Rocio Pillado en la sede de Adara Ventures en Madrid.
Rocío Pillado (Adara), la inversora que ama la ingeniería y humaniza desde dentro el ecosistema startup
La primera mujer promocionada a socia dentro de un fondo de 'venture capital' español es el claro ejemplo de la mayor madurez del sector del capital con mayor profesionalización y empatía por las necesidades de los fundadores.
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El perfil de Rocío Pillado viene a confirmar una máxima que en DISRUPTORES - EL ESPAÑOL estamos defendiendo desde hace tiempo. En la era de la inteligencia artificial, de la automatización de procesos en todo momento y lugar, el factor humano cobra cada vez más importancia y deviene en hegemónico.
Son las personas y, especialmente esos intangibles imposibles de cuantificar en cifras contables o balances de rentabilidad, las que al final decantan la balanza en la mayoría de los casos hacia el éxito o fracaso de un proyecto.
Porque la IA, queramos o no, va de eso, de empoderar a las personas para potenciar aquello que nos hace únicos y dejar, eso sí, en manos de las máquinas, todo lo que nos reta tiempo y esfuerzo en lograrlo. Nadie como una máquina ejecutará con eficiencia las tareas más tediosas y repetitivas. Nadie como un humano generará nuevo valor junto a otros humanos.
El retrato que tratamos de hacer de Rocío Pillado en este artículo da fe de esta prometedora realidad y, de alguna manera, se erige en un canto a la esperanza sobre todo lo bueno que todavía está por llegar en el terreno tecnológico y emprendedor en España.
Nacida en Madrid, su infancia transcurrió en Majadahonda, localidad a las afueras de la capital a la que su familia se mudó y donde fue feliz hasta que, llegado el momento, hizo las maletas para proseguir en el extranjero su camino personal y profesional.
La segunda de cuatro hermanos, reconoce que siempre fue la más gamberra, con una personalidad muy marcada que la llevaba a querer tener razón en todo. Porque Rocío siempre tuvo las cosas muy claras.
“Nunca he sido muy buena estudiante ni aplicada en la escuela. Era de las que no hacía los deberes. En clase me enteraba de las cosas, no tenía esa necesidad de estudiar. En lo que me gustaba, como las matemáticas, sacaba sobresalientes y en lo que no… iba siempre al raspado, a lo mínimo, justo para aprobar”, explica en entrevista con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL mientras una sonrisa se dibuja en su rostro recordando aquellos años.
La importancia de la red familiar como referente
Esa personalidad arrolladora, que asegura la ha heredado de su madre, le lleva ahora, en su edad adulta -y tras la experiencia que supone haber tenido cuatro hijos-, a asumir que dio a sus padres algún que otro quebradero de cabeza. "Es el carácter de mi madre, debí heredarlo, aunque he de reconocer que en mi infancia no se lo debí poner muy fácil en casa", reconoce.
Son las consecuencias derivadas de esos niños que ya desde que dan sus primeros pasos denotan que dejarán huella allá por donde pasen. Rocío es de esas personas. Tan sólo necesitas unos minutos de conversación para advertir su facilidad de conexión con quien tiene enfrente. Sabe escuchar, pero es directa a la hora de fijar su parecer, y mantiene siempre una actitud muy proactiva, esa que compone la madera de la que dicen se conforman los líderes de hoy en día.
"He mamado de mis dos abuelos el amor por la ingeniería y la curiosidad por todo lo que me rodea"
Ingeniero, abogado o médico. Esas son las salidas profesionales de las que la inversora tenía más papeletas de acabar desempeñando en su edad adulta. "Mi familia está llena de los tres". Su madre es médico y su padre ingeniero de caminos, y si miramos más arriba en el árbol genealógico, sus abuelos fueron programador -uno de los primeros en España- y abogado.
Todos han ejercido de referentes para Rocío, pero su rostro se enternece al viajar en su memoria hasta sus abuelos, quizá porque su influencia nos llega en una etapa de la vida, la niñez, donde cada vivencia a su lado se convierte en una lección de por vida.
"Uno de mis abuelos era programador, uno de los primeros en España. Me inculcó la curiosidad por todo lo que me rodea, y al amor por la ingeniería", afirma.
"Mi abuelo trabajaba en el Banco de España y le propusieron, imagínate en aquella época: 'Hay una cosa que se llama programación, ¿quién quiere hacer estas tarjetas perforadas?'". Su abuelo no se lo pensó dos veces. "Con él iba descubriendo todas las novedades que llegaban en el campo de la tecnología; un ordenador, una calculadora... lo descubríamos juntos".
Rocío Pillado, en una intervención en un evento tecnológico.
