Dataland, el primer museo de inteligencia artificial del mundo.

Dataland, el primer museo de inteligencia artificial del mundo.

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Dentro de Dataland, el primer museo del mundo donde cada visita es una obra de arte única creada con inteligencia artificial

DISRUPTORES-EL ESPAÑOL asiste a la preapertura de este espacio que combina arte, IA y tecnología sensorial.

Más información: Algoritmos que dan voz a personajes de libros y figuras históricas en museos para una experiencia inmersiva total

Los Ángeles (EEUU)
Publicada
Las claves

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Dataland es el primer museo del mundo dedicado al arte creado con inteligencia artificial, donde cada visita es única e irrepetible gracias a la interacción de las obras con los visitantes.

El museo, impulsado por el artista Refik Anadol, utiliza biosensores, dispositivos de aromas personalizados y tecnología avanzada para que las obras reaccionen a las emociones y acciones del público.

La exposición inaugural, 'Machine Dreams: Rainforest', utiliza el modelo de IA Large Nature Model para explorar ecosistemas de selvas tropicales a través de experiencias multisensoriales.

Dataland cuenta con cinco galerías que combinan arte, tecnología y sensaciones inmersivas, culminando en la creación de una obra personalizada para cada visitante basada en los datos recogidos durante la visita.

La inteligencia artificial ya no solo crea imágenes, escribe textos o compone música. También ha encontrado un lugar en los museos. Lo hace de la mano de Dataland, el primer museo del mundo dedicado al arte creado con inteligencia artificial, donde cada recorrido es diferente porque las obras interactúan con el visitante y reaccionan a sus emociones.

Al inicio del recorrido, cada persona recibe una pulsera inteligente y un dispositivo que libera aromas personalizados. Ambos registran su interacción con la exposición para que ninguna visita vuelva a repetirse exactamente igual. Esa es la propuesta de Refik Anadol, el artista turco que ha impulsado este espacio ubicado en The Grand LA, el complejo diseñado por Frank Gehry en el Distrito Cultural de Grand Avenue, en el Downtown de Los Ángeles.

El museo despliega su propuesta en más de 2.300 metros cuadrados distribuidos en cinco galerías. Su apuesta es arriesgada, ya que la experiencia se basa en la interconexión entre los sentidos humanos y los de la inteligencia artificial.

En Dataland, la tecnología converge con la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. El objetivo es adentrarnos en el sueño que la máquina comparte con los visitantes, una vivencia en la que cada recorrido es irrepetible. Y así pudimos comprobarlo durante la visita de DISRUPTORES-EL ESPAÑOL. Su exposición inaugural, Machine Dreams: Rainforest, explora los ecosistemas de las selvas tropicales a partir de datos sobre su flora, fauna y hongos, procesados por el propio modelo de IA del museo, bautizado como Large Nature Model.

La apertura de Dataland coincide, además, con un momento especialmente relevante para Los Ángeles. La ciudad, que ya alberga instituciones como el LACMA y el Broad Museum y que este año inaugurará el Lucas Museum of Narrative Art, impulsado por George Lucas y Mellody Hobson, refuerza así su posición como uno de los grandes referentes culturales de Estados Unidos.

El origen

Los cofundadores de Dataland son Refik Anadol y Efsun Erkiliç, artistas centrados en el arte digital y nuevos medios. Su trabajo se aleja del arte convencional para experimentar con la inteligencia artificial, las nuevas tecnologías y su interacción con la mente humana.

La primera exhibición del museo está inspirada en las selvas tropicales. “Se trata de una idea que desarrollamos durante la pandemia, cuando tuvimos la oportunidad de convivir con la tribu indígena Yawanawá, ubicada en el Amazonas brasileño”, explica Erkiliç.

Los fundadores ven la selva como un sistema neuronal conectado por millones de redes, muy similar al funcionamiento de nuestros propios cuerpos. El resultado puede verse plasmado en la primera exhibición de los artistas: Machine Dreams: Rainforest.

Llegar hasta aquí no fue sencillo, ya que su visión tecnológica era sumamente ambiciosa. Su misión consistía en crear un entorno altamente tecnológico sin arruinar la experiencia del visitante, permitiéndole vivir todos sus efectos sin ser consciente de lo que se esconde entre bastidores. Y el museo lo consigue a la perfección: la infraestructura permanece oculta.

Dar con la localización ideal para albergar 1.500 millones de píxeles tampoco fue fácil. “Requeríamos una infraestructura que nos permitiera hacer con el espacio lo que quisiéramos, sin tener que hacer sacrificios, y que dispusiera de la energía suficiente para todos los sistemas que usamos en el museo”, confiesa Anadol antes de sumergirnos en el recorrido.

“Además, necesitábamos que las instalaciones fueran modernas y adaptables al futuro”, añade. De esta manera, los creadores se aseguran de evitar nuevos desafíos al desarrollar futuras exhibiciones.

Una experiencia que sueña y recuerda

La exhibición está repleta de sorpresas desde el primer momento. Los artistas nos recuerdan que ahora formamos parte del “sueño” de este modelo de inteligencia artificial, bautizado como Large Nature Model.

Como visitantes que participamos en el recorrido, debemos recordar que lo que estamos a punto de vivir será irrepetible. Incluso si regresamos en otra ocasión, el recorrido volverá a ser completamente distinto.

Los gadgets que hacen la experiencia única para cada visitante.

Los gadgets que hacen la experiencia única para cada visitante.

