Claudia Gómez Estefan, CEO y cofundadora de Senniors y ClaraCare.

Claudia Gómez Estefan, CEO y cofundadora de Senniors y ClaraCare.

Startups ENTREVISTA

Claudia Gómez Estefan: cómo la conciliación tras la maternidad la llevó a reinventar el cuidado en casa para personas mayores

Con Senniors y ClaraCare, su modelo integra datos, profesionales sanitarios y hospitalización a domicilio ante el envejecimiento y enfermedades crónicas.

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Marbella (Málaga)
Publicada

Las claves

Claudia Gómez Estefan fundó Senniors y ClaraCare tras experimentar deficiencias en el proceso de contratación de cuidadoras para su hijo y sus abuelas.

Senniors se centra en profesionalizar y coordinar el cuidado en casa de personas mayores, incluyendo servicios de enfermería, fisioterapia y psicología adaptados a cada etapa del paciente.

ClaraCare lleva la hospitalización y monitorización médica al domicilio, usando tecnología para personalizar cuidados y reducir reingresos hospitalarios.

Desde 2020, han atendido a unos 26.000 pacientes, cuentan con 3.000 profesionales activos y colaboran con aseguradoras, administraciones y hospitales de referencia.

La vida no siempre sigue el primer camino elegido. A veces cambia de rumbo por una necesidad puramente práctica. Eso fue lo que le ocurrió a Claudia Gómez Estefan, abogada fiscalista formada en España y Estados Unidos, cuando desarrollaba su carrera en una de las Big Four, las grandes consultoras globales.

Estaba convencida de que el sendero para el que se había preparado era el correcto, hasta que nació su primer hijo.

“Con mi regreso al trabajo, necesitaba contar con una persona que la cuidara. Comparé agencias, analicé procesos y elegí la que consideré la mejor opción. La cuidadora fue excelente; el proceso, no”, cuenta a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL en una tarde soleada de febrero en Marbella, donde tiene lugar la entrevista.

Como madre primeriza y abogada, se encontró con que no había seguridad jurídica real: todas las gestiones eran en papel, sin trazabilidad clara, sin acompañamiento para solicitar las bonificaciones a las que tenían derecho. “El servicio funcionaba, pero la estructura estaba mal diseñada”.

Ahí comenzó a darle vueltas a la idea de profesionalizar algo que existía, pero estaba mal organizado. No se trataba de reinventar el sector, sino de dotarlo de procesos optimizados y una buena atención al cliente. Así fundó en 2020 su primera empresa junto a su socio, José de Diego.

De la conciliación al emprendimiento

Aquella primera incursión en el mundo del emprendimiento se centra en servicios de cuidadores infantiles. “No montamos algo innovador ni revolucionario, solo una empresa tradicional bien gestionada”, apunta Gómez Estefan. La sorpresa llegó cuando un tercio de sus clientes les empezó a pedir ese mismo servicio para personas mayores.

Aquí entraron de nuevo sus vivencias personales. En su casa, el cuidado de sus abuelas había dado lugar a lo que ella misma define como “una pyme montada en casa”: múltiples cuidadores, decisiones colectivas, chats de WhatsApp llenos de opiniones. Un modelo ‘hecho en casa’ de forma improvisada.

“No montamos algo innovador ni revolucionario, solo una empresa tradicional bien gestionada”

Lo que tocaba ahora era, de nuevo, ordenarlo. “Vimos que existía la oportunidad de crear algo más, no limitarnos a los cuidadores e incluir a profesionales para que atendieran las necesidades de estas personas, como auxiliares de enfermería, fisioterapeutas, psicólogos, logopedas…”, enumera.

Pero, sobre todo, pusieron especial énfasis en la coordinación porque, subraya, “este tipo de cuidados son progresivos, no estáticos”. Y explica algo que debería ser tan evidente como que una enfermedad neurodegenerativa cambia en cada estadio y, por tanto, requiere apoyos distintos al inicio que meses después.

Claudia Gómez Estefan, CEO de Senniors y ClaraCare, y Noelia Hernández, de DISRUPTORES - EL ESPAÑOL, durante la entrevista en Puente Romano de Marbella (Málaga).

Claudia Gómez Estefan, CEO de Senniors y ClaraCare, y Noelia Hernández, de DISRUPTORES - EL ESPAÑOL, durante la entrevista en Puente Romano de Marbella (Málaga).

De esa idea nace Senniors, concebida, aclara su cofundadora, no como una agencia de colocación, sino como “socio integral de cuidados en casa”. Además, a esta estructura le añadieron una capa más “para dejar de cuidar a ciegas”, con una propuesta que generara datos y adaptara los cuidados según la evolución de cada persona.

En este punto, es inevitable preguntarle sobre el actual sistema sanitario: “Occidente no fue preparado para que vivamos tantos años”. El modelo que fue pensado para enfermedades agudas y fallecimientos cercanos a la jubilación hoy convive con patologías crónicas durante décadas. “Es un tema de estructura, una arquitectura de sociedad que tenemos que cambiar”.

