Hospital Germans Trias i Pujol, Can Ruti. EUROPA PRESS

Hospital Germans Trias i Pujol, Can Ruti. EUROPA PRESS

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Un asistente inteligente para que los médicos vuelvan a mirar a los ojos al paciente

El servicio de Nefrología del Hospital Germans Trias i Pujol pilota el primer asistente clínico de IA en una consulta hospitalaria pública especializada de Catalunya, para reducir la carga burocrática de los médicos.

Más información: Este asistente médico ‘made in Spain’ predice tu evolución con IA

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Las claves

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El Hospital Germans Trias i Pujol de Cataluña ha implementado un asistente de inteligencia artificial que transcribe e interpreta en tiempo real las consultas de nefrología.

La herramienta, desarrollada por la startup Tandem Health, permite al médico centrarse más en el paciente y menos en tareas administrativas.

El asistente genera borradores estructurados de informes clínicos sin almacenar audios ni usar datos de pacientes para entrenar el algoritmo.

Aunque aún no reduce significativamente el tiempo de consulta, los médicos perciben una mejora en la calidad y comodidad del trabajo, con reducción del estrés administrativo.

Una inteligencia artificial transcribe e interpreta, en tiempo real, las consultas de un servicio de nefrología catalán. Es el primer hospital público en hacerlo en Cataluña, aunque ya sea algo relativamente frecuente en atención primaria y centros privados. Detrás de este proyecto, dos médicos gallegos que quieren acabar con la burocracia inherente a cada una de estas visitas. Y devolver, de paso, al profesional sanitario al lugar del que nunca debió salir: la atención al paciente.

"Yo mismo noto que miras mucho más al paciente", dice Javier Juega, médico adjunto de Nefrología del Hospital Germans Trias i Pujol -el Can Ruti, en Badalona- y uno de los responsables del primer piloto de un asistente clínico de inteligencia artificial en una consulta hospitalaria pública especializada de esta región. "Eso que ya lo hemos dado por perdido, pero es fundamental. Yo aún sigo viendo fotos en foros de Estados Unidos donde el médico está de espaldas al paciente, literalmente de espaldas, metiéndose en el sistema, tecleando."

No es algo anecdótico. Lo que Juega describe es el retrato de una medicina que lleva décadas perdiendo el contacto humano entre quien sufre y quien cura. Una profesión que en los últimos treinta años se ha vuelto más técnica, más especializada, más capaz de salvar vidas, pero también -paradójicamente- más esclava de pantallas, formularios y códigos diagnósticos.

La saturación del sistema sanitario tampoco ayuda a que las consultas mantengan ese carácter humanista. El propio servicio de Nefrología del Germans Trias i Pujol atendió el año pasado alrededor de 16.000 consultas. Y cada una de esas consultas deriva en informes, derivaciones y otros trámites administrativos. Unos procesos, lejos de la mera atención médica, que requiere que el profesional, mientras escucha al paciente, tome notas; o que, al terminar la consulta, dedique varios minutos -a veces bastantes más- a transcribir y redactar lo que acaba de ocurrir en su consulta.

Multiplicado por 16.000, el resultado es un volumen de trabajo administrativo que altera los tiempos de trabajo, carga con tediosas tareas a los médicos y se convierte en un lastre evidente para la propia moral de estos especialistas.

"Se habla mucho de la sobrecarga de la atención primaria, por supuesto que la tienen", reconoce Juega en entrevista con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL. "Pero nosotros también tenemos este problema al final, y me parecía que podía ser innovador introducir aquí la IA, porque veía que funcionaba en otros contextos más privados, en Estados Unidos, en algunos esquemas en España, pero no en la especialidad hospitalaria pública. Y me pregunté: ¿por qué no?".

Del dicho al hecho. La respuesta a esa pregunta es el proyecto piloto que Tandem Health -una startup sueca con presencia en más de 5.000 organizaciones sanitarias- puso en marcha en marzo de 2026 en Can Ruti: tres meses de prueba en los que un asistente basado en IA escucha, en tiempo real, la conversación entre médico y paciente, la procesa, elimina el audio, y genera automáticamente un borrador estructurado del informe clínico.

El médico lo revisa, lo edita si hace falta, y lo incorpora a la historia clínica del paciente y al sistema central del hospital.

