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Los top semanales del Índice de la Digitalización: un robot con un sentido del tacto casi humano para manipular fruta o chips sin dañarlos
El reciclaje de chatarra en la automoción o la administración de insulina sin inyecciones destacan también entre las innovaciones que reúne esta semana el Wake Up BOX.
Más información: Wake Up Box: la nueva herramienta para el 'reskilling' permanente de los líderes empresariales
El tacto es un sentido y también un lenguaje. Una manera de transmitir emociones y de recibir información sobre nuestro entorno cuando entramos en contacto con él. Si presionamos con demasiada fuerza una fruta madura o un microchip diminuto entendemos que pueden llegar a romperse, y trasladar esa sensibilidad humana a la frialdad de la robótica es uno de los grandes desafíos del sector.
Pero en Estados Unidos, y en concreto en la Universidad de Texas en Austin, han empezado a desenmarañar ese reto con una mano robótica dotada de algo cercano al tacto humano. En lugar de los miles de receptores nerviosos que pueblan nuestra piel, los investigadores han añadido canales de aire y pequeños sensores que ayudan a este robot a detectar presión o deslizamientos en tiempo real, un avance que podría facilitar la automatización de tareas sensibles en industrias como la electrónica o la agroalimentaria.
Esta es solo una de las innovaciones que reúne esta semana Wake Up BOX, la herramienta de reskilling que aloja el índice de digitalización Inndux 500 y publica los análisis más completos de decenas informes internacionales, agrupados en el Consenso de Tendencias.
En el top 10 de esta semana, y además de la impresión 3D de motores eléctricos, figuran un material que permite administrar insulina sin inyecciones, una inteligencia artificial que analiza el dolor de los pacientes durante las cirugías o una nueva solución para reutilizar el aluminio en componentes del sector de la automoción.
Un sentido del tacto casi humano
La mano robótica de la Universidad de Texas en Austin presenta, en primer lugar, unos dedos flexibles inspirados en las aletas de los peces que han sido fabricados con impresión 3D. A estas falanges artificiales se les ha equipado con pequeños canales de aire en su interior, por lo que, en cuanto el robot entra en contacto con un objeto, estos conductos se deforman ligeramente y generan cambios de presión que, a su vez, son captados por sensores. De este modo, las señales del entorno se traducen en información que permite ajustar la fuerza del agarre con una precisión inédita y en tiempo real, evitando que los objetos se rompan o deslicen.
El dispositivo ya se ha enfrentado a más de una treintena de materiales de distintas características, desde alimentos frágiles como frambuesas o patatas fritas hasta piezas rígidas. En todos los casos, esta mano robótica logró una tasa de éxito mayor al 91% en un único intento, y ya se trabaja para mejorar su reacción ante cambios de temperatura o su capacidad de sostener objetos resbaladizos. Una solución muy prometedora para sectores como la industria alimentaria, la electrónica o incluso el ámbito sanitario, donde podría mejorar el manejo de muestras o del instrumental médico.
Y en relación a otra industria, como es la automoción, un equipo de investigadores del Laboratorio Nacional Oak Ridge, en Tennessee (EEUU), ha desarrollado una aleación de aluminio que permite reutilizar chatarra procedente de automóviles al final de su vida útil. Este material, que hasta el momento solo podía reusarse en parte debido a la presencia de una gran cantidad de impurezas, se puede ahora fundir y reformular para que cumpla así con los requisitos mecánicos necesarios. Una solución a la que se llega después de realizar simulaciones masivas por ordenador, un factor clave para dar con la composición óptima, y de ejecutar ensayos en condiciones reales de fabricación.
Insulina sin inyecciones
Por su parte, en China, y más concretamente en la Universidad de Zhejiang, se está desarrollando un nuevo sistema para administrar insulina sin necesidad de inyecciones, todo ello gracias a un polímero capaz de atravesar la piel y transportar el fármaco hasta el torrente sanguíneo. Este material, diseñado para adaptarse a las condiciones químicas de la piel, se adhiere primero a la superficie y después penetra en capas más profundas, superando así una de las principales barreras del organismo frente a moléculas de gran tamaño como la insulina.
En los primeros ensayos, llevados a cabo con animales, el tratamiento logró reducir los niveles de glucosa de forma eficaz y sostenida, con resultados comparables a las inyecciones tradicionales, pero sin efectos adversos como caídas bruscas de azúcar o irritación cutánea. Aunque el sistema todavía se encuentra en fase experimental, el avance apunta a aplicaciones mucho más amplias, ya que el mismo sistema podría emplearse para administrar otros fármacos biológicos, lo que facilitaría el tratamiento de enfermedades crónicas mediante parches o cremas.
Y sin salir del ámbito sanitario, científicos del Instituto de Ciencia y Tecnología de Uslan, en Corea del Sur, han creado un parche para realizar electrocardiogramas que elimina la necesidad de usar geles o adhesivos químicos, dos elementos que, sin bien son habituales, pueden irritar la piel de algunos pacientes y perder eficacia con el movimiento. En cambio, este nuevo dispositivo combina canales microscópicos de metal líquido con una estructura de silicona flexible que entra en contacto directo con la piel, lo que permite captar las señales cardíacas con mayor precisión incluso durante actividad física intensa. Además, el parche desarrollado presenta también una durabilidad superior.