro lado del charco las cosas cambiaron mucho con el gobierno de Biden, pero los datos nos recuerdan que EEUU es el mayor productor mundial de petróleo y gas natural; a pesar de que la producción de energías renovables haya aumentado muchísimo. 

Por el momento vemos que el que será el Presidente 47 va a poner a Doug Burgum (gobernador de Dakota del Norte) a liderar el Departamento de Interior, lo que significa que le va a poner en el centro de las iniciativas energéticas, que coordinará el impulso para acelerar la producción de energía a nivel nacional.

Todo esto lo hará con un nuevo enfoque, desde el nuevo Consejo Nacional de Energía que nace con el objetivo de obtener el dominio energético de EEUU. Si volvemos al Viejo Continente no nos costará nada recordar los efectos de las dependencias energéticas excesivas de terceros países, sólo hace falta pensar en algunas de las consecuencias de la invasión de Ucrania.

Leo con esperanza que el Consejo estará focalizado en todas las energías que se generen en EEUU y, tal como dijo Trump en el comunicado sobre este tema, "tendrá como prioridad satisfacer todas nuestras necesidades sin la devastación de los apagones y las caídas de tensión, y de GANAR la batalla por la superioridad de la IA, que es clave para la seguridad nacional y la prosperidad de nuestra nación".

Al principio de esta columna he dicho que iba a comentar varios cambios, así que sigo con otros dos que me han parecido interesantes. Por un lado, también hace unos días que Iberia estrenó el nuevo Airbus A321XLR para operar rutas transoceánicas, un avión más pequeño, – de un solo pasillo – que es de los más eficientes del mercado y que implica un ahorro de combustible del más del 40% en comparación con los modelos más grandes.

Y, por el otro lado, la transformación de Cepsa en Moeve, es más que llamativo ver cómo una petrolera adapta a los nuevos tiempos y se transforma en una empresa que – tal como indica su web–  quiere liderar la producción de energías basadas en moléculas verdes, la producción de productos químicos sostenibles, así como la movilidad eléctrica ultrarrápida.