Aunque los dispositivos ya forman parte de la experiencia desde el inicio, es ahora cuando revelan todo su potencial. La pulsera recopila datos sobre nuestras emociones y sobre el recorrido que realizamos por las instalaciones. Puede medir nuestro ritmo cardíaco y mostrarnos, al final de la visita, en qué momento nuestros corazones se aceleraron al recorrer alguno de los cinco módulos de la exhibición.

El dispositivo que nos colocamos alrededor del cuello nos transporta a una vivencia totalmente inmersiva, ya que emite una serie de aromas que varían para cada visitante. Este es uno de los elementos más sorprendentes de la hora y media que pasamos en las instalaciones. Se trata de una tecnología desarrollada en colaboración con la marca L’Oréal Luxe.

“Al ir a los museos y contemplar obras de arte, solemos experimentar una serie de emociones, pero esa relación siempre ha fluido en una sola dirección”, afirma Anadol. “Cuando trabajamos en la creación de Dataland, nos preguntamos si sería posible que las obras de arte también nos sintieran a nosotros”.

Efectivamente, nuestros sentidos comienzan a entrelazarse rápidamente con las sorpresas que nos esperan en el interior.

Cinco galerías, cinco experiencias diferentes

Una vez equipados con nuestros dispositivos, nos adentramos por unas escaleras mecánicas en el segundo módulo: El Bosque Latente. En ese momento, la sala del Data Pavilion cobra vida. Los biosensores que llevamos puestos comienzan a captar el movimiento, la proximidad y el latido del corazón que, en mi caso, se acelera hasta alcanzar las 116 pulsaciones por minuto.

En cuestión de segundos, nos vemos rodeados por una inmersión de 360 grados, visual y sonora, generada por el Large Nature Model a partir de más de 1.200 millones de datos ecológicos y proyectada por 84 proyectores sincronizados que mueven más de 700 millones de píxeles.

Justo en este momento se suma la experiencia olfativa con una secuencia aleatoria de ocho composiciones de aromas moleculares que se liberan en este módulo, cuya duración ronda la media hora.

Ante nuestros ojos desfilan imágenes del interior de “la máquina”, combinadas con la selva tropical y con un archivo de millones de fotografías de la flora y la fauna de las selvas del mundo.

El módulo B donde el visitante puede interactuar con pantallas transparentes táctiles y el mundo de datos a su alrededor.

El módulo B donde el visitante puede interactuar con pantallas transparentes táctiles y el mundo de datos a su alrededor.

Los siguientes módulos tampoco nos dejan indiferentes. El tercero, la Galería Latente, nos invita a utilizar tablets con pantallas transparentes y futuristas desarrolladas por LG. Estas responden a nuestro tacto, proyectando dibujos de setas y plantas sobre una de las gigantescas proyecciones de las paredes. Para interactuar con ellas, necesitamos escanear el código QR de la pulsera digital.

No solo el tacto es protagonista de este espacio; también lo es el gusto, gracias a una degustación gastronómica sumamente especial, en la que los artistas nos invitan a saborear elementos de la selva, como la tierra mojada y el aroma de los árboles.

Esto es posible gracias a una alianza con la firma culinaria Valerie Confections. En ese instante, los “datos” que hemos estado observando a través de las pantallas se transforman en una experiencia gastronómica a través de bombones de chocolate que provoca una auténtica explosión de los sentidos.

El cuarto módulo, El Sueño de Ruwe Pinu, es uno de los más inmersivos. En esta sala observamos más de cerca las vivencias de los artistas en el Amazonas. Este Infinity Room es una sala cúbica de espejos en la que un colibrí nos transporta, a través de imágenes hipnóticas, por una selva que, una vez más, se entremezcla con el sueño de la máquina.

La última galería, El Santuario, constituye la sorpresa final para el visitante y, precisamente para no arruinarla, preferimos reservar algunos detalles. Sí podemos adelantar que se trata del gran desenlace, en el que los dispositivos que han estado recopilando nuestra información se encargan de crear una obra de arte única.

Al salir de la exposición, tenemos la opción de solicitar que se eliminen nuestros datos o de recibir un token que escaneamos en una máquina para obtener un resumen estadístico de nuestras sensaciones. Realmente, una experiencia única.

La tecnología detrás de Dataland

El sistema central de Dataland es Connectome, una supercomputadora de alto rendimiento desarrollada con NVIDIA y responsable de que “la máquina pueda soñar”.

El Large Nature Model (LNM), creado para la exhibición, es el primer modelo de IA multimodal del mundo construido exclusivamente con datos de la naturaleza y que próximamente estará disponible para que el público pueda interactuar con él desde casa.

La tecnología se deja sentir en cada módulo de la galería.

La tecnología se deja "sentir" en cada módulo de la galería.

La IA se aloja íntegramente en la infraestructura de Google Cloud, en un centro de datos situado en Oregón que opera con un 87% de energía renovable libre de carbono. “Cada visitante consume aproximadamente la carga de un teléfono móvil”, explica Anadol.

En cuanto a la experiencia sensorial, esta es posible gracias al despliegue de proyectores 4K de Epson que generan más de 700 millones de píxeles en el Data Pavilion, de 1.577 paneles LED personalizados y de 28 pantallas LG que suman 1.500 millones de píxeles en las cinco galerías, además de un ecosistema de 250 altavoces con tecnología L-ISA de L-Acoustics que envuelve al visitante en un paisaje sonoro tridimensional. En el Infinity Room sentimos literalmente cómo el suelo tiembla bajo nuestros pies.

En definitiva, Dataland no es solo una experiencia para los amantes de las nuevas tecnologías. Su primera exhibición consigue sumergirnos de lleno en una nueva forma de arte que merece ser vivida, al menos, una vez en la vida.