Su otro abuelo era abogado y también un pilar en su formación personal y profesional. "Un apasionado también de la tecnología, que parecía también que era algo complicado para alguien de letras, pero con él no era así". "Con él también me sentaba muchas veces frente al ordenador, para ver cosas nuevas de tecnología. Le encantaban los videojuegos en su momento. Creo que lo he mamado un poco de los dos abuelos".
"Siempre he sido la típica niña que no jugaba con muñecas, sino que me encantaban los legos, bloques, coches que se convertían en robots, ese estilo de juguetes", sostiene. De su madre, recalca como -aún sin saberlo- comenzó a saber desde muy pequeña qué es el emprendimiento, esa palabra que tanto peso tiene ahora en su vida adulta.
"Ella es médico y desde el principio quiso tener su propio negocio, montar su consulta. De ahí que el tema del emprendimiento siempre lo he vivido muy de cerca. De hecho, tuvo un exit, que lo vendió a un gran grupo de laboratorios. De alguna manera, mi madre siempre ha estado muy metida en ese tema de propio negocio y yo lo he visto como algo natural, pues desde que era muy pequeña me iba a ayudarla los fines de semana", relata.
Rocío Pillado acabaría estudiando Ingeniería Informática en la Universidad Politécnica de Madrid, algo que no provocó sorpresa en casa, sino que era la evolución natural de los intereses y gustos que había ido manifestando durante su infancia y adolescencia.
Vida universitaria y pasión por el deporte
"Mis padres estudiaron los dos en universidad pública y yo tenía también muy claro que estudiaría en la pública", defiende en la conversación. Sus años en la universidad pasaron rápido, muy centrada también en el deporte -siempre ha sido una gran deportista: "Me encantan millones de deportes; tenis, al baloncesto, jugar al fútbol", sostiene-, y sin preocuparse demasiado por el futuro: "Allí decían 'los ingenieros informáticos van a tener siempre trabajo. Y la verdad es que yo me lo creí'".
Rocío decidió realizar un programa de doble titulación en lugar de un Erasmus convencional, una primera opción que también barajó y pasó sus dos últimos años de carrera en Francia.
"Siempre he sido la típica niña que no jugaba con muñecas; me encantaban los legos, bloques, coches que se convertían en robots, ese estilo de juguetes"
En Grenoble estudió en Ensimag, una reconocida escuela de ingeniería, lo que le permitió obtener el título de ingeniera en España y un diploma francés en Ingeniería Informática y Matemáticas.
Sus primeros pasos profesionales quedarían también anclados en el país galo. Su primer trabajo llegó de la mano del CEA, que era el Centro de Energía Nuclear Nacional de Francia, donde ejerció en labores relacionadas con la infraestructura de seguridad.
Primera experiencia laboral en el CEA en Francia
“Fue una experiencia muy bonita, muy divertida, todo muy centrado en ese ámbito de la infraestructura, la seguridad".
Pero Rocío es una mente inquieta, incluso gamberra -en el buen sentido de la palabra y entendida como incompatible con aceptar la zona de confort-. Tras un breve periodo de tiempo, la inversora necesitaba más acción y su cuerpo y su mente le pedían ya a gritos dar el siguiente paso.
Una empresa de seguridad para tarjetas SIM con foco en los pagos, una consultoría... fueron varios los empleos que Rocío ejerció en Francia en ese afán por encontrar aquello que le hiciera feliz y que saciara su voraz curiosidad por el sector de la tecnología.
De alguna forma, sólo estaba siguiendo fielmente los sabios consejos de su madre. "Siempre me ha dicho 'se dedican muchas horas al día a trabajar, muchísimas, y tienes que encontrar algo que reúna varias cosas: que te encante, que se te dé bien y que lo puedas compaginar con el resto de tu vida personal -esto último quizá lo entendió mejor después de convertirse en madre de familia numerosa-. Y hasta este momento, la respuesta de Rocío era siempre la misma: ¿Me veo aquí dentro de diez años? Pues no'".
Así que seguimos avanzando hacia la siguiente casilla, una muy especial porque supuso el inicio de su historia de amor con su marido y un giro de guion en el terreno profesional con pasaporte directo a EEUU.
"En aquella época en Francia me casé con mi marido, que también estaba allí y le propuse irnos a EEUU a trabajar. Valoré hacerlo en algo que hasta ese momento siempre dije que no: un banco de inversión, en concreto el departamento de trading, para ocuparme de lo que ellos llaman el front office trading, la labor que hacen los tecnólogos que asisten a los traders".
De su etapa en el departamento de Sales and Trading de Société Générale Corporate & Investment Banking (SGCIB) en Nueva York Rocío guarda un grato recuerdo. "Me encantaba el trabajo", sostiene de manera enérgica.
