Pablo Casado ha encontrado en los pactos municipales y autonómicos las botellas de oxígeno que necesitaba para bucear el batacazo de las elecciones generales. El delicado equilibrismo con el que ha conjugado los apoyos de Ciudadanos y Vox le ha reportado una influencia territorial que ya acalla a sus detractores dentro del propio PP.

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Aunque la formación conservadora regirá menos municipios que en 2015, gobernará para más gente. Un logro sostenido por la conquista de ciudades importantes que estaban en manos de PSOE o Podemos: Madrid, Zaragoza, Oviedo, Córdoba...

Las negociaciones, admite uno de los dirigentes más cercanos a Casado, han granjeado "mucha tranquilidad" al proyecto. Esta misma fuente reconoce que combinar el "sí" de Rivera y Abascal "no ha sido nada fácil".

Cuando Casado se estrelló el pasado 28 de abril, algunos de sus barones, en público y en privado, airearon sus propios diagnósticos y soluciones. Que si la vuelta al centro, que si el viraje a la derecha, que si los candidatos no fueron bien elegidos... Las maniobras del presidente popular, aunque in extremis, han contenido la hemorragia de sufragios que adelgazaba las estructuras de Génova. Los tan criticados Ayuso y Almeida, sacan pecho los casadistas, han triunfado contra todo pronóstico.

Entre las capitales de provincia perdidas, destacan los asesores de Casado, no se encuentra ninguna gran ciudad, mientras que Madrid, Zaragoza o el mantenimiento de Málaga engordan el capítulo del haber.

Ocupar el "centro" -entre Cs y Vox-

Uno de los problemas más incómodos para Casado tras el 28-A era el adelantamiento con el que amenazaba Albert Rivera. El liberal aprovechó su ostensible crecimiento para autoproclamarse "líder de la oposición". En Génova temían que los resultados de las generales se tradujeran con fidelidad a los de las municipales. No fue así. No hubo sorpasso.

Teodoro García Egea y Javier Maroto, apodados "negociators" entre los suyos, han liderado las conversaciones de las que dependía Casado para evitar el descalabro. Aprovechada esa ausencia de sorpasso, han obtenido los apoyos de Ciudadanos, que además ha tragado indirectamente con algunas exigencias de Vox. Véase la ciudad de Madrid, donde la formación en el extremo derecho del tablero presidirá distritos, en contra de lo deseado por Rivera.

"Después de este proceso, queda muy claro que nosotros lideramos el bloque del centro derecha. Estamos en el centro, entre Ciudadanos y Vox", celebra un cercano asesor de Casado.

Las cesiones del PP a Rivera pueden contarse con los dedos de las manos y sólo se refieren a alcaldías como Palencia o Badajoz -aquí se la repartirán dos años cada uno-. Según ha sabido este diario, García Egea se muestra muy confiado con los suyos de cara a abordar los pactos autonómicos.

Les traslada que la "partitura" ya está escrita y recurre a esta metáfora musical: "Interpretar la Novena Sinfonía de Beethoven es muy difícil, pero lo es todavía más escribirla. Y eso ya lo hemos logrado". Unas palabras en clara referencia a la incomodidad que genera en Ciudadanos el papel imprescindible de Vox en la ecuación.

Perdida La Rioja y bien atadas Andalucía y Galicia, el próximo reto de Casado pasa por extrapolar la técnica municipal al terreno autonómico y mantener la Comunidad de Madrid, la Región de Murcia y Castilla y León. Muy difícil, casi imposible, será la misión en Aragón y Canarias.

La estrategia de Génova, ha testado este diario de varias fuentes, parte de una premisa que engloba todo lo demás: los populares creen que PP, Ciudadanos y Vox buscan -con contadas excepciones en el caso de Rivera- apartar a "la izquierda". Eso, discurren, les condena a entenderse.