Transferir el conocimiento y la tecnología desarrollada en un laboratorio científico a una empresa y que esta tenga éxito es uno de los mayores logros de un investigador. “Una carrera investigadora puede ser muy satisfactoria, tener grandes hitos, publicar grandes artículos en revistas internacionales y lograr mucho reconocimiento, pero lograr una transferencia tecnológica” al mundo empresarial para aplicar esos desarrollos conseguidos en el mundo real “es una faceta muy satisfactoria”.

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Así nos lo cuenta el Premio Nacional de Investigación 2020 "Leonardo Torres Quevedo", en el área de Ingenierías, José Capmany, catedrático de Fotónica de la Universitat Politècnica de València y director del Photonics Research Labs-iTEAM. Recibir un premio científico en este 2020 es todo un logro y más si el campo de trabajo está alejado de la ciencia sanitaria.

En su opinión, si el trabajo que se desarrolla “está sustentado en investigación de calidad, esta se puede transferir y puede impactar”. Para un académico, el hecho de “poder cerrar el círculo es muy satisfactorio”.

Capmany reconoce que el ‘poder cerrar ese círculo’ “es muy difícil en cualquier país, pero también en España”, porque el poder crear un startup, sobre todo en el campo de la tecnología profunda, que tenga “un modelo de negocio que funcione” al tratar de aplicar tecnología puntera es algo complejo. 

“Poder incrementar el negocio de este tipo de startups se basa en el saber aprovechar el matching entre el conocimiento desarrollado y el ser capaces de vislumbrar lo que va a despuntar en los próximos años”. Y esto Capmany lo ha logrado con startups como iPronics o VLC Photonics, recientemente adquirida por la multinacional Hitachi High-tech.

Sin investigación punta previa en los campos (fotónica programable y óptica) en los que se mueven estas startups, “no habríamos podido crear negocio porque no tendríamos el conocimiento para diferenciarnos en un mercado competitivo”, asegura el investigador.  

Esta transferencia de tecnología ha sido gracias a “haber esperado el tiempo adecuado para desarrollar un conocimiento muy solidificado” y esto es lo “más satisfactorio” de su carrera, asegura el ahora Premio Nacional de Investigación 2020.

Este tiempo de “investigación pura” en el laboratorio ha sido “toda una inversión” para poder “identificar líneas” de desarrollo y tener la “confianza para poder transferir la tecnología en una spin off sostenible con un nicho de mercado importante y un plan de negocio bien articulado”.

La amenaza de la burocracia para la ciencia

El Premio Nacional de Investigación asegura que en España “no falta talento científico” en cualquier área de conocimiento, pero “el problema es que los recursos son muy escasos y, además, el poder adquirirlos y gestionarlos implica un trabajo adicional de burocracia y tramitación muy elevado. Esto nos hace muy ineficientes”, lamenta.

En un plan estratégico empresarial, si se elabora un llamado diagrama DAFO (siglas que corresponden a Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades), el investigador establecería la burocracia creciente como una amenaza en su desarrollo, insiste Capmany.

“Hay un excesivo papeleo para justificar determinadas cosas que luego no se lee nadie… esa política hay que revisarla porque demuestra una desconfianza hacia un colectivo [el investigador] que está muy bien valorado”.

Por ello, considera que pedir más recursos para la ciencia es “un deber moral”, porque ahora España está al 1,2% de PIB destinado al I+D+i. Antes de la crisis de 2008, “se estaba de acuerdo en que una economía que quisiera ser competitiva y tener valor añadido requería un 3% y ahora estamos pidiendo un 2%”, apostilla el investigador.

En nuestro país, lamenta Capmany, “hemos sufrido un desgaste y unos recortes crecientes”. Mientras que otros países de la UE han hecho justo lo contrario y ya rozan el 4% del PIB destinado al I+D+I o incluso otros que con las crisis lo que han hecho es incrementar su porcentaje de PIB dedicado a la ciencia. “En España se ha hecho lo contrario y no le encuentro explicación”.

La financiación de la ciencia

Más allá de este recorte de recursos, Capmany hace un esfuerzo durante esta entrevista para “suponer que tenemos un porcentaje del PIB más o menos decente”, pero el problema radica en que los gestores políticos suelen argumentar que “han incrementado” esa cifra. Es una pequeña trampa, porque “hay que distinguir entre la parte financiera y la no financiera, y esta segunda es la que debería crecer”, incide.

La parte financiera, es decir, los préstamos públicos, semipúblicos e, incluso, privados, son “instrumentos que pueden ser correctos, siempre que se ejecuten”. Ha habido años en los que se ha incrementado, pero no se ha ejecutado este aumento porque las empresas o las instituciones no piden esos créditos. “Hay que pedir que las subidas afecten, fundamentalmente, a la parte no financiera”.

¿Por qué no se ejecutan esos préstamos? “Hay instrumentos muy raros, te conceden una cantidad, pero esta no te la dan hasta que no lo justifiques, por lo que el investigador tiene que adelantarlo y así se convierte en un banco de la administración. Es decir, tienes que adelantar todo ese dinero y no todos los grupos de investigación pueden permitirse adelantar ese dinero”. Por eso al final no se ejecutan este tipo de instrumentos.

Una luz de esperanza

“En circunstancias normales no tendría muchas esperanzas, pero ahora en la situación en la que estamos, la ciencia ha pasado a tener cierta importancia” al considerarse, por fin, “el impacto de tener una buena investigación, innovación y tecnología”, puntualiza José Capmany.

Ahora ha calado en la sociedad el mensaje: “Si tienes un buen sistema científico e investigador estás mejor preparado para afrontar situaciones inesperadas y para desarrollar una economía del conocimiento” como país, más allá de los procesos de digitalización del tejido industrial.

Y en este punto están generando mucha “esperanza” los fondos europeos para la Reconstrucción: “Nos dan una oportunidad especial y única para priorizar desde la Administración nuevos polos tecnológicos e industriales, basados en la innovación y la tecnología”.

Esto ya lo están haciendo otros países europeos, como Bélgica o Países Bajos, entre otros, donde “van a aprovechar la oportunidad de apostar por sectores nuevos en los que va a haber tirón” en un futuro próximo. España debe subirse hasta este tren “si utiliza sabiamente” de los fondos de reconstrucción para crear estos polos tecnológicos.