Los relevos y purgas que se están produciendo en el partido de Carles Puigdemont de cara a las elecciones catalanas puede, indirectamente, reforzar la mayoría parlamentaria con la que cuenta el Gobierno de coalición.

Los cambios en el Ejecutivo catalán hechos por el presidente de la Generalitat, Quim Torra, han partido por la mitad al grupo de Junts per Catalunya en Madrid. De los ocho diputados que ostenta la formación en el Congreso, cuatro forman parte de los fieles de Puigdemont mientras que los cuatro restantes son más afines a la línea del PDECat, el partido fundado por Artur Mas para tratar de desmarcarse de los problemas de corrupción de la extinta Convergència.

La portavoz de JxCat en la Cámara Baja, Laura Borràs, junto a Míriam Nogueras, Mariona Illamola y Jaume Alonso-Cuevillas (diputado y abogado de Puidemont) mantendrán la línea marcada desde Waterloo.

Por contra, Ferran Bel, Sergi Miquel, Concep Cañadell y Genís Boadella, que algunos de ellos ostentan cargos orgánicos en el PDECat, no están dispuestos a diluirse bajo el hiperliderazgo de Puigdemont.

Ambos espacios -JxCat y PDECat- decidieron concurrir unidos en las últimas elecciones con el fin de optimizar sus resultados frente a ERC. Sin embargo, las fricciones entre corrientes hace tiempo que permanecían latentes hasta que la inminencia de unas nuevas elecciones en Cataluña y la necesidad de reorganizarse ha hecho saltar por los aires la coalición.

Pulso a ERC

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A nadie se le escapa que Torra ha remodelado el Govern pensando en aguantar el pulso a ERC para que cite a los catalanes a las urnas, pero al mismo tiempo ha roto todos los puentes con el PDECat. Y esta división, explican fuentes del partido de Puigdemont, es mucho más profunda en Madrid.

“El Congreso está muy polarizado. Los de JxCat son muy de JxCat y los del PDECat son muy del PDECat. Veo difícil que el grupo se pueda mantener”, afirman.

Esta descomposición del grupo puede provocar que los cuatro diputados del PDECat opten por sumarse a la mayoría parlamentaria con la que cuenta Pedro Sánchez e, incluso, dar su apoyo a los Presupuestos.

Los herederos de la antigua Convergència han visto disminuir su influencia en Madrid con su adscripción a las tesis más radicales del nacionalismo. Por contra, ERC ha ido ganando peso como fuerza hegemónica en el espacio catalanista con una política pragmática y de llegar a acuerdos con el Gobierno.

Ya sin el control férreo de Puigdemont, estos cuatro diputados podrían desmarcarse de la “política de la confrontación” impuesta desde Waterloo. Aunque a nivel parlamentario no tendría efectos significativos, políticamente serviría para marcar un perfil propio de cara a las elecciones catalanas. 

Todo apunta a que el PDECat intentará hacer valer su "estructura territorial" para concurrir por separado -o con una alianza con el nuevo partido Partit Nacionalista de Catalunya- y tratar de arrebatarle a Puigdemont una porción de su electorado.

Precedente Pascal

En el PDECat recuerdan el precedente de Carles Puigdemont con Marta Pascal. La ahora líder del Partit Nacionalista de Catalunya fue una de las principales muñidoras de la moción de censura contra Mariano Rajoy.

Esta jugada fue muy mal recibida por Waterloo, lo que precipitó la salida de Pascal, Carles Campuzano y Jordi Xuclà de JxCat.

Puigdemont logró imponer su voluntad a través de Míriam Nogueras, su principal aliada en la capital. Tras las últimas elecciones generales, confió en Borràs para reforzar su estrategia de boicot en Madrid.

Ahora su guardia pretoriana ha quedado reducida a la mitad e, indirectamente, puede ser un favor para los intereses de Sánchez, que vería aumentada su exigua mayoría en las Cortes.