Pablo Iglesias dice que ésta ha sido "la campaña más emocionante que he visto nunca y en la que probablemente nos estemos jugando más que nunca" contra "los enemigos violentos y arrogantes de la democracia".

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¿Emocionante? También dijo indecente, y vergonzante. Y sobre todo, también explicó de dónde nació Vox, y no es del PP... sino de Podemos: "¡La ultraderecha en España es una reacción antidemocrática a lo que implica Unidas Podemos!", sentenció antes de darle argumento a la frase: "Porque demostramos que se pueden cambiar las cosas, que la democracia a veces pueden funcionar".

¿A veces? Eso parece... Pero se ve que al líder de Unidas Podemos le va la marcha. Tanto como para hablar no una vez, sino dos, en el mitin de cierre de campaña de Unidas Podemos. 

Pablo Iglesias necesita salir en los telediarios por algo que no sean los escándalos que lo persiguen. Ni la detención de dos personas vinculadas a Podemos en los altercados contra el mitin de Vox en Vallecas, ni la apertura de diligencias en un juzgado de Madrid por el uso de dinero público del Ministerio de Igualdad para pagar una supuesta niñera.

No, Pablo Iglesias no es eso. Es un exvicepresidente del Gobierno y es candidato de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid este 4-M. Y eso quiere que se sepa... por eso en el mitin de cierre de campaña en Vicálvaro, el líder morado intervino dos veces, al inicio y al final. Para salir en la tele seguro.

En el mitin habló también la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que pidió al alcalde de Madrid que compita con ella en sus "récords de vivienda social". Intervino Isa Serra, "orgullosa y emocionada de que den los números para echar a Ayuso". Y Serigne Mbaye y Alejandra Jacinto, abogada antidesahucios... Alguien cantó que el próximo desahucio sea en la Zarzuela, y mientras Irene Montero y Yolanda Díaz tapaban su sonrisa tras la mascarilla, Iglesias aplaudía al ritmo del cántico.

Las propuestas

Comenzó el que ya no es vicepresidente levantándose de su silla, ubicada entre la de Montero y la de Díaz. Aún de día y con el sol entrecerrándole los ojos, anunció que se guardaba "una confesión nunca hecha" para el final. Y tras cebar el interés -más le valía, porque aún tenían que hablar al menos 10 intervinientes hasta que él regresara al micro-, Iglesias trató de colocar una cuantas propuestas en los primeros títulos que salieran en los medios a propósito de su intervención:

"¿Esto va del peligro de la ultraderecha o de propuetas? Pues ahí van unas propuetas". Y habló de los 1.000 millones de euros que ha prometido para la Sanidad "que saquen de la precariedad a los sanitarios y mejoren la atención primaria". Y los otros 1.000 millones para educación pública "que den para contratar a 10.000 profesores más que bajen la ratio y que la educación pública en Madrid no sea una vergüenza".

También habló de su promesa incumplida en el Gobierno, la "regulación de los alquileres". Y de una "bajada de impuestos a los autónomos que ganan menos y a los trabajadores que tienen salarios precarios"... eso sí, a cambio de "subírselos a los que tienen más de un millón de euros" o lo heredan.

"No me llamarían rata"

Después de este pequeño resumen de su programa electoral, Iglesias explicó por qué eso, en el fondo, sí tiene que ver con votar "contra la ultraderecha".

Porque dijo que es evidente que "si yo defendiera privatizar la sanidad y la educación, no me insultarían; si aquí propusiésemos bajar los impuestos a los ricos, no me llamarían rata". Y es que dijo Iglesias que "la derecha tiene miedo y cuando teme perder el poder, muestra su verdadera cara, que no es democrática".

Ahí vino toda la parte doctrinal del candidato morado, la que no tenía que ver con promesas, sino con la dicotomía entre "comunismo o libertad" o la pelea entre "fascismo y democracia".

Dijo el exvicepresidente que la ultraderecha acaba de darse cuenta de que "siendo demócratas y respetando las instituciones hemos llegado al poder y hemos cambiado las cosas". Y que ante eso, "se quitan la careta y dejan de ser demócratas". Porque, claro, "nunca creyeron en la democracia si no era para mantener sus privilegios".

"Banalizan el fascismo"

Iglesias arremetió contra el alcalde Almeida, por hacer bromas "con el mayor peligro que ha vivido Europa en el siglo XX". Y contra Ayuso por banalizar la libertad hablando de que eso es ir de cañas o no verte con tu expareja". Pero le dio una salida, una explicación a todo esto. "Lo que pasa es que cuando ven que pueden perder el poder, entonces enseñan su verdadera cara, la de enemigos arrogantes y violentos de la democracia".

Y también criticó a Felipe González y a Joaquín Leguina, "porque los pueden comprar, porque están acostumbrados a hacerlo". Al primero, al expresidente del Gobierno, lo acusó de "decir que somos más peligrosos que Vox". Y al segundo de haber aceptado "el sucio dinero" del PP de Ayuso para decir que la votará.

"Porque ese es su rostro, el de Ayuso, el de la ultraderecha, lo que siempre fueron, los que parasitan el CGPJ, los que infiltran a la ultraderecha en los sindicatos policiales, los que quieren mantener sus privilegios... y frente a ellos", dijo, "ley y orden".