Eduards Lapiņš a la izda y Toms Rožkalns con su submarino en el puerto de Riga.

Eduards Lapiņš a la izda y Toms Rožkalns con su submarino en el puerto de Riga.

Tecnológicas

'Amarillo el dron submarino es’, capaz de descender hasta 300 metros y permanecer bajo el agua de seis a 24 horas

La plataforma desarrollada por la letona Submerge puede monitorizar instalaciones portuarias, o aplicarse en misiones kamikazes.

Más información: El puerto de Riga experimenta en el mar Báltico con una red de comunicaciones 5G con un alcance de hasta 53 kilómetros

Riga (Letonia)
Publicada

“Amarillo el submarino es, amarillo es, amarillo es…” canturreábamos en español el estribillo de los Beatles, “We all live in a yellow submarine, yellow submarine, yellow submarine…”. Y resulta inevitable evocarlo porque amarillo es el dron submarino que ensaya la startup letona Submerge en el puerto de Riga. Aunque su tamaño, apenas poco más de un metro de eslora, no da para que alguien pueda vivir en su interior.

La guerra en Ucrania ha elevado a los drones como el tipo de máquina bélica imprescindible del momento. Cualquier clase de dron despierta ahora enorme interés por sus prestaciones y por su posible doble uso.

Y desde hace un par de años, el puerto de Riga se ha convertido en un amplio laboratorio de pruebas a campo abierto sobre el agua de esas máquinas no tripuladas, con la presencia constante de la compañía de telefonía móvil LMT (que hace pocas semanas se ha redefinido formalmente como “empresa de innovación y tecnología de amplio espectro”) utilizando tecnología 5G para conectar con ellas.

Una de las grandes novedades mostradas en una reciente visita de DISRUPTORES - EL ESPAÑOL a ese puerto es, precisamente, el sumergible amarillo Submerge Pike Unmaned (SPU) que, contrariamente al resto de las naves sin tripulantes (acuáticas o voladoras) en pruebas, utiliza como cordón umbilical un cable por el que recibe sus instrucciones y comunica su situación.

No obstante, para enviar los datos que captan sus sensores, el SPU sí utiliza la red 5G privada instalada en el puerto de Riga. Si bien, como nos explica el responsable de desarrollo de autonomía de Submerge, Eduards Lapiņš, para ello la nave tiene que salir a la superficie.

El dron submarino de Submerge.

El dron submarino de Submerge.

“Somos una compañía que crea drones submarinos y estamos desarrollando principalmente una plataforma que pueda añadir cualquier sistema que puedas desear para observación bajo el agua”, dice Lapiņš.

“Nuestra plataforma es el propio dron, con un diseño muy simple y tan funcional como sea posible: un cilindro con aletas redondeadas para mantener la estabilidad incluso sin los propulsores, los sensores medidores de inercia y los demás mecanismos que procesan la rotación”, añade.

Mientras, su colega, el cofundador de la compañía Toms Rožkalns (con cara de chaval), se esfuerza en el agua por poner en funcionamiento el dispositivo que quieren presentar y, de entrada, presenta algún inconveniente. El típico 'efecto demo'.

“La máquina funciona con baterías y puede permanecer entre seis y 24 horas bajo el agua”, prosigue Lapiņš durante la espera. “Tenemos dos modos de operación: una es controlada remotamente, que es la que estamos mostrando aquí; y otra que opera autónomamente. Bueno, la versión controlada también puede trabajar de manera autónoma”.

Dron kamikaze

Los diseños que ofrece la compañía están pensados tanto para sistemas de vigilancia, supervisión y control de infraestructuras (por ejemplo, un puerto), como para misiones de índole militar, ateniéndose a las nuevas necesidades de tecnologías de doble uso.

Según indica Submerge en su documentación online, utilizan aprendizaje automático “para la calibración de datos de sensores de navegación, reducir cinco veces el precio de los drones y hacerlos más accesibles”. Incluso, añade, pueden utilizarse “para operaciones a gran escala y misiones kamikaze”.

“La plataforma básica lleva una cámara [en la proa], pero puede añadir una plétora de tipos de sensores”, subraya Lapiņš, para reconocer a continuación que el suyo “no es el dron más barato que hay por ahí en esta categoría, desde luego que no”. Aunque afirma que es el que ofrece “el mejor precio en relación con su rendimiento, porque puede utilizar sensores del más alto grado de calidad, como los de Norbit”, reconocida empresa especializada en diversos sistemas sonar.

En ese punto llega su colega Rožkalns, una vez puesto en funcionamiento el ingenio en las aguas, para mostrar en una pantalla los datos que el submarino está empezando a enviar. “Como está bajo el agua apenas se ve nada”, comenta Lapiņš, respecto a la cámara.

Pero al mismo tiempo muestra datos de cómo se está moviendo el vehículo y su orientación en 3D. “La profundidad es aquí de aproximadamente 14 metros y se puede ver el mapa… mientras mi colega está calibrando la posición del dron”. “Ya está completamente operativo en remoto”, precisa Rožkalns.

El dron está conectado por el cable, principalmente por motivos de seguridad y para que podamos obtener fácilmente los datos mientras está abajo, sin que tenga que estar constantemente saliendo [a la superficie] para enviárnoslos”, confirma Lapiņš en tanto que su compañero maneja los controles del SPU desde el ordenador para trazar pequeños círculos bajo el agua, limitados a la distancia que le permite la longitud del cable conectado.

Casco de aluminio

“Y un par de detalles interesantes que hemos detectado gracias a nuestros algoritmos”, incide Lapiņš, “hay un peligroso barco naufragado en la presa [se refiere a una lengua de mar que se adentra hacia la ciudad], que se hundió cuando estaba completamente volcado. Podemos ver el modelo en 3D. Es más difícil apreciarlo con la visualización en 2D sobre el mapa. Y también hay una vieja motora hundida cerca de donde la gente rica amarra las suyas”.

En Riga, el ancho río Daugaba permite que sea navegable durante un buen trecho hasta desembocar en el Báltico, de modo que hay espacio para una terminal de cruceros en una ribera y una zona para barcos recreativos en la otra.

El casco del pequeño navío SPU es de aluminio. “Hasta donde lo hemos probado, puede descender a 300 metros de profundidad”, asegura Lapiņš, que reconoce que cuando está operando bajo el agua no puede manejar el gran flujo de datos que se espera de él.

Por esta razón, dice, han desarrollado un algoritmo de inteligencia artificial para que gestione por sí mismo sistemas DVL y USBL. Se trata de dos tipos de sensores acústicos para posicionamiento submarino: el DVL mide velocidad respecto al fondo mediante efecto Doppler, y el USBL calcula la posición usando señales acústicas entre un emisor y un receptor, facilitando su navegación sin necesidad de control remoto.

“Podemos dejarlo operando sumergido durante 20 minutos [en la zona portuaria], entonces emerge y nos envía todos los datos para recalibrarlo”, concluye.