Pedro Sánchez todavía no ponderaba hasta dónde se le iba a ir de las manos la polémica de su acuerdo con Bildu. Era viernes, no habían pasado más de unas horas desde que el PSOE había reclutado para su "mayoría de legislatura" a la coalición heredera de Batasuna y ERC, el partido que dio el golpe del 1-O en Cataluña, y el presidente se reunió en Moncloa con Pablo Iglesias.

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Su socio y pegamento con la izquierda independentista del Congreso traía nuevas peticiones a la cita, ésas que una fuente de Moncloa describe en conversación con este periódico "lo que se le quedó fuera".

De la sede de Presidencia salió Iglesias con un acuerdo que no le duró más de tres días, porque el martes Unidas Podemos, Esquerra y Bildu le daban un zarpazo al PSOE presentando una enmienda a los Presupuestos para prohibir los desahucios [consúltela aquí]. Un aspecto que, como dijo este miércoles José Luis Ábalos, "ya se había hablado, y si no está en el proyecto es porque no hubo acuerdo". Es decir, que los morados no pueden enmendar lo que ellos mismos han pactado.

Al día siguiente de que el Congreso rechazara las enmiendas a la totalidad presentadas por el PP y Vox, los socialistas todavía presumían de haber "acordado con partidos demócratas", y reprochaban que "las derechas sean tan indignas como para tachar eso de ser un radical". Y en Unidas Podemos se cantaba victoria, por haber puesto a Ciudadanos casi fuera de la foto... la sintonía entre Sánchez e Iglesias parecía ser total.

Pacto de caballeros

Según detallan fuentes concedoras, esa reunión entre presidente y vicepresidente segundo se celebró "en un ambiente distendido". Y en ella, Iglesias arrancó un pacto verbal a Sánchez a propósito de la reclamación morada de prohibir todos los desahucios. Tal como confirman fuentes de ambas partes del Ejecutivo, el socialista pidió calma al morado porque él mismo se iba a encargar de suavizar la negativa del equipo económico del Gobierno.

Con Nadia Calviño al frente, el ala que ahora mismo acumula más poder en el Consejo de Ministros se completa con María Jesús Montero y José Luis Escrivá. Todos ellos han tenido serios enfrentamientos con Iglesias y otros líderes de Unidas Podemos, y siempre por lo mismo: la vicepresidenta tercera considera que las medidas de apoyo a los sectores más afectados por la Covid "deben poder aplicarse, no ser sólo anuncios vistosos", y el ala morada del Gobierno "trabaja por la vía mediática".

Es decir, según Moncloa, llevando a la prensa, las televisiones y a su Twitter los temas con los que quiere marcar la agenda. Lo logró con los manifiestos contra el PP y contra Vox, en los que logró unir los logos del PSOE a formaciones hasta ese momento imposibles, como la CUP y Bildu, por ejemplo. Así se hacía más fácil tragar el voto de los independentistas radicales a los Presupuestos. "Y ahora le hace a Calviño lo que le hizo a Escrivá con el Ingreso Mínimo Vital, en abril", explica una fuente cercana al Gobierno.

Este miércoles, exactamente a la misma hora en que Calviño comenzaba una entrevista en Onda Cero, Iglesias arremetía contra ella en Twitter. Con unas palabras inequívocamente ofensivas, la atacaba -achacando a "enemigos muy poderosos" que estarían presionando a Calviño- el hecho de que el Gobierno no apruebe su iniciativa contra los desahucios: "Basta encender la radio para comprobarlo".

Ese viernes en Moncloa, Sánchez e Iglesas eran conscientes de que ya había voces internas en el Gobierno que reprochaban al líder de Unidas Podemos que hubiera presumido en público de que "Bildu y ERC se hayan convertido en una mayoría de legislatura" y que pasaran a formar parte de "la dirección de Estado". Pero el presidente no le transmitió queja alguna.

"No ha sentado bien"

Hoy ya no es igual. En Moncloa piensan que es legítimo que cada partido de la coalición lleve su estrategia, y que Iglesias se apresurara a marcar terreno desde el mismo miércoles en que Arnaldo Otegi anunció su disposición a apoyar las cuentas públicas. Pero lo que el ala socialista del Gobierno -y el mismo PSOE- no está dispuesto a aceptar es una acción que consideran que fue a traición.

"Esa enmienda con ERC y Bildu no ha sentado bien", explican desde Presidencia. En el equipo más cercano al jefe del Ejecutivo se toma como una afrenta que el vicepresidente segundo saliera el viernes de Moncloa con un acuerdo y el martes lo traicionara "enmendando sus propios presupuestos".

En las oficinas de Presidencia hay "preocupación" y se busca ahora la manera de apagar el fuego de la enmienda, "pero ya sabemos cómo actúa Iglesias, habrá más de eso". Según los colaboradores de Sánchez, las negociaciones entre Montero y el representante morado, Nacho Álvarez, fueron bien, "pero Podemos sabe que la puerta ya se ha cerrado y trata de sacar mierda para presionar".

En todo caso, el presidente está tranquilo: ya nadie duda de que las cuentas sañdrán adelante, y hasta ha peusto fecha a la votación final en el Congreso, el 29 de diciembre. "Nadie aquí hemos vivido un gobierno de coalición, es de suponer que pasarán cosas iguales en otros por Europa", comenta esta fuente del Gobierno. "Claro que Iglesias tiene un elemento histriónico... ¿no? Eso sí es diferente".