Las claves
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Pedro Sánchez ha decidido, otra vez, aplazar la incontablemente comprometida presentación de los Presupuestos Generales del Estado. Esta vez, el argumento es la "urgencia" de responder a "lo importante", la guerra en Irán y su impacto energético y geopolítico.
La decisión la confirmó el presidente este jueves, antes de entrar al Consejo Europeo... que también había usado como palanca para retrasar el decreto de ayudas por las consecuencias del conflicto tres semanas, hasta este viernes. Repunte constante del precio del petróleo, del gas y los fertilizantes.
El país se asoma a una posible nueva crisis mundial sin Presupuestos desde 2023. Unas cuentas públicas aprobadas en otra legislatura, cuando su minoría, al menos, se apoyaba en una aritmética parlamentaria estable.
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Sánchez alega ahora que necesita flexibilidad para adaptar la respuesta a la evolución de "la crisis, probablemente, más grave" que le ha tocado abordar desde Moncloa.
Pero la realidad es otra: el Congreso está bloqueado, el Gobierno acumula derrotas tras la ruptura de Junts en noviembre y el calendario electoral en Andalucía le impide cumplir sus pactos con ERC, después de tres descalabros en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha acusado a Sánchez de retrasar las ayudas a familias y empresas por "narcisismo". El líder del PP sostiene que el presidente "antepone su interés y su relato a las urgencias económicas y sociales".
La decisión de aplazar los Presupuestos trata de servir de coartada al decreto de ayudas que esta madrugada aún se estaba redactando en Hacienda. María Jesús Montero avanzaba alivios en luz y gasolina, pero ha condicionado cualquier medida a que concite "consenso".
El miedo a una derrota sonora en el Congreso pesa más en Moncloa que el habitual regate corto. Lo que prueba dos cosas: que, sin Presupuestos, esta crisis es más grave y el Gobierno no puede permitirse que decaiga el decreto; y que, cuando le interesa, sí puede acordar, incluso con el PP, medidas de calado.
Pero España está entrando en una crisis global con un Gobierno sin apoyos, por primera vez en la democracia.
Desde hace meses, el Ejecutivo vive instalado en la aritmética imposible. Este jueves, hasta Sumar, socio minoritario en el Consejo de Ministros, amenazaba con no apoyar el decreto en el Congreso si no se incluían, una vez más, medidas para frenar los desahucios.
La ruptura definitiva de Junts, el pasado noviembre, dejó al Gobierno sin uno de los pilares que le permitían sobrevivir en el Congreso. Los de Carles Puigdemont vienen cumpliendo, a conveniencia, su amenaza de vetar todo lo que no le convenga y el Congreso es un campo minado para Sánchez.
Nunca fue así
La comparación con las grandes crisis globales anteriores es inevitable. En todas ellas, España tuvo un Ejecutivo más o menos estable, con Presupuestos en vigor, y con apoyos parlamentarios suficientemente sólidos para actuar.
En los años 70, los Pactos de la Moncloa permitieron encarar la doble crisis del petróleo con un acuerdo transversal inédito. Hoy, el Gobierno apela también al consenso, pero lo hace desde la debilidad y sin haber cumplido su obligación constitucional de, siquiera, presentar Presupuestos.
