Una música toca con la tecnología automática de Beatik.

Una música toca con la tecnología automática de Beatik.

Andalucía

El visor de partituras automático que pasa la página al compás del músico

Beatik, 'spin off' de la Universidad de Jaén, cuenta con 2.000 partituras autónomas de música clásica

24 junio, 2019 13:00

El 95% de la música clásica no tiene copyright y casi el 100% se distribuye en formato de papel. Esas dos premisas movían el trabajo del grupo de investigación de la Universidad de Jaén liderado por Pedro Vera Candeas. Tras acumular varios triunfos consecutivos en la competición global de su materia de estudio, no lo pensaron más. Nació así Beatik, una ‘spin off’ que ha digitalizado las partituras… y ha automatizado su seguimiento.

“Nuestro ‘leit motiv’ es revolucionar la música clásica”, apunta Vera a INNOVADORES. Esta disrupción, que tuvo su origen en la universidad (aún siguen íntimamente ligados a ella), se materializó como empresa en 2015 y obtuvo su primer éxito tres años más tarde con una ayuda Instrumento Pyme de Horizonte 2020. La joven empresa andaluza atrajo la atención de la Comisión Europea por su propuesta para desarrollar un producto inexistente en el mercado: un visor de partituras colaborativo que se pueda utilizar entre músicos del grupo.

El proyecto, que se encuentra en la mitad de su ejecución, marcha tan bien que Beatik comercializará a principios del próximo mes de julio una versión intermedia de la aplicación para solistas. En este primer lanzamiento, la ‘spin off’ ya ha logrados dos hitos tecnológicos. El primero es su sistema automático para pasar las páginas de la partitura. “El músico solo tiene que abrirla en una ‘tablet’, darle al ‘play’ y empezar a tocar; el dispositivo escucha la música y se encarga de mover solo el pentagrama”, resume.

La startup ha logrado automatizar esta tarea mediante procesado de señal, una tecnología, dice Vera, muy similar a la de los navegadores del coche. “La partitura es una ruta que hay que seguir, con un inicio y final y compuesta por una serie de notas. Nosotros determinamos el camino mínimo, en qué parte de la ruta se encuentra el músico”, explica.

Eso sí, para que el sistema funciona, debe conocer de antemano la partitura. Por eso, la segunda ventaja de Beatik es su nutrida librería. Por un lado, incorpora todas las partituras libres de derecho en música clásica (la mayoría). En total, unos 400.000 ficheros que no están automatizados. La parte más destacada es un repertorio con las 2.000 obras para piano y violín “más comunes” que sí se mueven de forma automática mientras el músico toca. “Son las piezas que se utilizan durante el 80% o el 85% del tiempo”. Por último, su librería también puede incluir partituras de editoriales o modificadas con arreglos de cada usuario.

La empresa se mueve en un terreno con pocos competidores, aunque Vera reconoce que “la cosa está caliente”. Un par de empresas venden visores de partitura digitales; pero ninguno donde la partitura se adapte de forma automática al músico.

El principal reto para el investigador y emprendedor es la barrera de entrada de lo digital en un ámbito tan tradicional como la música clásica. “Lo primero que nos dicen los usuarios es que tienen miedo de que falle, pero luego lo prueban y enseguida se relajan”, comenta. Después, está la falta de costumbre de usar una tableta. “Eso está cambiando porque cada vez hay más músicos nativos digitales y porque es muy tedioso trabajar con papel”.