Cuando Cayetana Álvarez de Toledo e Irene Montero discutieron acerca de la sentencia de la violación de Manresa, el representante de Vox decidió mantenerse al margen y reservar su tiempo para una intervención más larga. En ese instante, quedó reflejada la estrategia confeccionada por Iván Espinosa de los Monteros de cara al debate: no verbalizar las medidas más duras de su programa. Una entrada en el establishment que se consumó sin muros para los inmigrantes, sin derogación de la ley de violencia de género o sin armas para la defensa propia. Ni siquiera exigió la detención de Torra.

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Cuando la discusión versó sobre la violencia de género, todo parecía dispuesto para que el diputado de Vox se lanzara a enarbolar el concepto de la "violencia intrafamiliar", ese titular con el que Abascal dice combatir "el discurso de la izquierda". Espinosa, en ese trance, no recordó al Ortega Smith que se presentó con una pancarta de su partido en el minuto de silencio institucional por una víctima del machismo.

En lugar de entrar en esa discusión tan escabrosa, prefirió girar hacia la vertiente penitenciaria del asunto: "Nosotros proponemos cadena perpetua para los asesinos y los violadores. Reinciden. No queremos que vuelvan a salir a la calle".

"Quiero hablar de inmigración", insistió el representante de la derecha radical. Y en ese espacio, cabía presumir, iba a apostar por levantar muros, expulsar en caliente, tachar de mafiosos a los impulsores del Aquarius o echar del país, sin ambages, a todos los irregulares... Pero tampoco lo hizo.

Espinosa de los Monteros sí apuntó la "necesidad de dotar de más recursos a la Guardia Civil" que trabaja en la valla de Melilla, "a quienes lanzan heces y ácido". También habló de los Menas -Menores no acompañados- y del "miedo que generan a niños y ancianos". Pero tampoco hubo rastro, por ejemplo, de la legalización de las armas en los domicilios para ser empleadas en defensa propia.

"Vox gusta cada vez a más gente"

Precisamente, el portavoz de Vox marcó diferencias con PP y Ciudadanos en el bloque que menos encontronazos suscitó: la economía. Una circunstancia que cosechó muchas menos interrupciones que las demás. Espinosa de los Monteros recriminó al Partido Popular el "endeudamiento" con el que Rajoy "castigó" a las "familias españolas" y llamó al "camino de la austeridad": "Sabemos hacer las cosas mejor con menos dinero".

También definió el marxismo como esa ideología que "lleva a la pobreza y la miseria". Una afirmación similar a las vertidas por mandatarios de PP y Ciudadanos en otras ocasiones.

Cuando se enfrentó a Arrimadas, Espinosa no eligió la estridencia. Acusó a Ciudadanos de ser "probablemente el mayor culpable de la repetición electoral" porque "primero no querían nada con Sánchez y luego cambiaron de opinión": "Si lo hubieran hecho antes...".

Epinosa de los Monteros enarboló a Vox como el mejor remedio para "frenar a Sánchez", "un partido que cada vez le gusta a más gente". Y para "gustar", Espinosa eligió la moderación -respecto a lo que venían proponiendo-.

La excepción de Cataluña

En cuanto a la crisis de violencia desatada en Cataluña, Espinosa de los Monteros sí abrió un abismo con PP y Ciudadanos. Habló de aplicar el estado de excepción mediante el artículo 116 de la Constitución. Un mecanismo que permite, por ejemplo, registrar domicilios sin orden judicial y que contempla, en su última fase, la entrada en escena del ejército. También la suspensión de las comunicaciones o el cierre de medios informativos.

Rufián, irónico, le afeó: "¡Todos a la cárcel!". Y él respondió: "Claro que sí. Funciona así. Quienes incumplan la ley van a la cárcel".