"Creado por clínicos, para clínicos"

Jorge Pérez Hermilla lleva el lema de Tandem grabado en la forma de hablar. Médico formado en España y con un máster en el Karolinska Institutet de Estocolmo (uno de los centros de referencia mundial en ciencias de la salud), pasó por la consultora BCG antes de incorporarse a Tandem como director para España. Cuando explica el producto, lo primero que hace es corregir la denominación más obvia.

"Yo no lo definiría como un transcriptor", dice con cierta determinación. "Lo definiría como un asistente médico basado en inteligencia artificial. Y esto es importante porque no refleja la literalidad de lo que se ha discutido. La conversación entre médico y paciente muchas veces transcurre por componentes del idioma más llanos, más de andar por casa, más asequibles para el paciente. En cambio, el principal receptor de los informes clínicos en España son otros profesionales sanitarios. Y ahí es donde entra el valor".

Jorge Pérez Hermilla, director general para España de Tandem.

Jorge Pérez Hermilla, director general para España de Tandem.

Lo que hace Tandem, hablando en plata, es lo que haría un médico experimentado sentado al lado del especialista: escuchar, filtrar lo relevante, estructurar según los estándares clínicos de cada especialidad, y redactar en el registro apropiado. Sugiere los códigos diagnósticos CIE-10 de la conversación, para que el médico los seleccione con un clic. Genera borradores de interconsultas, partes de baja, notas de seguimiento.Y todo con el bálsamo de confianza del marcado CE y de que la empresa que gestiona todo este proceso es europea.

Y lo hace, enfatiza Pérez Hermilla, sin guardar ningún archivo de audio y sin utilizar los datos del paciente para perfeccionar el algoritmo.

"No se entrena el algoritmo con información del paciente. Todo el entrenamiento se hace previamente, por nuestros profesionales sanitarios, o por nuestros profesionales canalizando el feedback que nos dan los usuarios", explica el ahora directivo. "Y ni siquiera con datos anonimizados del paciente. La conexión entre el informe de consulta y la identidad del paciente solo ocurre cuando el médico vuelca el informe al sistema de historia clínica. Pero eso ya está fuera de nuestro entorno".

La simulación del caos

Antes de que arrancara el piloto, Jorge Pérez viajó a Badalona. En la sala de juntas del servicio de Nefrología, con más de veinte nefrólogos alrededor, él y Juega hicieron una demostración real del funcionamiento de este asistente. Una demo nada aséptica ni controlada.

Javier Juega, médico adjunto de Nefrología del Hospital Germans Trias i Pujol.

Javier Juega, médico adjunto de Nefrología del Hospital Germans Trias i Pujol.

"Lo hicimos a propósito como muy caótico", recuerda Juega. "Una paciente con barrera idiomática que viene con su hija, que se discuten la hija y la paciente, que entra una enfermera y dice 'doctor, la tensión y el peso es de tanto'... todo eso que es un poco la vida real de la consulta. Porque te llaman a la puerta, te interrumpen, el otro no lo entiendes, te repite, vienen familiares..."

El resultado fue que el sistema era capaz de superar estas situaciones, discriminando el ruido del contenido clínico relevante, que soporta las interrupciones, que estructura la información aunque la conversación haya sido un aparente caos. "Y evidentemente, traducido y transcrito a un idioma médico estructurado, estandarizado, adaptado a cada especialidad. O sea, que tienes que adaptar un poco la solución a tu entorno específico -sea primaria, sea nefrología, sea trasplante renal-. Yo creo que tiene mucho valor", detalla el médico.

Sin reducción de tiempos, pero mejora de ánimo

El piloto lleva pocos meses en marcha y los datos formales -cuestionarios pre y post a médicos y pacientes- todavía no se han cruzado. Pero ante la insistencia de este periodista por conocer las impresiones con este asistente de IA, Javier Juega comparte algunas de sus sensaciones subjetivas.

"De momento no he notado un gran ahorro de tiempo, porque creo que aún no estoy muy familiarizado con la herramienta. Pero sí he notado un aligeramiento mental de cómo gestionar ese tiempo. Es como cuando trabajas con el ChatGPT para escribir un mail: a lo mejor no es que te lleve menos tiempo, pero es más cómodo decirle 'ponme el mail un poquito más serio' en vez de mentalmente coger y borrarlo todo con el cursor en el Word. No es que me lleve menos tiempo hacer un póster o una presentación con IA, pero son versiones mucho más amables de ejecutar".

