Mosaico de gladiadores.

Mosaico de gladiadores. MAN

Historia

Los gladiadores de Hispania que lucharon en los famosos espectáculos del Imperio romano

Apenas se conservan biografías de los protagonistas de los munera gladiatoria, pero gracias a los documentos epigráficos se conocen algunos ejemplos.

18 marzo, 2024 08:46

Hacia el año 187 d.C., durante el reinado del emperador romano Cómodo, hubo un soldado hispano que había luchado bajo las órdenes de Marco Aurelio, "de extrema osadía, que había desertado de su puesto y había persuadido a otros a que abandonaran el servicio con él" al sentirse abandonados por un discutido tratado de paz firmado por el nuevo césar tras las durísimas campañas militares en Germania. Quien narró esta historia fue el historiador antiguo Herodiano y el nombre del protagonista era Materno.

Como había hecho dos siglos antes el famoso Espartaco, el legionario rebelde y carismático empezó con su banda a atacar ciudades, violentar cárceles y liberar presos. Pero cuando su improvisado ejército se dirigía hacia Roma para intentar acabar con la vida del emperador, alguno de sus seguidores reveló el plan a las autoridades imperiales. "Materno fue capturado y decapitado, y sus compañeros sufrieron el castigo que merecían". Si bien su trágica aventura sirvió de inspiración para Gladiator (Ridley Scott, 2000), este hombre nunca llegó a pisar la arena del Coliseo.

No obstante, sí se conoce el nombre de varios gladiadores de origen hispano. Uno de ellos se llamaba Quinto Vetio Gracio y, según la inscripción de su lápida, hallada en la antigua Nemausus, la moderna localidad francesa de Nimes, en la provincia de la Galia Narbonense, murió a los 30 años de edad. No se sabe cómo, si fue durante uno de los espectáculos, conocidos como munera gladiatoria, o por cualquier otro tipo de circunstancia. Pero sí que su memoria la quiso preservar su doctor o entrenador personal, un tal Lucio Sestio Latino, artífice de la dedicatoria, y que era un tracio o thraex

Epitafio del gladiador hispano Quinto Vetio Gracio.

Epitafio del gladiador hispano Quinto Vetio Gracio. Museo Arqueológico de Nimes

A este tipo de gladiadores se les llamaba así porque vestían con la indumentaria característica de los soldados tracios. Es decir, con una pequeña parmula o escudo cuadrado, pequeño y convexo, con protectores para los brazos (manica) y las espinillas (ocreae), que a menudo alcanzaban hasta las rodillas y contaban con decoración dorada, una sica o espada corta y curvada, y un casco o galea con visera y plumas y coronada por una cresta terminada en grifo. En dicho documento epigráfico se hace referencia a su natione Hispanus, a su procedencia de algún punto de la Península Ibérica.

¿Dónde estaba la escuela?

La primera referencia sobre espectáculos de gladiadores en Hispania la ofrece Tito Livio y se remonta al año 206 a.C. en Cartago Nova, cuando el general Publio Cornelio Escipión, más conocido como Escipión el Africano, ofreció en honor de su padre y su tío, fallecidos durante los combates contra los cartagineses, un bustuarii, un combate cerca de la pira de algún cadáver para celebrar sus exequias. Desde entonces, estas luchas se hicieron habituales en todo el territorio peninsular, como da buena muestra la construcción de veinte anfiteatros —al menos documentados de forma arqueológica—.

Sin embargo, la época de mayor esplendor se registró desde mediados del siglo I d.C. hasta el III. A este periodo pertenecen casi todos los testimonios epigráficos de gladiadores que informan sobre el desarrollo y los protagonistas de los combates. Según un estudio del filólogo e historiador Mauricio Pastor Muñoz, existen una veintena de epitafios con nombres de gladiadores documentados en la Península Ibérica, de los que solo uno se ha podido identificar como hispano: un tal Sagitta. El nombre seguramente tenga que ver con la figura del sagitarius , un caso extraño de gladiador que luchaba con un arco compuesto complejo y flechas, casco cónico y una armadura de escamas. Eran certeros atacando desde la distancia, pero fáciles de derribar en el cuerpo a cuerpo.

'Pollice verso', cuadro que representa un combate de gladiadores. 1872

'Pollice verso', cuadro que representa un combate de gladiadores. 1872 Jean-Léon Gérôme Wikimedia Commons

La sede del ludus Hispanianus, la escuela de gladiadores, posiblemente estaba en la actual Córdoba, pues es la ciudad de donde proceden el 80% por ciento de los epitafios de gladiadores descubiertos en Hispania. Aunque dicha concentración de epitafios en pueda responder también al hecho de que hubieran acudido allí con motivo de la celebración de los juegos excepcionales que se realizaron con motivo de la coronación de Trajano, en el año 98.

Otro caso de un gladiador de posible origen hispano es el de Marco Ulpio Aracinto. Su epitafio, conocido únicamente por una noticia de hace unos siglos, se halló en Roma y dice que era un retiarius, un tipo de combatiente muy característico que luchaba con tridente (fuscina), red lastrada (reta) y un cuchillo en el cinturón (pugio). Según esta inscripción, el hombre sería natural de Palantia, un asentamiento de la Hispania Citerior, alcanzó el culmen de la carrera gladiatoria (palus primus) y combatió nueve veces en el ludus imperial antes de morir a los 34 años. Probablemente vivió hacia el siglo II d.C. No obstante, algunos expertos señalan que la mención a Hispania puede tener que ver con la escuela de lucha donde fue entrenado.

El arqueólogo Antonio García y Bellido también se dedicó a estudiar las lápidas funerarias de gladiadores documentadas en Hispania. En un estudio publicado en los años 60 recogía una mini biografía más, la de un tal Smaragdo, un hoplomachus, un combatiente con un equipamiento muy similar al de los hoplitas, los míticos soldados griegos: taparrabos y cinturón ancho —subligaculum y balteus—, ocreae hasta el muslo en ambas piernas, yelmo (galea) decorado con plumas y cresta, espada corta y recta y una lanza (hasta). Según el investigador, se trataría de un esclavo gaditano de familia gladiatoria desconocida recordado gracias al empeño de su esposa.