Pedro Sánchez se presentó este martes en su comparecencia de fin de curso político en la versión más triunfalista de sí mismo.
Y en la más combativa, en defensa de "Begoña Gómez y de David Sánchez", que así se refirió a ellos. "Son mi esposa y mi hermano", espetó con dureza, "pero son dos personas que no han hecho otra cosa en la vida que trabajar" y que, por ser familiares suyos, "están sufriendo una causa política".
David Sánchez, condenado por prevaricación y tráfico de influencias, y Begoña Gómez, procesada por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación, han sido amparados con firmeza por el presidente: "¿La pareja de un presidente de Gobierno tiene que renunciar a su carrera profesional? ¿Ésa es la España que queremos?".
"Él es licenciado en Económicas por ICADE, licenciado en Composición y Dirección de Orquesta por la Universidad de San Petersburgo, donde vivió seis años. Habla perfectamente ruso, inglés, francés, italiano. No es mi hermano sólo, es fundamentalmente David Sánchez", ha continuado.
"Y en un sistema garantista tiene derecho a recurrir, y esperemos que otras instancias le den la razón, como defiendo yo también", ha sentenciado.
El jefe del Ejecutivo ha enmarcado ambos procedimientos judiciales en una estrategia de "deshumanización" de las acusaciones populares contra su entorno. Y ha cuestionado de nuevo las causas abiertas contra su familia, achacándolas a una "deriva judicial" que "esperemos que acabe en lo que tiene que acabar".
Además, ha aprovechado para reiterar su respaldo al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, aunque distanciándose de él ligeramente por primera vez.
Sánchez no ha querido entrar a valorar las palabras de Zapatero sobre las joyas incautadas en su despacho. "El presidente Zapatero dará las explicaciones en sede judicial y en los medios de comunicación cuando considere. Yo no soy su portavoz".
En todo lo demás, sí lo defendió: "Por parte del Gobierno de España, del partido que me honro en dirigir, cuenta con nuestro respaldo. Respetamos su presunción de inocencia y estamos en las fases iniciales de esta investigación. Ya veremos en qué deriva", concluyó.
El presidente del Gobierno blindó a su predecesor con la actuación de su Gobierno en el expediente de Plus Ultra. Según Sánchez presenta una "legalidad absolutamente intachable", tras ser examinado "por activa, por pasiva y por perifrástica". "No fue un rescate, fue un préstamo", ha recalcado.
Incendios
Eso fue durante las preguntas de la prensa, casi monográficas.
Porque los reporteros no compararon su discurso claramente electoralista, sino que dedicaron sus turnos a inquirirle sobre las causas de corrupción que lo acechan en su entorno político y personal; además de sobre la Emergencia nacional de los incendios.
En ese punto, Sánchez pidió un pacto de Estado, más contra el "negacionismo" que contra el cambio climático.
Y defendió que su Gobierno ha hecho de la lucha contra él "una prioridad de presente y de futuro", frente a las políticas de la oposición, que allí donde PP y Vox gobiernan, dijo, "acuerdan un frenazo a las energías renovables".
Eso no lo apoyó ni en datos, ni en cifras ni en citas textuales, como el resto de las afirmaciones de su intervención inicial.
Precampaña
El discurso había sido casi un mitin político, donde defendía que "queda un año" para seguir avanzando "y mucho por hacer", pero que la transformación de estos ejercicios años en Moncloa "no tiene precedentes" y está pensada para que los españoles "se sientan orgullosos" de su país.
Él, sin duda, se mostró ufano. Y "sin ánimo de caer en la autocomplacencia", defendió que, "no debemos darlo por normal, es extraordinario".
El presidente definió esa transformación como algo que va "más allá de leyes y recursos".
La atribuyó a "cambios concretos" que, según él, se traducen en "empleos más estables, familias más protegidas, jóvenes con más oportunidades y mayores con más dignidad".
Según dijo en sus conclusiones, "no hablamos de leyes, hablamos de personas que viven un poco mejor".
Y en esa reflexión final, Sánchez apeló al orgullo nacional y a su identidad política, "frente a la década perdida de recortes, cuando en Moncloa se aplicaba el credo neoliberal".
Proclamó que ser español significa pertenecer a un país "con las cosas claras", que "juega limpio" y que "defiende la paz", y que es respetado fuera por combinar crecimiento económico y protección social "sin tener que elegir entre una cosa y otra".
Sánchez se reivindicó como líder de un "Gobierno de la gente, por la gente y para la gente... el de coalición progresista, el Gobierno de España”.
Cinco pilares
Como base de ese relato, antes Sánchez había definido los cinco pilares de su acción de Gobierno.
Aunque lo cierto es que los dos últimos, la regeneración democrática y la geopolítica, los despachó en apenas cinco minutos de la hora larga que dedicó a su discurso... y sin apenas una sola de las diapositivas que lo acompañaban antes con datos y gráficas.
Había abierto su repaso por los incendios y la "emergencia climática" con un tono muy político.
Y en el capítulo económico había sido en el que se expresó con más sonrisas y kilos de autocomplacencia.
El presidente utilizó datos de crecimiento y empleo para subrayar su discurso de éxito frente a "los recortes del pasado".
Sánchez recordó que España lleva casi tres años como "la gran economía que más crece" de la UE y que el paro ha bajado de "niveles crónicos" a mínimos de 18 años, "se dice pronto". Frente a "una década de recortes" del PP, se preguntó "cómo habrían gestionado todas estas crisis otros... no hace falta responderse".
Pero ese crecimiento, "si no llega a los ciudadanos no es nada", continuó.
Y así, respecto al Estado del bienestar, Sánchez reivindicó haber "reforzado" e incluso "refundado" los servicios públicos tras la etapa de ajustes.
Presumió de haber aumentado en 145.000 millones el gasto en prestaciones sociales y de haber "recuperado lo perdido" en sanidad, educación y dependencia. Frente al "dogma neoliberal" que congeló pensiones, esgrimió más plazas MIR, más becas y mejores prestaciones de dependencia como prueba de su modelo.
Amnistía como regeneración
La reflexión final enlazó esos tres pilares con el resto de su acción de gobierno.
Se permitió incluir en el punto sobre integridad democrática "el aval del TJUE a la Ley de Amnistía" y presumió de que la tensión en Cataluña ha pasado de ser vista como uno de los principales problemas del 40% de los ciudadanos a sólo el 2%.
En ese marco, reivindicó la futura Ley de Integridad Pública "asesorada por la OCDE", como símbolo de regeneración, subrayando el aumento de las conferencias sectoriales con las comunidades como prueba de normalidad institucional.
Sobre la política exterior, la planteó como una extensión de su "agenda del sentido común".
Sánchez describió un mundo dominado por la polarización y los "grupos de poder" que azuzan el miedo, y defendió que la respuesta "no es el repliegue ni el recorte de derechos en nombre de la seguridad", sino proteger sin encerrarse y ordenar los retos globales "sin deshumanizarlos".
En ese terreno, reivindicó la posición de España contra "la ley del más fuerte", la guerra sin límites y el genocidio, con menciones a Ucrania, Gaza, Libia o Irán.
Afirmó el compromiso con la seguridad transatlántica "desde nuestra propia visión" y presumió de haber aumentado un 13% la cooperación al desarrollo, frente a otros países que recortan. El multilateralismo, insistió, "hay que reformarlo y ampliarlo" frente a "esta ley de la jungla" de unos poderosos que "cada vez son menos, pero con más poder acumulado".
Todo, dentro de una narrativa de "transformación sin precedentes" que, según Sánchez, justifica ese nuevo mandato al que se presentará "dentro de un año".
