Albert Rivera se ha anotado una victoria política ante Mariano Rajoy con la rebaja del IRPF. No sólo por el hecho de arrancar al Gobierno el compromiso de un alivio fiscal en 2018 sino sobre todo por la manera de conseguirlo. Ciudadanos ha logrado quizá por primera vez en la legislatura diferenciarse claramente del PP en política económica y no sólo en corrupción. El partido naranja ha aprovechado el giro de Pedro Sánchez, ausente de la negociación, para forzar a Cristóbal Montoro a pasar del "no hay margen" al "sí" en apenas unos días.

Noticias relacionadas

Ciudadanos ha anunciado este miércoles que los impuestos bajarán en 2018. El impacto de la medida será de unos 2.000 millones de euros. Los detalles de la rebaja no se negociarán hasta después del verano, cuando se presenten los Presupuestos. A cambio, Montoro ha obtenido el apoyo de los 32 diputados naranjas al decreto del techo de gasto, que se votará en el Congreso el 11 de julio. El Gobierno tiene en su mano repetir con el techo de gasto la mayoría de los pasados Presupuestos. Es decir, los 176 escaños que suman PP, Ciudadanos, PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias.

El almuerzo Rajoy-Rivera

La primera vez que Ciudadanos planteó al Gobierno la rebaja del IRPF fue en almuerzo que Rajoy y Rivera mantuvieron en el Palacio de la Moncloa el pasado 27 junio. Horas antes de la comida, en la rueda de prensa en la que Rivera presentaba su propuesta de ley para regular la gestación subrogada, el líder de Ciudadanos condicionó públicamente su apoyo al techo de gasto a la bajada de impuestos.

Dos factores contribuyeron a que Ciudadanos diera el paso. El primero, económico. Luis Garicano, Toni Roldán y Francisco de la Torre, que lideran el equipo económico de Rivera, hicieron sus cálculos y concluyeron que era posible. Ciudadanos entiende que España saldrá del procedimiento de déficit excesivo, y por lo tanto de la vigilancia de Bruselas, en 2018. Ciudadanos entendía que había margen, si además se tenían en cuenta las previsiones de crecimiento.

El segundo factor fue político. La nueva línea de oposición marcada por Sánchez dejaba al PSOE fuera del acuerdo. Sin ellos, Ciudadanos ganaba peso y sus votos eran imprescindibles para el Gobierno. Rivera tomó la delantera al comunicar a los medios lo que horas después le dijo a Rajoy cara a cara.

La reacción del Ministerio de Hacienda fue negativa. Días antes, Montoro había descartado bajadas de impuestos en 2018 en el Foro Cinco Días. “Hay que dejar zanahorias” para el final de legislatura”, dijo. La primera reunión de Montoro con el equipo económico de Ciudadanos acabó sin acuerdo. Hacienda pidió al partido naranja que buscasen otra exigencia. Rivera anunció que se levantaban de la mesa.

El desencuentro duró poco. El propio Montoro, los portavoces del PP y el resto del Gobierno empezaron a corregirse días después. Lo que era un “no” pasó a “quizá”. El “quizá” ha terminado en un “sí quiero". En Ciudadanos están satisfechos por lo logrado y por cómo se ha logrado.

El error del año pasado

A finales del año pasado, Rivera resbaló en la misma negociación del techo de gasto. El Gobierno logró entonces el apoyo del PSOE a cambio de un decreto de subida de impuestos y una subida del 8% del salario mínimo interprofesional. Rivera se quedó en fuera de juego. Primero dijo que no apoyaría un gasto inferior al del año anterior, y acabó haciéndolo. Con la subida de impuestos se abstuvo.

La historia ha acabado de manera bien diferente este año. La rebaja todavía debe concretarse. El compromiso de su impacto es de 2.000 millones. Un dinero que, según Ciudadanos, puede salir de la partida de 2.100 millones destinada al complemento salarial que finalmente financiará la Unión Europea.

Garicano o Roldán han ido dejando algunas pistas en las redes sociales de a quién beneficiará la rebaja. Serán sobre todo las rentas más bajas y las familias con hijos. Lo que debe negociar ahora es la fórmula: deducciones, devoluciones... Garicano, por ejemplo, dejó un hilo en su cuenta de Twitter sobre el tipo marginal de IRPF que pagan los mileuristas. El mismo 45% que los más ricos. Por ahí van a ir los tiros de la negociación.