"Necesitamos limitar dos derechos, para salvaguardar otros dos", lamentó Sánchez para argumentar que necesita dos semanas más de estado de alarma contra el coronavirus. "Sí, hay que limitar la movilidad y la reunión, para garantizar la salud y la vida".

El presidente del Gobierno hizo un discurso de 40 minutos en el Congreso para justificar su cuarta petición de prórroga a la excepcionalidad. Y apeló a las decisiones "morales", evocó las llamadas de la "Historia" y echó cuentas de su "esfuerzo".

Con paralelismos de este tipo, el presidente del Gobierno argumentó su petición. Volvió a la imagen de bélica contra el virus, Sánchez comparó su "cuarto de millón de bajas en el mundo" con las de la guerra de EEUU en Vietnam. "Ha paralizado la economía, ha encerrado a la mitad de la humanidad...".

Sánchez pide a los grupos que "no priven al Gobierno del arma contra el virus"

"Cualquiera entiende que primero hay que mantener al enemigo a raya y luego, ya, vencerlo. "Para eso hemos cedido parte de nuestras libertades, que ha sido lo más duro; pero ahora queda lo más difícil, recuperar poco a poco nuestra vida mientras nos protegemos y protegemos al resto de ciudadanos".

Derechas y de izquierdas

Para el presidente, "no es momento de reproches, pero esto nos va a marcar para siempre. ¿Seguimos juntos o rompemos filas?", preguntó a la Cámara. "Es una opción política, pero también moral: son vidas gallegas, extremeñas, catalanas, de derechas y de izquierdas". Y en ese punto, miró a la derecha: "Hay límites a las opciones políticas, señorías, y el más sagrado es el de la salud".

Para Sánchez, la meta está cerca: "Les exhorto a perseverar, en pocas semanas, si seguimos juntos, podremos celebrar la primera victoria frente al virus, pero ese momento aún no ha llegado".

Y esa línea argumental le llevó a concluir que el voto favorable "se lo debemos a los fallecidos, que han pagado el precio más alto, a los enfermos recuperados y a los aún hospitalizados, a los miles de sanitarios que llevan dos meses luchando, a los policías, a los militares, a los trabajadores, a los mayores y a los más pequeños que han renunciado a tanto..."

Tranquilidad  

Decían las fuentes del Gobierno que Pedro Sánchez estaba tranquilo desde el mismo fin de semana, a pesar de que los socios nacionalistas e independentistas estaban escenificando un teatro de enfados y desafecciones públicamente.

Eso decían, pero no sería tan verdad cuando al presidente no le quedaba más remedio que negociar todo el martes y anunciar a bombo y platillo su acuerdo con Ciudadanos. O cuando filtraban a este periódico que Carmen Calvo había hecho llamadas de última hora para rogar a PNV y ERC un cambio de postura.

Pedro Sánchez reflexiona en su escaño en el inicio de la sesión del Congreso. Efe

El caso es que Sánchez sí llegó tranquilo a la sesión parlamentaria de punto único en el orden del día: la cuarta prórroga del estado de alarma, decretado el pasado 14 de marzo por la fuerza mayor de la epidemia del coronavirus. A primera hora de la mañana, el PNV decía a cambio de un compromiso fehaciente de que acordará con cada Comunidad Autónoma "aspectos clave" de la lucha contra la pandemia como la circulación de personas o medidas de contención.

Porque tras las palmas y fanfarrias al acuerdo con Cs, que pone a Inés Arrimadas en una posición nueva para celebrar su flamante cargo de presidenta de los liberales, vino el pacto con el PNV: los votos estaban asegurados antes del pleno, que se iniciaba -esta vez sí- con un minuto de silencio por las más de 25.000 víctimas mortales del Covid-19.

Desubicar al PP

Con eso y con un anuncio del presidente del Gobierno: cuando recuperemos la iniciativa frente a la emergencia sanitaria, "al inicio de la fase 1", habrá luto oficial en el país y "un acto público de homenaje a las víctimas"... así, si el acuerdo con Ciudadanos dejaba al PP en una posición difícil, estos dos pasos, tan reclamados por Pablo Casado, de palabra y de obra, parecía buscar descolocarlo aún más.

