Roberto Alonso, director de Cloud, Software y NetCom en V-Valley.
Roberto Alonso (V-Valley): "Hemos pasado de probar la IA a exigirle retorno para el negocio"
El directivo en V-Valley considera que la ley europea de IA da el mismo peso a la gobernanza del dato, la seguridad y la estrategia que a la innovación.
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La inteligencia artificial ya no es un experimento. Tras dos años en los que no se ha parado de hablar de la IA generativa, las empresas han empezado a preguntarse cómo convertir esas pruebas iniciales en valor para el negocio. Y siempre teniendo en mente que su aplicación no debe comprometer su seguridad, sus datos y, sobre todo, ateniéndose al cumplimiento de la norma.
Un planteamiento que coincide con la entrada en vigor de un nuevo paquete de obligaciones del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial dentro de unas semanas, el próximo 2 de agosto. Momento en el que muchas organizaciones deberán enfrentarse a un entorno más exigente, demostrar el retorno de las inversiones y diseñar una estrategia específica para la integración de la IA en su organización.
Para Roberto Alonso, director de Cloud, Software y NetCom en V-Valley, ambas transformaciones avanzan en paralelo. Mientras la tecnología madura, también lo hace la forma de gestionarla.
"Muchas veces parece que la regulación juega en contra de la velocidad de adopción, pero lo cierto es que es necesaria y positiva", asegura en entrevista con DISRUPTORES-EL ESPAÑOL.
Ese cambio de mentalidad obliga a las empresas a replantearse algunas cuestiones. Ya no basta con incorporar nuevos asistentes conversacionales o automatizar procesos; "para sacar el mayor provecho a la IA tienes que tener los datos bien estructurados y seguros, y contar con capacidad de gobernarlos", resume.
La IA ya no es una prueba
Durante los primeros meses de la popularización de la IA generativa, el objetivo de muchas empresas era descubrir hasta dónde podían llegar esas herramientas capaces de redactar documentos, resumir informes o asistir en tareas cotidianas. Todo a base de pruebas de ensayo-error. Pasada esa fase, la pregunta que necesitan responder ahora es qué aporta realmente al negocio.
"Hemos pasado del momento de probar o jugar con la IA al momento en que tiene que mostrar el retorno de la inversión", afirma Alonso. España, recuerda, figura entre los países europeos con mayores niveles de adopción de estas tecnologías. Y ahora ha de convertir los pilotos en proyectos reales, en los que conceptos como trazabilidad, supervisión humana, calidad del dato o gestión del riesgo condicionan el éxito de cualquier iniciativa.
"Cuanto antes incorporen las empresas las obligaciones del AI Act, menor será el coste de corregir errores"
"Estos procesos tienen que estar dirigidos por la empresa, buscando socios de confianza. No puedes poner en riesgo a los datos ni a las personas". Más que una cuestión tecnológica, el directivo entiende la implantación de la IA como "un proyecto de transformación empresarial que obliga a revisar procesos, responsabilidades y modelos de gobierno".
La regulación, añade, no debe interpretarse únicamente como una obligación legal. También puede convertirse en un marco que ayude a implantar mejores prácticas desde el inicio de cada iniciativa dentro de la organización. En opinión del directivo, cuanto antes se incorporen sus obligaciones, menor será el coste de corregir errores cuando la inteligencia artificial empiece a formar parte de procesos críticos.
En manos de los empleados
Hasta ahora, muchas empresas habían centrado el debate en qué herramientas incorporar, pero en este punto de inflexión también necesitan saber cuáles utilizan sus propios empleados.
Alonso compara esta situación con el fenómeno del Bring Your Own Device (BYOD), cuando los trabajadores empezaron a utilizar dispositivos personales en el entorno laboral. La diferencia es que ahora el riesgo no está en el dispositivo, sino en la tecnología.
"Tienen que tener claro qué se está haciendo con la IA dentro de su casa"
"Hay una tendencia llamada BYOT (Bring Your Own Technology), donde los empleados están usando sus propias soluciones de IA, con los riesgos de seguridad y ahora también de incumplimiento de la ley", explica.
Por eso considera imprescindible que las compañías recuperen el control. "Las empresas tienen que tener claro qué se está haciendo con la IA dentro de su casa". La formación de los empleados y unas reglas claras de uso pasan a ser tan importantes como la propia tecnología.
El valor del integrador
En este escenario, el papel de los distribuidores e integradores también está cambiando: "La IA nos está obligando a conocer mucho mejor los procesos de nuestros clientes. Cada vez se ve más al consultor de negocio frente al consultor tecnológico", afirma.
Alonso cree que esa necesidad será especialmente visible en las pymes, donde el acceso a la IA ya no depende del tamaño de la compañía, pero los riesgos tampoco. "La revolución de la IA la tienen que gestionar todas las organizaciones, para lo que una implementación ordenada y segura es crítica".
"Una implementación ordenada y segura es crítica"
Por eso insiste en que elegir un partner deja de ser una decisión tecnológica para convertirse en una decisión estratégica. "No solo el cumplimiento normativo es importante; también el control de los costes, las políticas de seguridad, la adopción y la capacitación de los empleados".
La conclusión, resume, es que la IA no debe abordarse como un proyecto puntual. "Hay que entenderlo como un viaje, un acompañamiento más allá de un solo proyecto".
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