Carles Puigdemont cumplirá este octubre tres años en Waterloo fugado de la justicia española y, según dijo, “teletrabajando” para mantener el control de su partido desde el extranjero. Así se expresó cuando, con la irrupción del coronavirus, aseguró que el “teletrabajo funciona”: “Menos tráfico. Menos CO2. Menos tiempo. Menos gastos”.

Manu militari y desde Bélgica ha logrado imponer su voluntad no solo a su elegido para presidir la Generalitat tras su huida -el todavía presidente Quim Torra- sino también para soltar amarras con el PDeCAT y redoblar su pulso con el Estado mediante lo que ha bautizado recientemente como “confrontación inteligente”.

El exmandatario catalán es consciente de que sigue siendo el principal activo del magma de siglas que se agruparon bajo Junts per Catalunya (JxCat). Sin liderazgos alternativos. Además, cuenta con mayor visibilidad que su rival directo y líder de ERC, Oriol Junqueras, quien está cumpliendo condena en prisión por sedición.

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La popularidad con la que cuenta ha propiciado que todos los presos del 1-O y la mayoría de consellers de su espacio político rompan el carnet de PDeCAT y le apoyen en su nueva aventura en solitario. Otras dirigentes, como la portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, o la alcaldesa de Gerona, Marta Madrenas, también forman parte de su guardia de corps.

Tanto Puigdemont como su guardia pretoriana saben que las próximas elecciones catalanas ofrecen quizás la última oportunidad para hacer valer su posición de choque frontal con el Estado y demostrar que el giro pragmático de ERC es un error.

Para ello, Puigdemont ha laminado toda disidencia o corriente crítica con su estrategia frentista dentro del partido. Entre sus principales víctimas se encuentran Marta Pascal, ahora líder del nuevo partido Partit Nacionalista de Catalunya, y los exdiputados Carles Campuzano o Jordi Xuclà, quien llevaban más de 20 años en la órbita de Convergència.

El líder de JxCat nunca les perdonó el papel que desempeñaron como diputados para fraguar la moción de censura contra Rajoy. Para Puigdemont era mejor contar con el PP en Moncloa para “mantener vivo el conflicto” que con un Pedro Sánchez dispuesto a “dialogar”.

Ahora, con la recién ruptura con el PDeCAT, Puigdemont busca recortar distancias con ERC -quien ganó las últimas elecciones generales en Cataluña- y desvincularse definitivamente de la corrupción del 3%.

Pujolismo y caso 3%

El juez que investiga el caso consideró que las nuevas siglas de PDeCAT eran solo una estrategia para desviar su responsabilidad de los casos de corrupción del partido fundado por Jordi Pujol. “No queremos contaminarnos con los problemas de corrupción del PDeCAT”, explican fuentes del partido de Puigdemont a EL ESPAÑOL.

La figura del líder huido seduce a una gran parte del electorado de centro y centroizquierda catalán mientras que el PDeCAT sigue vinculado al “pujolismo” y a la corrupción del 3%. Por esta razón, su alejamiento de Artur Mas resultó definitivo para sacudirse la etiqueta de representar el "centroderecha" nacionalista. En este sentido, Mas también representa uno de los damnificados por el personalismo de Puigdemont.

No obstante, el principal problema del divorcio con el PDeCAT que ven las fuentes consultadas es que los herederos de la extinta Convergència “conservan alcaldes y estructura territorial”.

De momento, solo la consejera de Empresa, Àngels Chacón, permanece en las filas del PDeCAT. Y para no ahondar en la guerra entre antiguos socios, desde JxCat buscan proteger los grupos municipales donde los concejales no estén alienados con PDeCat o JxCat.

En Reus, por ejemplo, se deberá buscar un acuerdo interno ya que concejales como Carles Pellicer es del PDeCAT mientras Montse Vilella o Teresa Pallarès forman parte de JxCat.

En la misma línea, en zonas com Anoia, Lérida, Tarragona, Baix Ebre o Bages la estructura del PDeCAT es importante. En cambio, Barcelona y su área metropolitana se inclinan por Puigdemont.

Candidato efectivo

El próximo paso de Puigdemont será elegir su “candidato efectivo” a presidir la Generalitat. Como informó este medio, los nombres que suenan con más fuerza son los de Damià Calvet, Jordi Puigneró o Elsa Artadi. (Laura Borràs se descartó por su imputación en un presunto caso de contratación irregular cuando estaba al frente de la Institució de Les Lletres Catalanes).

Como ha venido haciendo hasta ahora, el exmandatario catalán quiere contar con un perfil como el de Torra, quien ha ejercido como su “vicario”. Puigdemont no está dispuesto a dar por finiquitada la influencia que tiene en la Generalitat y los próximos meses serán clave para encontrar otro candidato que le demuestre la misma fidelidad.