Alvaro Campuzano y Jorge Alemany, fundadores de Battia.

Alvaro Campuzano y Jorge Alemany, fundadores de Battia. DISRUPTORES

Startups ENTREVISTA

IA y robótica para reciclar baterías de coches eléctricos: la carrera de Battia para reducir la carestía europea

La startup nacida en Guipúzcoa lucha, a golpe de tecnología, contra un problema que pronto asolará al Viejo Continente: en 2035 habrá más de un millón de toneladas de residuos de baterías que no podrían encontrar recambio con las capacidades actuales.

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La 'startup' Battia combina inteligencia artificial, robótica e hidrometalurgia sostenible para optimizar el reciclaje de baterías de vehículos eléctricos y recuperar materias primas críticas.

La compañía ha obtenido ocho millones de euros de financiación de IDAE y planea abrir una planta propia en Guipúzcoa para 2029 con el objetivo de procesar 1.000 toneladas en 2030.

Su tecnología permite desmantelar componentes de forma precisa y lograr una valorización del 86% del peso de las baterías, reduciendo la dependencia europea del mercado asiático.

En su búsqueda particular por ganar soberanía y autonomía económica y productiva, Europa tiene numerosos frentes abiertos más allá de ámbitos como la inteligencia artificial, la ciberseguridad o la nube. Uno de ellos tiene que ver con la obtención y reciclaje de las principales materias primas que hacen funcionar las baterías de los vehículos eléctricos: níquel, manganeso y cobalto, entre otros.

La creciente adopción de este tipo de automóviles y la nueva normativa de residuos peligrosos que a partir de noviembre limitará el traslado de estas baterías al final de su vida útil para su tratamiento harán que el Viejo Continente se enfrente a un gran cuello de botella: en 2035 habrá más de un millón de toneladas de residuos que no podrían encontrar recambio con las capacidades actuales.

En este contexto, ¿pueden tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica avanzada y la hidrometalurgia sostenible aliviar, o incluso poner fin al problema? Esta es la apuesta de Battia, la startup cofundada el año pasado por Álvaro Campuzano y Jorge Alemany.

Nacida en Guipúzcoa fruto de una spin off de los centros tecnológicos Ceit y Tekner, la compañía, que acaba de obtener ocho millones de euros de financiación del programa Renocicla de IDEA, busca, a través de estas tecnologías, convertirse en el “referente europeo” que conforma el binomio materias primas críticas y sostenibilidad industrial.

“Somos dos aficionados a los vehículos eléctricos que hemos encontrado dos centros muy potentes y una base tecnológica sólida para embarcarnos en una aventura muy importante”, asegura Campuzano en conversación con DISRUPTORES – EL ESPAÑOL. “Europa tiene que darse prisa”.

El directivo, que ha trabajado más de una década en el sector de las renovables, reconoce que la filosofía del proyecto fue determinante a la hora de incorporarse. “Podrían haberme ofrecido 100 negocios más lucrativos que este y hubiera dicho que no. Claro podemos generar mucho dinero, pero avanzamos con la responsabilidad social por bandera”.

En este sentido, añade: “Mi objetivo es que Battia se convierta en el estándar europeo sobre cómo deben recuperarse las baterías. Ojalá nuestra tecnología se implante en miles de instalaciones. […] Tenemos que asumir la responsabilidad de una tecnología [los vehículos eléctricos] que hemos impulsado sin resolver del todo qué sucede cuando las pilas terminan su vida útil”.

Así funciona la tecnología de Battia

La startup propone un sistema de desmantelamiento de las baterías a través de un proceso robótico -con un sistema de IA que permite que este aprenda y se realimente- que permite obtener materiales limpios.

Estos pasan posteriormente por la hidrometalurgia sostenible basada en ácidos orgánicos biodegradables. “Por mi experiencia, no quiero nunca tratar un residuo peligroso para generar otro igual”, añade.

