La aplicación de MyStreetBook funcionando en la Sierra Norte de Madrid.
La startup española que desarrolla el primer algoritmo turístico que penaliza la masificación
Esther Rodríguez lleva diez años construyendo un algoritmo que, en lugar de mandar a todo el mundo al mismo sitio, reparte el turismo rural por los rincones de España y Europa que nadie busca en Google.
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Cuando Esther Rodríguez y su equipo fundaron MyStreetBook en 2016, la inteligencia artificial en el turismo rural era un oxímoron con el que pocos querían perder el tiempo. Una década después, la ironía es casi perfecta: el mercado se ha llenado de sistemas que hacen exactamente lo que ella quería evitar, esto es, recomendar siempre los mismos lugares, amplificar lo que ya está de moda, saturar los mismos pueblos bonitos cada fin de semana de primavera y verano.
Rodríguez, que dirige la compañía desde su fundación, ha construido algo conceptualmente distinto: una IA que no optimiza la visita más probable, sino la más justa. "Cuando empezamos en 2016, hablar de IA en el turismo rural parecía ciencia ficción; de hecho, eran muchos los que nos decían que no gastáramos tiempo ni dinero en desarrollarla", señala en entrevista con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL.
El resultado técnico es lo que la emprendedora denomina un "orquestador inteligente del territorio": un sistema que procesa en tiempo real meteorología, estado de los accesos, tiempos de transporte, carga turística y horarios del comercio local para reconfigurar rutas de forma dinámica. La distancia con los recomendadores genéricos parte de su misma arquitectura: "Hemos pasado de analizar los gustos estáticos del usuario a procesar en tiempo real variables del entorno".
Sería en 2025 cuando la compañía dio el paso que más la diferencia del resto del mercado: lanzó el primer sistema de IA capaz de crear rutas inteligentes y sostenibles verificadas por una certificadora oficial. En los pilotos desplegados en Val Miñor -los municipios gallegos de Baiona, Nigrán y Gondomar- y en la Sierra Norte de Sevilla -Real de la Jara, Puebla de los Infantes y San Nicolás del Puerto-, la visibilidad de los destinos pequeños creció un 188% en periodos de entre seis y ocho meses de uso.
Desde MyStreetBook matizan cómo funciona ese mecanismo: "Al programar la IA para que valore la diversidad y visibilice al pequeño comercio, a los artesanos locales o a los micropatrimonios que no tienen presupuesto para competir en marketing digital, logramos que estos puntos de interés aparecieran más en las opciones de los viajeros. La IA no buscó la conversión rápida; buscó generar ese efecto sorpresa en el usuario conectándolo con lo auténtico".
El segundo gran dato -un incremento del 36% en las visitas a municipios menos visibles- tiene como laboratorio la Sierra Norte de Madrid y se midió durante un año completo. En este caso, el sistema no bloquea al viajero cuando detecta que un sendero o un municipio principal roza su carga turística óptima: reconfigura la ruta. "Allí vimos cómo de forma paulatina el sistema cada mes iba recomendando lugares menos visibles en municipios muy pequeños, que vieron cómo sus visitas se triplicaban en algunos de los casos", añade Esther Rodríguez.
Madarcos y el algoritmo que compra el pan artesano
La Sierra Norte de Madrid es el caso de uso que Rodríguez cita con más orgullo y, también, con más ironía. Municipios como Patones de Arriba, Buitrago del Lozoya o Torrelaguna llevan años rozando la saturación los fines de semana. El sistema de MyStreetBook ha conseguido desviar flujos de forma orgánica hacia Madarcos -el pueblo menos poblado de la Comunidad de Madrid, con menos de 100 habitantes- o Pinilla del Valle, con menos de 200 vecinos y un patrimonio arqueológico que, hasta hace poco, solo conocían los expertos del ramo.
Esther Rodríguez, CEO de MyStreetBook
La señal de que algo ha cambiado de verdad no viene de los datos, sino de los escaparates. "Vas por los pueblos de la Sierra Norte y son los propios hosteleros y comercios tradicionales los que recomiendan y exponen el sistema en sus escaparates, utilizándolo como una herramienta propia para fidelizar al turista", detalla Rodríguez. Algunos productores locales, cuenta, les transmiten su sorpresa porque reciben viajeros que llegan, según dicen ellos, "desde la app".
La fundadora resume su visión con una frase que tiene más de manifiesto que de pitch comercial: "Conseguir que un viajero compre el pan artesano en un pueblo de 90 habitantes porque un algoritmo ético decidió que ese pequeño negocio merecía la misma visibilidad que el monumento más famoso de la región. Pasamos del turismo de masas al turismo de valor".
Seis países y tres retos
El modelo SaaS B2B y B2G de MyStreetBook opera actualmente en seis países europeos. España concentra cerca del 70% de los destinos activos y funciona, según Rodríguez, como el laboratorio donde se testean las innovaciones que luego se exportan.
La capilaridad del sistema es verificable en aplicaciones como Descubre Galicia Suroeste, Descubre Campo de Daroca en Aragón o Descubre Estepa en Andalucía. Y fuera de España, la compañía ha desplegado su tecnología en Sicilia, en la periferia griega de Macedonia Occidental, en la región chipriota de Nicosia, en el condado húngaro de Csongrád-Csanád y en la isla francesa de Córcega.
"Nuestro modelo ha demostrado que los retos de la España rural son, en realidad, los mismos retos a los que se enfrenta el turismo europeo", defiende la CEO. En cada uno de esos territorios el interlocutor no es solo el ayuntamiento: trabajan con gobernanzas regionales, clusters turísticos, hoteles, empresas de turismo activo y, en algunos casos, compañías de transporte.
De cara al futuro, Esther Rodríguez plantea tres grandes retos. El primero es la estandarización del modelo SaaS en los mercados europeos donde ya opera, con el objetivo de convertirse en la tecnología de referencia para la gestión de flujos en áreas rurales y periféricas de la Unión Europea.
El segundo vector lleva el motor ético al mundo natural. La compañía está adaptando su sistema para la gestión inteligente de parques, jardines y zonas protegidas. "El reto es el mismo: evitar la masificación en senderos sensibles, proteger la biodiversidad en tiempo real y guiar al viajero hacia áreas del parque menos transitadas, ofreciéndole una experiencia de desconexión mucho más relajada, natural y auténtica, sin alterar el ecosistema", concluye.
El tercer eje es el más ambicioso: alianzas con compañías de movilidad para integrar el motor de IA en la planificación de rutas intermodales en grandes ciudades. La promesa no es llegar más rápido, sino darle al viajero la información necesaria para reducir su huella de carbono: transportes combinados, trayectos optimizados según el tráfico, movilidad más lenta y más consciente.
"En los próximos tres años MyStreetBook dejará de verse solo como una plataforma de turismo para consolidarse como el cerebro tecnológico que hace que el territorio, la movilidad y el ciudadano convivan en perfecta armonía de forma sostenible", presume Rodríguez. Una década después de aquellos primeros que le decían que no gastara tiempo ni dinero en la IA, el mercado le ha dado, al menos parcialmente, la razón.