Sistema de baterías desarrollado por Cegasa Energía junto a Ikerlan, base del proyecto para integrar conectividad, ciberseguridad e inteligencia artificial.

Sistema de baterías desarrollado por Cegasa Energía junto a Ikerlan, base del proyecto para integrar conectividad, ciberseguridad e inteligencia artificial. Ikerlan

Centros tecnológicos

Europa planta cara a Asia con baterías gestionadas por IA y diseñadas para ser ciberseguras

Cegasa e Ikerlan desarrollan desde el País Vasco una batería que reduzca la dependencia tecnológica de Europa y se adapte al nuevo marco regulatorio. 

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Las claves

Europa apuesta por baterías gestionadas por inteligencia artificial y diseñadas para ser ciberseguras, enfrentando así la competencia asiática.

Empresas vascas como Cegasa Energía e Ikerlan desarrollan sistemas de baterías conectadas, capaces de actualizarse y adaptarse a nuevas regulaciones y amenazas.

El proyecto integra ciberseguridad e IA desde el diseño, permitiendo anticipar problemas, mejorar la vida útil y ofrecer soporte remoto sin detener la operativa.

La flexibilidad, el control tecnológico y la capacidad de adaptación se consideran claves para competir globalmente y ofrecer un producto diferencial fabricado en Europa.

La industria europea de las baterías ha observado durante años cómo los fabricantes asiáticos copaban este mercado gracias a su mayor capacidad de producción y una reducción de precios. Poco podían hacer, salvo mirar desde lejos. 

El margen para ser competitivo era mínimo, lo que requería la búsqueda de oportunidades que marcaran la diferencia. Y se las ha dado el propio mercado. Ahora el reto no es sólo fabricar una batería que funcione; es conseguir que lo siga haciendo cuando cambie el marco regulatorio, aparezcan nuevas vulnerabilidades o haya que adaptarse a nuevas exigencias de los clientes. 

Una idea que empieza a materializarse en proyectos concretos, como el que están llevando a cabo Cegasa Energía, empresa especializada en el diseño y fabricación de baterías de litio y zinc aire, y el centro tecnológico Ikerlan, ambas con sede en el País Vasco. 

La propuesta es innovar en el control de las baterías para protegerlas, adaptarlas y alargar su vida útil. Y en el horizonte tres metas a las que llegar: generar conocimiento interno, elevar la competitividad de su electrónica y actualizar el producto en términos de prestaciones y seguridad. 

Este movimiento tiene que ver con reducir dependencias externas y aumentar la capacidad de decisión sobre la evolución futura del producto. “El principal objetivo fue el desarrollo y control del know how propio para el sistema de baterías de todo nuestro porfolio”, explica Miguel Encabo, responsable de I+D de Cegasa, a DISRUPTORES -EL ESPAÑOL. 

Anticiparse

El factor que permite hacerlo es la conectividad. Ajuste remoto, anticipación de problemas y la posibilidad de intervenir sobre el software sin detener la operativa son características que “nos permiten ofrecer un conjunto de servicios de soporte y mantenimiento claves para elevar el nivel de seguridad y disponibilidad de los sistemas”, señala Encabo.

A eso se suma la capacidad de registrar y trazar el comportamiento completo del producto durante toda su vida útil y preparar el terreno para el pasaporte digital que exigirán marcos europeos como la Cyber Resilience Act.

Batería industrial de litio de Cegasa, preparada para incorporar nuevas funciones mediante software y conectividad.

Batería industrial de litio de Cegasa, preparada para incorporar nuevas funciones mediante software y conectividad. Ikerlan

El reto del centro tecnológico, por su parte, es introducir todas estas variables sin perder competitividad. “El principal desafío consiste en integrar estas tecnologías sobre una base de producto que siga siendo competitiva en costes y prestaciones, al tiempo que se establecen cimientos sólidos de ciberseguridad e inteligencia artificial”, apunta Jon Pérez, director de la unidad de Sistemas Electrónicos Embebidos y Ciberseguridad de Ikerlan

La forma de conseguirlo es, asegura, anticiparse desde el diseño en lugar de hacer modificaciones posteriores. “La capacidad de actualización continua no es un añadido posterior, sino un reto abordado de forma explícita desde el diseño inicial del producto”, subraya.

Esa previsión implica, además, que el sistema pueda operar en distintos niveles de criticidad. “Los niveles SL1 a SL2 protegen frente a ataques accidentales o realizados con medios sencillos, mientras que el SL3 contempla violaciones intencionadas con recursos sofisticados”, detalla Pérez.

Aquí es donde aparece el elemento más ambicioso de este proyecto: “Hoy en día no existe en el mercado un producto comercial que integre modelos de inteligencia artificial para la gestión energética de baterías con este nivel de profundidad”, afirma Rubén del Cura, investigador del equipo de Inteligencia de las Cosas de Ikerlan.

Últimos ajustes

Pero pasar de la teoría a la práctica es otra historia. “En un sistema tan complejo y con tantas condiciones de uso, es muy complicado reproducir todos los escenarios posibles”, reconoce Encabo, quien también admite que el tiempo necesario para probar cada situación puede convertirse en un freno para su escalado. Y recuerda que el desarrollo ha recorrido ya los ciclos de diseño, prototipo, validación en laboratorio e industrialización antes de llegar a instalaciones reales.

Hasta ahora, han obtenido buenos resultados en entornos virtuales y simulaciones. El problema es que el producto no permanece instalado; la idea de este proyecto es que la batería tenga conexión permanente para introducir mejoras de forma continua, ajustar parámetros y reaccionar ante las incidencias con más rapidez que en los modelos tradicionales.

Para Ikerlan, el valor del piloto no está sólo en comprobar que el sistema funciona hoy, sino en medir su capacidad para adaptarse mañana. “Esta fase es fundamental para validar el presente del producto y también para anticipar y reforzar su capacidad de evolución futura”, apunta Pérez.

“Además, permite analizar hasta qué punto la solución podrá trasladarse con agilidad a nuevos sectores y responder a futuras exigencias regulatorias”, agrega

Competir con Asia

Esta cuestión no es baladí, al contrario, es esencial en el entorno digital actual, donde la ciberseguridad evoluciona casi a la misma velocidad que las amenazas y las aplicaciones pueden pasar de entornos estándar a otros mucho más críticos sin cambiar de hardware.

Es precisamente esa flexibilidad la que, según el portavoz de Cegasa, les permitirá ganar competitividad. “Este proyecto nos permite competir directamente con los principales actores, sobre todo los asiáticos”, sostiene Encabo. La posibilidad de controlar la tecnología y decidir su evolución se convierte, en sus palabras, “en un activo tan relevante como la propia capacidad de almacenamiento”.

Un argumento que enmarca dentro de una estrategia industrial más amplia. “El hecho de contar con un made in Europe nos da un valor diferencial que muchos de nuestros clientes aprecian”, añade.

“Estamos en un momento clave en el negocio de baterías, no exento de riesgos”, admite Encabo. A pesar de ello, la compañía mantiene su apuesta por avanzar y confía en poder hacerlo de forma sostenible apoyándose en esa arquitectura preparada para adaptarse.