"También descubrí que me encantaba vivir en el extranjero, conocer gente nueva y practicar idiomas". Pero ya sabemos que la inversora siempre está mirando cómo pasar al siguiente nivel y, esta vez, su destino estaría al otro lado del mundo, hasta donde viajó con su marido para seguir explorando mundo y cosechar nuevas experiencias.
La aventura profesional en Asia
Durante tres años vivieron en Hong Kong donde Rocío continuó trabajando para SGCIB -"en el mismo banco, mismo departamento, haciendo lo mismo", matiza-, pero en Asia y de la mano del equipo local. "Llevaba los mercados de todo el Pacífico".
En este punto de la entrevista, Pillado hace un receso para matizar lo importante que ha sido siempre tener el apoyo de su marido, funcionar como un verdadero equipo primando siempre el interés de los dos. "La verdad es que los dos siempre nos hemos ido apoyando mucho, moviéndonos juntos, pensando siempre en la carrera de ambos", reitera con orgullo.
Rocío Pillado, socia en Adara Ventures, en otra foto de archivo.
Fue precisamente durante una cena con una pareja que habían conocido allí en Hong Kong -el español y ella natural de la ciudad- cuando el concepto venture capital se cruzó por primera vez en el camino de Rocío Pillado.
"Ella trabajaba en ese sector y todo lo que me contaba me parecía divertidísimo, sonaba a muy excitante", apostilla. De alguna forma, el mundo del capital riesgo era para ella en ese momento -corría el año 2010- tan inexplorado como atractivo.
Tanto captó su atención que Rocío le preguntó a esta mujer si ella podría adentrarse en ese sector. "¿Tú? No, eres una ingeniera, no tienes ni idea negocio, ventas, marketing...". Aquello le cayó como un jarro de agua fría, pero la inversora española no es persona de aceptar un no a la primera de cambio tan fácilmente.
Así que, ni corta ni perezosa, entendió que el destino le había marcado -casi con luces intermitentes y bien brillantes- la dirección que debía seguir: cursar un MBA. "Ella misma me recomendó hacerlo y se juntaron varias cosas que lo facilitaron. Mi marido también lo había estado pensando y concluimos que lo haríamos los dos juntos".
MBA en la Universidad de Chicago
De nuevo, a hacer maletas y a cruzar el Atlántico de vuelta a EEUU. Rocío y su marido pudieron cursar juntos el MBA en la Universidad de Chicago, un proceso lleno de aprendizajes y de aventura profesional en el campo del emprendimiento -ese que conoció por primera vez de pequeña de la mano de su madre-. "Cofundamos Club-MBA, que durante diez años o más ha sido referente para todo el mundo que se quería ir al extranjero a estudiar un máster o un MBA, y que cerramos casualmente en enero de este año".
La experiencia no pudo ser más inspiradora. "Tenían un programa de dos años específico, donde podías trabajar con un venture capital local y aprender directamente desde el primer año".
Rocío aprovechó esa oportunidad que EEUU le brindaba para, a su vuelta a España, tener un expertise muy valorado y diferenciador. "Pude colaborar con un fondo local durante los dos años, hacer prácticas. El sector en Estados Unidos estaba mucho más desarrollado. En España no había nada similar. Entonces, te pones a trabajar dos años con gente que lleva haciendo esto 20 ó 30. La velocidad a la que aprendes es increíble".
En ese regreso -por fin- a España, Rocío realizó prácticas de verano, relacionadas con el final de su MBA, en Inveready en Barcelona, uno de los referentes del venture capital en España, fundado en 2008. Lo que iba a ser una colaboración estival muy puntual se convirtió en una relación win win en la que ella pudo seguir poniendo en práctica todos los conocimientos adquiridos en Chicago en el consolidado sector del venture capital y, por su parte, Inveready se nutrió en aquellos primeros pasos de su proyecto de la realidad que Rocío había vivido en EEUU dentro de esa potente industria.
Un irlandés-canadiense y un venezolano-americano
Para cuando la experiencia tocó a su fin, Rocío Pillado ya tenía sobre la mesa una propuesta laboral de Adara Ventures. "Sentí que el capítulo MBA estaba cerrado y había que empezar otro camino".
"Un irlandés canadiense" y "un venezolano americano que había pasado muchos años en Estados Unidos" se cruzaron en la meteórica trayectoria de la inversora. Nos referimos a los socios fundadores de Adara Ventures Nico Goulet y Alberto Gómez.
"Decidieron que España era el país perfecto para montar un venture capital técnico, era muy atractivo el coste bajo de poder construir tecnologías muy interesantes, convertir esas tecnologías en globales y venderlas, sobre todo pensando en Estados Unidos y otros mercados. Fueron unos visionarios".