Ese "aligeramiento mental" es precisamente lo que los estudios de burnout en medicina no terminan de capturar bien. Las estadísticas miden horas de trabajo, número de informes, ratio médico-paciente, pero no miden la fatiga cognitiva de quien, mientras escucha los síntomas de un paciente con insuficiencia renal crónica, está mentalmente gestionando la lista de cosas que tendrá que escribir después.

La capacidad de estar presente, de verdad presente, en esa conversación.

"Yo mismo lo noto: miras mucho más al paciente", insiste Juega. "Y a los que le preguntaba, ellos dicen que les gusta el sistema. Quiero pensar que también lo notan. Mi sensación es que estás mucho más en contacto con el paciente, mucho más. Y eso, creo yo, va in crescendo."

Un macroestudio europeo realizado con más de 375.000 informes clínicos (el más grande en volumen realizado en Europa con esta tecnología) arroja un dato que apunta en la misma dirección: un 29% de reducción en el tiempo dedicado a documentación clínica y un 30% menos de estrés asociado a tareas administrativas.

Del piloto a la adopción generalizada

Pero la transformación no es ni va a ser fácil. En el Hospital Germans Trias i Pujol, la historia clínica corre sobre SAP, el sistema implantado por el Institut Català de la Salut, uno de los sistemas sanitarios públicos más grandes de España. Integrar una herramienta externa en esa infraestructura, para que los informes fluyan automáticamente, llevaría "meses o años".

De momento, el piloto funciona en paralelo: el médico tiene Tandem abierto en una ventana, genera el informe, y lo copia y pega manualmente. Como un copiloto, valga el uso de este concepto tan manido en la actualidad.

Imagen de recurso de una consulta de nefrología.

Imagen de recurso de una consulta de nefrología.

Ojalá este inconveniente técnico sea el mayor de los frenos para la adopción generalizada de estos sistemas inteligentes en el ámbito hospitalario. Jorge Pérez introduce el verdadero cuello de botella: la naturaleza del centro.

"En el sector privado tienen más autonomía en la decisión, más celeridad, mejores herramientas para el aprovisionamiento tecnológico. El sector público tiene interés, ha habido proyectos e iniciativas interesantes, como el piloto del Ministerio de Sanidad el año pasado, la atención primaria en Cataluña, una licitación en Madrid que ahora está paralizada... Pero todavía no hay ningún despliegue a gran escala; no hay ningún sistema sanitario que tenga más de 100 o 200 médicos usando esto todos los días".

Javier Juega coincide en este diagnóstico, aunque introduce otro impedimento a la ecuación: "La resistencia al cambio que hay en todo, siempre, incluso en la medicina. Y fíjate que al mismo tiempo somos muy entusiastas con los cambios, porque todos estamos deseando que haya cambios a mejor. Pero estamos en un momento iniciático de la expansión de la IA en nuestro día a día. Es como el que no quería tener WhatsApp o no quería tener móvil. Había aquellos de 'no, yo no tengo WhatsApp, no lo necesito'".

Pero hay una resistencia más profunda, más legítima, la de la caja negra, que no escapa al informe que Juega y Pérez desarrollan para este medio. Es que apela a no saber exactamente qué hay dentro del modelo, quién responde cuando falla, qué ocurre cuando el 0,001% de los casos el sistema comete un error que afecta a un paciente.

"La IA en salud necesita poca blackbox. Necesita ser clara para el profesional, clara para el paciente, clara en quién es la responsabilidad. Si tú tienes un algoritmo para escribir cáncer de mama, aunque funcione el 99,999%, en el uno que no funcione: ¿de quién es la responsabilidad? ¿Del algoritmo? ¿Del político? ¿Del médico? Y en eso todos los reportes coinciden: hay resistencia al cambio por ciertos agentes, necesidad de explicabilidad, necesidad de confiar en el modelo".

¡Qué bien que lo moderno llegue a la sanidad pública!

En cuanto a los pacientes, la experiencia de Javier Juega en este piloto ha sido, en general, positiva. Les pide consentimiento explícito antes de activar el sistema. También les explica que no se guarda el audio, que él supervisa todo, que es confidencial.

"Solo he encontrado un paciente que no ha querido utilizarlo. Un paciente con cierta barrera idiomática y cultural. Le hicimos la visita convencional. Yo creo que los pacientes en general, más bien lo agradecen. Dicen: '¡Qué bien, que las cosas modernas también estén en la sanidad pública!'"