Lo cierto es que, a pesar del acuerdo con Arrimadas, que prevé una alarma "sólo mientras sea estrictamente necesaria", el presidente volvió a utilizar el argumento de que las ayudas están vinculadas a esta excepcionalidad: "Levantar el estado de alarma ahora sería un error absoluto e imperdonable", sentenciaba Sánchez. "Porque estas ayudas se otorgan bajo el paraguas del estado de alarma".

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defiende la cuarta prórroga del estado de alarma en el Congreso. Efe

Puso como ejemplo los programas contra la violencia machista, la extensión de los contratos a los profesores, las ayudas a los sin techo... Eso podría cambiarse vía decreto, como reclama el PP -cuyo líder incluso prometió aprobarlo si se redactaba-, pero Sánchez no quiso siquiera mentarlo.

Pero el jefe del Ejecutivo jugó durante todo su discurso al palo y la zanahoria. Si había argumentos para golpear a quienes no lo quieren renovar, daba inmediatamente otros para alimentar a los que sí votarán a favor de la cuarta prolongación del estado de alarma. "La enfermedad está siendo controlada", aseveró desde el atril. "Gracias a nuestros sacrificios, podemos iniciar la transición, y para eso necesitamos el mismo instrumento, es imprescindible". 

La Unión y la unión

Otro juego de espejos que manejó Sánchez fue usar el nombre de la UE para reclamarlo en el Congreso. "Sólo hay un camino, el de la Unión Europea y el de la unión aquí en España". Según Sánchez, "los resultados en la UE no son satisfactorios todavía, pero van en la dirección correcta"... la misma dirección que le reclamó, sin nombrarlo una vez más, al PP. "El camino es arduo, pero es el que hemos elegido, todos juntos".

El presidente, cómodo en este punto, dijo que "estamos venciendo a la pandemia, sí; pero ya tenemos aquí la emergencia económica", añadió. "Y hemos decidido no dejar a nadie atrás". El problema es que el coronavirus, dijo, pasa "una factura de 139.000 millones de euros". Y que "tardaremos no menos de dos años para recuperar el terreno económico perdido", admitió. 

Como siempre desde el inicio de la emergencia, Sánchez tuvo tendencia a la verborrea larga. Trufó su discurso de repasos a las cifras, de recuerdos a decisiones tomadas, de explicaciones repetidas sobre las fases de la desescalada...

Este último punto añadió una lectura interesada de la orden ministerial emitida el pasado domingo sobre la "cogobernanza" con las CCAA para la desescalada. Escondiendo ahí la rematización al asunto pactada a última hora con el PNV, el presidente presumió de su capacidad de acuerdo: "Las autonomías podrán hacer sus propuestas, el Ministerio de Sanidad las valorará y por supuesto se llegará a un consenso".

Sánchez, Calvo e Iglesias guardan un minuto de silencio por los más de 25.000 muertos del coronavirus. Efe

Una cifra no oficial

El presidente volvió a hacer lo mismo que hace dos semanas: adelantar en el Congreso la cifra de nuevos contagiados del día, anticipando un dato que aún no era oficial. "Ayer hubo 685 contagiados", anunció, "y con ser una cifra baja comparada con las que llegamos atener, hay que recordar que un solo contagiado en China puso en jaque a toda la humanidad en 100 días".

Así que "no hay recurso político noble que justifique levantar el estado de alarma", apuntó. "Ni es un recurso retorcido para el centralismo, ni es un ardid para limitar las libertades", afirmó respondiendo a las alegaciones nacionalistas y conservadoras a esta nueva prórroga. "Sólo limitamos la reunión y la circulación para evitar contagios. No hay otro interés que salvar vidas y culminar este esfuerzo, no hay otro objetivo que recobrar cuanto antes nuestra actividad laboral".

Así que, "con solemnidad y sin reproches les pido que no priven al Gobierno del arma jurídica imprescindible que permite luchar contar el virus".