El escenario principal del Mobile World Congress 2026, en su primera jornada.

El escenario principal del Mobile World Congress 2026, en su primera jornada. A.I.

Tecnológicas MWC2026

El MWC 2026 busca su sitio entre la IA y la geopolítica en un arranque descafeinado

La edición arranca marcada por la ausencia de grandes anuncios y por un giro definitivo hacia regulación, infraestructuras y el negocio industrial de la conectividad.

Más información: El Mobile World Congress se rinde a la inteligencia artificial en el 20 aniversario de su llegada a Barcelona

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Las claves

El MWC 2026 arranca con menor afluencia y un ambiente más frío, marcado por la caída de asistentes y la ausencia de grandes novedades.

La inteligencia artificial domina el congreso, presentada como un imperativo en la industria y no como una revolución, centrando el debate en su integración real.

La geopolítica y la fragmentación tecnológica influyen en el tono del evento, con discusiones sobre soberanía tecnológica y la evolución de la conectividad global.

Las grandes empresas, como Telefónica y Samsung, orientan sus propuestas hacia la automatización total y la integración de IA en operaciones industriales y corporativas.

El ambiente está descafeinado: ese ha sido el comentario generalizado en cualquier conversación durante la primera jornada del Mobile World Congress 2026. En otras ediciones, la llegada al recinto obligaba a calcular márgenes de seguridad para no quedarse atrapado en la cola para el taxi o el control de entrada. Incluso conseguir un café se convertía en una odisea de dimensiones épicas, pero no así este curso. Al ser una sensación compartida por ponentes, expositores, prensa y clientes, es obvio que algo está cambiando en esta cita obligada en el calendario.

La inteligencia artificial domina cada pantalla, cada lema, incluso por encima de los clásicos mercados de las telecomunicaciones o la tecnología de consumo. Eso ya lo dábamos por descontado, pero aún con ello el regusto que queda es el de una edición extrañamente templada.

Es fácil presuponer que situación en Oriente Medio está contribuyendo a este clima extraño. Según adelantan a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL fuentes bien informadas, se estima en un 10% la caída de asistentes en la primera jornada respecto al año anterior, cuando las previsiones iniciales eran de superar los 110.000 visitantes. Pero ni con ello bastaría para explicarlo del todo. Ya se contaba con un relativo descalabro incluso antes de la ofensiva iraní, tanto en conversaciones informales como con la propia lista de personalidades que planeaban acercarse a Barcelona.

Es por eso que, añadido a la mayor de las causas geopolíticas, hay algo más profundo: el MWC ya no es el mismo tractor de masas que antaño. Y eso se puede dar por madurez del sector o por desidia del mismo.

El primer día, de hecho, se salda sin ningún gran nombre sobre la moqueta. Tanto es así que el gran hito de la jornada llegó desde Moncloa, con el anuncio de Amazon de 18.000 millones de euros adicionales en inversión en Aragón. Eso sí, tanto Óscar López como el directivo de la multinacional tuvieron a bien acercarse a Barcelona para representar, ante un auditorio medio lleno, la pertinente puesta de largo.

De lo poco reseñable ha sido el posicionamiento geopolítico de la conectividad global y la inteligencia artificial. Así lo pusieron de manifiesto desde la propia GSMA, la Unión Internacional de Telecomunicaciones y la OCDE, hablando de fragmentación geopolítica, de estándares, de interoperabilidad, de la tan manida, ansiada e improbable soberanía tecnológica. Si esperan alguna conclusión palpable o una hoja de ruta para poner orden en este mundo loco, éste no ha sido el lugar.

Pocas novedades podemos encontrar entre las empresas que solían protagonizar el MWC 2026. Las grandes telecos siguen ocupando espacios monumentales, pero su narrativa ha mutado, también fruto de su commoditización natural.

En ese sentido, Telefónica ha enseñado redes tácticas desplegables para hospitales de campaña, coordinación de drones en emergencias y segmentación dedicada de red para operaciones críticas. Tanto la firma española como sus contendientes internacionales centran su participación en el refuerzo al negocio del 5G, hoy por hoy incapaz de materializar las promesas que un día ofreció esta generación de redes móviles.

Sus proveedores les siguen el juego, como es menester. Huawei ha profundizado en su estrategia de 5G realmente funcional, con el foco en eficiencia energética y capacidad por bit transmitido. O, pensando mal, se trata de repensar y reposicionar el 5G para las necesidades industriales y de internet de las cosas que un día se prometió cubrir.

En la misma línea, Orange, AT&T, China Mobile o Bharti Airtel articulan un relato idéntico, orientado a la automatización total de red, operación autónoma y capacidad de ejecutar procesos empresariales sobre la propia conectividad. La red quiere ser el eje central del nuevo entorno corporativo, y no la commodity a la que parece encaminada a ser.

Inteligencia artificial como mantra

Por si el día a día no fuera ya una sucesión de mantras vacíos y repetitivos sobre el presente y el futuro de la inteligencia artificial, el MWC 2026 ha caído en la misma dinámica. Y, por no sorprender en demasía, el punto de partida se mantiene en el desafío de escalar la IA en las organizaciones, en cómo introducir agentes autónomos en empresas con procesos que distan mucho de ser automatizables tal cual.

Entrada del MWC 2026, en su primera jornada.

Entrada del MWC 2026, en su primera jornada. A.I.

Quizás es por ello que la sensación no es de un momento eureka sino de normalización de una tendencia en auge que parece perdurar en ese estadio mucho más tiempo del habitual. Nadie intenta presentar la IA como revolución; todos la presentan como imperativo inevitable. Se habla de operar redes con IA, de automatizar decisiones en tiempo real, de infraestructuras que reaccionan sin intervención humana.

Y de todas sus extensiones al entorno TI más cercano a nosotros, aunque con escasos y muy puntuales casos de éxito que sirvan de muestra. Incluso grandes enseñas del consumo, como Samsung, ha virado su discurso hacia estas lides, anunciando que transformará todas sus operaciones globales en fábricas impulsadas por IA antes de 2030, integrando agentes de IA en toda la cadena de valor, desde la logística hasta la inspección final.

Empero, hay algunas excepciones que confirman la regla, especialmente en determinados sectores. Defensa y emergencias, sanidad crítica, logística remota, movilidad autónoma. Sectores físicos, operativos, alejados del consumo. Así pues, el mítico congreso abandona definitivamente cualquier aspiración de espectáculo tecnológico para instalarse en la economía productiva.

¿Será esta la razón de que el MWC 2026 haya perdido parte del nervio que le caracterizaba? Puede ser, a juicio de este humilde escribano resulta difícil sentar cátedra al respecto en unas líneas recién escritas. Pero es evidente, según se comenta en los mentideros de la feria, que a cambio se producen más reuniones a puerta cerrada, más conversaciones técnicas, más directivos en traje que ingenieros con camiseta.

La feria del móvil, que hace años dejó de ser de móviles, hoy parece haber dejado también de ser una feria tecnológica en sentido clásico. Si me lo permiten, se parece más a una cumbre industrial donde distintas industrias negocian quién controlará la infraestructura digital que coordinará la economía física.