Ella, desde el principio, se sintió muy identificada con ambos. "Los dos ingenieros, un aeronáutico y el otro, en electrónica; ambos con muchísima experiencia en el extranjero, es decir, aquí en España no tenían prácticamente ninguna. Me pareció que iba a ser como un aterrizaje muy sencillo en España, con gente que tiene una cultura muy abierta, muy internacional. Tuve la suerte de poder aprender de ellos, que ya llevaban haciendo venture capital muchísimos años".
"En Adara invertimos en una compañía y estamos súper alineados con ellos, queremos su éxito y el de los fundadores; somos como una familia"
Con la sabiduría que da la perspectiva del tiempo, reconoce que a priori nunca pensó que el mundo del capital riesgo fuera a ir con ella, por esa visión que se tiene de 'sector frío', muy marcado por ciertos estereotipos que el ecosistema español ha ido desmontando en los últimos años, y que nos dibujan una industria cada vez más empática, donde los números mandan -por supuesto- pero donde la conexión con la faceta más humana de los equipos fundadores es primordial.
"Eso no iba mucho conmigo, a mí me daba un poco de miedo, pero por suerte Adara es un fondo donde la gente es supernatural, muy abierta y enérgica -una descripción aplicable en su literalidad a ella misma- donde las chaquetas y los trajes existen en algún momento particular pero, en general, es un ambiente más de vaqueros y camiseta".
Esa cercanía y saber estar cerca del fundador cuando hace falta es una cualidad que en Rocío destaca a primera vista. "En Adara invertimos en una compañía y estamos súper alineados, lo que queremos es el éxito de la compañía y de los fundadores. Somos como una familia".
De ahí que, al pedirle que elija sólo dos startups que hayan marcado su trayectoria como inversora, la cosa se complique. "Es difícil elegir sólo dos, pero si tuviera que da dos nombres, una sería Seedtag, la primera empresa que encontré a través de mi red, en concreto a través de una persona que había conocido en Hong Kong, y lancé y, de alguna forma, me responsabilicé de todo el proceso".
"Es una empresa a la que tengo mucho cariño; he estado muchos años con ellos, siguiéndoles el consejo, etcétera. Me bajé hace un par de años del consejo porque ya son una empresa gigante, tienen otros fondos, la evolución natural de este tipo de proyectos".
Seedtag y Quibim: startups clave en su trayectoria
La otra es Quibim. Según explica, Adara Ventures no cubría hasta encontrar esta startup el área salud. "No lo hacíamos porque somos técnicos, invertimos en lo que conocemos, en lo que controlamos, y aquí fue un punto de inflexión", indica Pillado.
"Quibim permitió esa primera vez donde hubo un convencimiento general por parte de Adara de que el sector de la salud necesita tecnología que nosotros conocemos y que había que estar con el equipo".
Además, la operación se forjó con la pandemia del coronavirus de por medio, algo que marcó de forma especial todo el proyecto. "Seguimos con ellos y, obviamente, les tengo también un cariño especial".
Llegamos al final de nuestra conversación lanzándole la pregunta que no nos gustaría hacer más en el futuro. No por inoportuna, sino porque aludiera a un escenario ya superado. ¿Por qué no hay más mujeres inversoras en España, Rocío?
Su respuesta llega rápida, segura y enérgica. Como ella misma. "Cuando llegué a Adara fui directa. Les dije a los socios que quería trabajar en venture capital, pero también tener hijos. He tenido cuatro hijos y siempre un apoyo total a la conciliación en Adara. Ese tipo de respaldo es el que necesitamos".
Pillado se muestra convencida de que las cosas, aunque lentas, están cambiando. "Y te diría que España es uno de los países donde hay más mujeres haciendo venture capital, o sea, casi todos los fondos tienen al menos una socia. En el caso de Adara, por ejemplo, yo crecí desde el interior y, de hecho, fui la primera mujer socia en un fondo español, es decir, el primer nombramiento de una mujer socia que, curiosamente, es una persona nacida desde dentro", matiza con gran orgullo.
Puede que en su infancia y adolescencia Rocío Pillado diera "muchos problemas" a sus padres por su actitud enérgica y gamberra, pero supo hacerles caso a pies juntillas en lo más importante. Trabajar en Adara Ventures ha cumplido con aquel sabio consejo de su madre: 'trabaja en algo que te guste, sepas hacer bien y te permita dedicarle tiempo al resto de tu vida personal'. Eso es lo más valioso, que humaniza enormemente el sector del capital y que ojalá prolifere cada vez más en el ecosistema. Enhorabuena, Rocío.