Manuel Bosch, director de Transformación Digital de Ribera Salud.

Manuel Bosch, director de Transformación Digital de Ribera Salud.

Gran Empresa CIOS DISRUPTORES

Manuel Bosch, el director de Transformación Digital de Ribera Salud que sueña con un "hospital sin camas"

El ejecutivo dibuja un futuro donde la atención se deslocaliza y la tecnología libera tiempo clínico para lo que importa.

Más información: Ribera Salud ya ve resultados tangibles con la IA: mejora un 50% su productividad y reduce listas de espera

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Las claves

Manuel Bosch, director de Transformación Digital de Ribera Salud, impulsa una visión innovadora en sanidad que apuesta por la hospitalización domiciliaria y un "hospital sin camas", apoyándose en tecnología para monitorizar pacientes desde sus hogares.

Ribera Salud ha desarrollado infraestructura propia, como una historia clínica electrónica y sistemas de datos avanzados, que permiten integrar nuevos hospitales y facilitar el uso de inteligencia artificial en procesos clínicos.

La inteligencia artificial ya se aplica en Ribera Salud para predecir riesgos clínicos, generar informes automáticos y asistir a los médicos, integrándose en el flujo de trabajo sin entorpecer la labor profesional.

Tras un ciberataque durante la pandemia, Ribera Salud ha reforzado su estrategia de ciberseguridad con sistemas de IA y monitorización avanzada para proteger sus hospitales y datos.

Manuel Bosch rompe la ortodoxia de un sector tan crítico como el sanitario desde dentro. Director de Transformación Digital del grupo Ribera Salud.

Periodista de formación, cosa poco habitual entre gerifaltes tecnológicos, Bosch encarna un perfil más estratégico que ejecutor, con varias tesis de su propio cuño y apoyadas en hechos tangibles: plataformas propias, algoritmos clínicos reales y una visión cristalina de hacia dónde camina la sanidad.

“Yo siempre he tenido claro que mi misión era aportar valor diferencial”, recuerda al explicar a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL su salto de las Ciencias de la Comunicación al núcleo duro de la transformación tecnológica. De hecho, su camino con Ribera Salud ha sido de ida y vuelta, con paso intermedio por otras empresas, y una cuestión de fondo que le hizo volver al ruedo: aplicar lo que ya se hacía en otros sectores al ámbito de la salud.

“Fue casi de rebote, pero enseguida entendí que, si queríamos innovar de verdad, no podíamos quedarnos en el marketing o en lo cosmético; había que meterse en sistemas, datos, procesos y resultados”.

Ese espíritu le ha convertido en un perfil híbrido, “traductor” -dice él- entre clínicos, operaciones y tecnología. “No vengo de ser el friki del cable, pero tengo la visión del negocio. Y esa conexión, esa bidireccionalidad, es esencial”.

Un hospital sin camas

Bosch no necesita demasiados preámbulos para lanzar su tesis más provocadora: “Me imagino un hospital sin camas”.

“La hospitalización tradicional para recuperarse de una operación, por ejemplo de cadera, tiene los días contados. Hoy ya tenemos tecnología para monitorizar a un paciente en su casa igual o mejor que en una cama hospitalaria. Y eso cambia todo”, prosigue el ejecutivo.

Según Bosch, esta infraestructura ya permite gestionar pacientes crónicos, casos complejos y recuperación postquirúrgica desde casa, con sistemas automáticos que pueden llamar a más de 8.000 personas de forma simultánea y detectar alertas tempranas sin intervención humana.

La frase, expuesta así, podría parecer un ditirambo de un gurú al uso, pero él lo aterriza enseguida: menos camas y más tecnología clínica significan un mayor peso de los centros comunitarios y de la hospitalización domiciliaria. Eso deja a los hospitales tiempo y espacio para aquello que lo exige: cirugías complejas, UCI, procedimientos de alto valor. “A un hospital se irá para cosas complejas o muy caras. No para hacerse una ecografía”.

Manuel Bosch, director de Transformación Digital de Ribera Salud, durante un evento de EL ESPAÑOL.

Manuel Bosch, director de Transformación Digital de Ribera Salud, durante un evento de EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

No es una declaración contra los entornos hospitalarios (faltaría más desde su posición) ni una estulticia tecnófila. Al contrario: Bosch reivindica el papel humano de los profesionales sanitarios: “La inteligencia artificial no va a sustituir a los médicos, pero sí debe hacerlos mejores y más productivos. No tiene sentido formar a un radiólogo diez años para que dedique su tiempo a imágenes rutinarias. La IA hará el cribado; el médico, lo complejo”.