El domicilio como espacio clínico

Ahí es donde aparece ClaraCare, una iniciativa concebida como evolución natural de Senniors: “El hospital es el centro de ese sistema, mientras el domicilio sigue siendo invisible”. Su planteamiento es convertir el hogar en extensión asistencial. “¿Por qué no puede ser un espacio clínico?”, se pregunta la entrevistada.

El modelo, nacido en 2022, combina hospitalización a domicilio, servicios médicos y de enfermería en casa, y monitorización continua. Para recolectar los datos, los dispositivos que emplean no cuentan con una característica fuera de lo común, son los habituales en enfermos crónicos (tensiómetro, glucómetros, pulsioxímetro).

La diferencia está en la conexión: “La innovación no viene en el tipo de dispositivos, sino en poder tener estos datos en tiempo real”, aclara Gómez Estefan.

Un pulsioxímetro conectado por Bluetooth, por ejemplo, permite visualizar datos individuales y generar alertas si algo se sale del rango específico de ese paciente. “No es lo mismo una persona de 40 años que una de 90 hipertensa”. La clave aquí vuelve a ser la personalización.

Escala y validación

La parte tecnológica se reforzó con una subvención de Red.es de aproximadamente 1,5 millones de euros. Su destino es desarrollar algoritmos predictivos para enfermedades crónicas. “Es una herramienta para mejorar decisiones, no para deshumanizar procesos”. La inteligencia artificial, explica, no sustituye el cuidado humano.

En paralelo, trabajan en validaciones clínicas para demostrar la reducción de reingresos hospitalarios en patologías como EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), insuficiencia cardíaca o combinaciones con nefrología. En sus estimaciones preliminares, la tasa supera el 25%. “Nuestra ambición no es sólo económica, sino también de calidad de vida, evitar ingresos innecesarios y mantener al paciente en su entorno”, asegura.

“Es una herramienta para mejorar decisiones, no para deshumanizar procesos”

Los datos reflejan que el modelo elegido es el adecuado. Desde su fundación en 2020, Senniors ha consolidado su crecimiento con una ronda semilla de 5,3 millones de euros cerrada en 2022. Entre Senniors y ClaraCare ya cuentan con más de 150 personas en plantilla, más de 3.000 profesionales activos en distintas regiones y han atendido en torno a 26.000 pacientes.

Trabajan con aseguradoras como Zurich, Mapfre, DKV o Aegon; y colaboran con administraciones como la Comunidad de Madrid y la Generalitat de Catalunya. Además, participan en proyectos de investigación con hospitales como Fundación Jiménez Díaz, Ramón y Cajal, Valdecilla, Basurto, Vall d’Hebron y Clínico San Carlos.

Nacida para emprender

Su relato sobre el emprendimiento no responde al estándar. Claudia no habla de un “momento de inspiración”, sino de disciplina, constancia y visión a largo plazo. “Al inicio hubo más valentía, o más bien ignorancia, que planificación exhaustiva”, reconoce. Renunció, junto a su socio, a una trayectoria profesional estable y bien remunerada para apostar por un proyecto cuyo destino era incierto.

Antes de terminar la entrevista, echa la vista atrás y cuenta algunos momentos de su vida que revelan que el espíritu emprendedor le viene de largo. Entre ellos, un modesto negocio de compraventa de muebles desechados por estudiantes en Estados Unidos.

“Al inicio hubo más valentía, o ignorancia, que planificación exhaustiva”

Cada jueves, en la zona universitaria donde vivía por aquel entonces, los vecinos dejaban en la calle muebles para tirar. Ella los recogía, los fotografiaba y los subía a Craigslist (el equivalente local a Wallapop). “Me sacaba unos miles de euritos al mes”, recuerda con orgullo.

También detectó oportunidades en barrios más humildes de Los Ángeles, donde compraba bicicletas o coches de segunda mano para venderlos después en zonas de mayor poder adquisitivo. Incluso llegó a reparar su propio coche tras un accidente y venderlo por más dinero del que le había costado.

La experiencia más sólida llegó tras graduarse y mudarse a Santa Mónica. El propietario de su vivienda tardaba meses en devolverle una fianza cercana a los 10.000 dólares (alrededor de 8.500 euros). Como abogada, revisó la normativa californiana, redactó un requerimiento formal y consiguió recuperar el dinero.

Lo que empezó como una reclamación personal se convirtió en una oportunidad para ayudar a otros. Con el apoyo del marido de una amiga, ingeniero informático, automatizó el proceso: los datos se introducían en un formulario y el sistema generaba el escrito legal. “Cobraba entre un 10% y un 20%, pero sólo en caso de éxito”, puntualiza.

En aquel momento no les puso a ninguna de estas iniciativas la etiqueta de “emprendimiento”. Hoy ve en todas ellas un patrón: detectar problemas y diseñar un sistema para resolverlos, pero no de manera puntual, más bien pensando en su escalabilidad.