"Tenemos que asumir la responsabilidad de una tecnología [los vehículos eléctricos] que hemos impulsado sin resolver del todo qué sucede cuando las pilas terminan su vida útil"

De este modo, prosigue, aunque Battia ponga en órbita tres innovaciones tecnológicas distintas -IA, robótica e hidrometalurgia- , la realidad es que todas forman parte de un único engranaje. “Cada etapa multiplica los beneficios de la anterior y de la siguiente”. Por ello: “Somos capaces de recibir baterías al final de su vida útil o dañadas que otros no se atreven a aceptar”.

“Esto supone una mejora importante frente a los procesos tradicionales de trituración de las baterías, que llevan haciéndose 30 años”, dice el emprendedor. “En este sistema tradicional, se mezclan todos los materiales y después resulta más difícil separarlos”.

En cualquier caso, la operativa de Battia no está exenta de retos, ya que el sector del reciclaje de baterías de coches eléctricos trabaja con una falta de homogeneidad “enorme” en sus formatos. “Todavía no podemos procesar cualquier batería”, indica.

Primera planta en Guipúzcoa

El objetivo marcado por el momento es alcanzar un 86% de valorización del peso total de cada batería. Un compromiso que incluye la tapa, la carcasa, el sistema de gestión, los cables y el aluminio, entre otros componentes. “Queremos alcanzar purezas superiores al 98% en el laboratorio y avanzar hacia la calidad necesaria para reincorporar los materiales a la cadena de valor de las baterías”.

Para ello, Battia montará una planta propia en Guipúzcoa para 2029. Y, a finales de 2030 “deberíamos alcanzar una capacidad de procesamiento de 1.000 toneladas”.

“Somos capaces de recibir baterías al final de su vida útil o dañadas que otros no se atreven a aceptar”

La instalación ocupará unos 1.100 metros cuadrados y conllevará la contratación de más talento técnico. Para la fecha prevista, esperan contar con una plantilla de 21 personas, en su mayoría ingenieros y doctores.

Todos estos avances han provocado que la particularidad de Battia se dispare y que muchos fondos de inversión se hayan acercado al proyecto. Aunque Campuzano prefiere avanzar con cautela: “No me gusta vender humo. Estamos en fase de escalado. Pero ya hemos conseguido una pureza comparable a la que anuncian muchos líderes del mercado utilizando la mitad de las etapas del proceso. Eso significa que partimos de un producto más avanzado”.

Un proyecto asentado en valores

Preguntado por la posibilidad de incorporar nuevos socios accionistas, Campuzano resuelve, como no podía ser de otra manera, que es un paso muy importante y que de meditarse bien. Para el directivo, el propósito de Battia es tan o más importante que la rentabilidad. “No queremos trabajar con gente cuyos valores no estén alineados con los nuestros”.

Y es que, este ingeniero de telecomunicaciones de formación siempre quiso generar el mayor impacto posible en las personas trabajando en las renovables. “Ahora siento que con Battia ha llegado mi mejor proyecto en este sentido”.

“En el sistema tradicional se mezclan todos los materiales y después resulta más difícil separarlos”

“Si conseguimos cumplir la hoja de ruta, el impacto será enorme”, subraya. “No podemos seguir impulsando la electrificación mientras miramos hacia otro lado cuando las baterías llegan al final de su vida útil”.

Durante la entrevista, Campuzano regresa una y otra vez a esta responsabilidad social y al problema que hay que resolver en Europa. “Es que hablamos de una cuestión fundamental”, insiste. “No hace falta extenderse mucho en la coyuntura geopolítica para entender la ecuación: no podemos seguir dependiendo casi completamente de Asia para determinados materiales y componentes”.

De este modo, estima que este sector tiene que ser local para lograr un alcance global. “La recuperación debe hacerse cerca del lugar donde se genera el residuo. No tiene mucho sentido reciclar una batería en el País Vasco, enviarla a Alemania para recuperar el litio y después devolverla. Estaríamos generando más inconvenientes añadidos”.

“Me gusta pensar que Battia puede convertirse en un proyecto con alcance mundial, pero el primer problema que debemos resolver está en Europa”, concluye.