Infraestructura antes que nada

Para llegar a esa visión, Ribera tuvo que comenzar por lo que suele espolear menos titulares: arquitectura, datos, infraestructura. La parte invisible del cambio.

Hace cinco años, este grupo sanitario creó su propia empresa de software, Futurs, además de desarrollar una historia clínica electrónica propia y acometer la migración a la nube según una estrategia que muchos entonces veían ignota, casi ajada en su audacia. Hoy, esa decisión se muestra expedita: gobernanza común, datos estructurados y no estructurados, imágenes integradas y capacidad de absorber hospitales nuevos con agilidad.

Bosch detalla que ese camino implicó muchas más capas en el proceso (dar vida a un data warehouse primero y un data lake después, pipelines ETL con Azure Data Factory, y la integración de analítica, almacenamiento y orquestación en un único marco.

“Tenemos datos clínicos, no clínicos, notas médicas en texto libre, imágenes radiológicas y patológicas… todo bajo una misma gobernanza”, presume Manuel Bosch.

Además, han creado un catálogo unificado de indicadores, un modelo de seguridad “por capas y por jurisdicción”, y una arquitectura que permite llevarse datos de nuevos hospitales en semanas, no en años, integrando sistemas heterogéneos: desde laboratorio a radiología, pasando por patologías en digitalización avanzada, sin reconstruir todo cada vez.

“Esto es la estructura de la casa. Si no lo tienes, no puedes aspirar a desarrollar IA en condiciones”, resume. “Con sistemas locales, on-premise, sería complicadísimo o directamente imposible”.

Inteligencia artificial con impacto real

Al mentar la palabra de moda, inteligencia artificial, no podemos sino adentrarnos en el uso real de Ribera Salud de esta tecnología. Bosch saca entonces la lista de proyectos en marcha: copilotos asistenciales, generación de informes automáticos, modelos predictivos y sistemas de seguimiento domiciliario a escala.

Los casos de uso ya en producción incluyen la predicción inteligente de úlceras por presión, caídas, riesgo de empeoramiento clínico, reingresos y vigilancia de infecciones quirúrgicas. Y, en la parte asistencial, Alex: el copiloto clínico que genera borradores de alta y apoya la toma de decisiones.

Además, afirma el director de Transformación Digital, estos modelos actualizan el nivel de riesgo tres veces al día en úlceras por presión, cada hora en escenarios de empeoramiento clínico, y al alta en reingresos. Por supuesto, se integran dentro de la historia clínica, sin abrir nuevos procesos ni duplicar datos.

En paralelo, trabajan con modelos propios y de terceros en captura de voz en consultas para estructurar información, recomendaciones personalizadas, y agentes que sugieren actuaciones preventivas.

Manuel Bosch, en un evento de EL ESPAÑOL.

Manuel Bosch, en un evento de EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Si hay una obsesión, es la integración sin fricción con la labor de los profesionales sanitarios: “Si al médico le entorpeces, has fracasado. La IA tiene que aparecer en el flujo de trabajo, no convertirlo en un asunto más del que preocuparse”.

De ahí la existencia de una Oficina de IA, formada por ingenieros, clínicos, personal de operaciones, expertos legales y de compras. Un verdadero enfoque multidisciplinar para evaluar riesgos, privacidad, fiabilidad y ética de la inteligencia artificial en cada despliegue.

Ciberseguridad: la prueba de fuego

En mitad de la conversación, emerge el episodio que marcó un antes y un después para esta empresa sanitaria: el ciberataque a su Hospital de Torrejón en plena irrupción del covid-19. El virus informático y el biológico a la vez, una metáfora cruel de la era digital.

“Aprendí más en esa semana que en 25 años”, admite Bosch. La respuesta fue rápida, pero el aprendizaje fue más profundo: necesitaban inversión continua, segmentación, monitorización y, ahora, sistemas con IA para correlación y reacción automatizada ante cualquier amenaza.

Todo lo que dice en materia de ciberseguridad no lo hace por paranoia, sino por mera supervivencia: “Cada día que no te atacan tienes ventaja competitiva, porque sigues con los hospitales abiertos”.

Innovación abierta, pero con rigor

Manuel Bosch tampoco participa del romanticismo desmedido alrededor de la innovación abierta. Ha colaborado con aceleradoras, startups y universidades, pero su aproximación es quirúrgica.

Fuera hay talento, pero no colaboramos por postureo. Si algo no resuelve un problema real, no nos interesa. Esto no va de incubar conceptos vacíos, sino de mejorar procesos y resultados”. Una reflexión casi lenitiva en un sector plagado de promesas rimbombantes y pilotos eternos.