Zona afectada por el incendio de Niebla (Huelva)
Huelva y el 'déjà vu' de los grandes incendios: "No es simple casualidad que se queme tanta superficie"
Los expertos buscan patrones para prevenir catástrofes parecidas como las de Riotinto en 2004 y Niebla este verano.
Más información: El incendio de Niebla se estanca y abre paso al optimismo tras devastar 38.000 hectáreas: 114 desalojados regresan a casa.
El incendio de Niebla es ya el más devastador de la historia en Andalucía. Una "terrible bestia", en palabras del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, que ha devorado más de 38.000 hectáreas.
El escenario en el que se viene desarrollado este fuego no difiere mucho del segundo incendio más importante en la región por superficie quemadas: el de Riotinto, en 2004. Arrasó 34.000 hectáreas y obligó a desalojar muchas localidades que han vuelto a verse ahora afectadas.
Para cerrar el triste podio, Huelva también ha sido escenario del tercer y cuarto fuego más devoradores: el de Almonaster la Real (2020), con 15.000 hectáreas, y el de Las Peñuelas/Moguer (2017), con 10.340 hectáreas.
La provincia concentra un tercio de las intervenciones del Plan Infoca este verano y, desde que empezó el año, 48 de sus 80 municipios se han visto afectados por un incendio o un conato.
¿Por qué Huelva es especialmente vulnerable a los incendios forestales? ¿Por qué concentra fuegos de tanta magnitud?
"No es una simple casualidad, sobre si hablamos de la superficie que llega a quemarse en los grandes incendios", señala a EL ESPAÑOL Toni Jordán, profesor del departamento de Mineralogía, Cristalografía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla.
Huelva reúne varios ingredientes que facilitan la rápida propagación: "Sequedad extrema en gran parte de la provincia, temperaturas elevadas, viento, grandes superficies de vegetación continua y una importante presencia humana en el territorio".
La proporción de terreno forestal es "muy alta" en Huelva respecto a otras provincias andaluzas: "Masas de pinar, eucaliptal, matorral y dehesas, además de espacios naturales protegidos. En algunas zonas, estas superficies forman auténticos corredores de vegetación".
Pavesas 'voladoras'
En Niebla, el eucalipto ha sido una de las claves de la virulencia del incendio, con más del 40% de presencia de esta especie, el "árbol gasolina", en el área afectada. De hecho, la Junta quiere sustiturlos por otras especies autóctonas.
Cuando un fuego se desata en este entorno y condiciones "encuentra combustible prácticamente sin interrupciones", precisa Jordán.
"A esto se suman el clima y las condiciones meteorológicas. Durante la primavera y, sobre todo, el verano, pueden coincidir temperaturas muy altas, humedad ambiental muy baja y episodios de viento. La vegetación responde rápidamente a estas condiciones", añade este experto.
Si se suma el viento, "el fuego puede avanzar más deprisa, las llamas se inclinan sobre la vegetación y las pavesas pueden viajar varios cientos de metros e incluso más, originando nuevos focos por delante del frente principal".
La orografía y el uso del territorio también son importantes en el caso de Huelva, ya que, señala el experto, "combina grandes superficies forestales con agricultura, explotaciones ganaderas, carreteras, viviendas, infraestructuras, actividades recreativas y un importante tránsito de personas".
Aunque el uso tradicional del monte está recomendado, "debe ser bajo unas condiciones de prudencia y regulación".
"Cada una de estas actividades supone posibles puntos de contacto entre las personas y la vegetación. Una maquinaria agrícola, una quema, una chispa, una colilla, una línea eléctrica o incluso una actividad recreativa pueden convertirse, en determinadas circunstancias, en el origen de un incendio", explica el profesor.
En Huelva, las incendios de grandes dimensiones alcanzan ya una categoría de déjà vu. Eso debe servir "de señal que merece ser estudiada".
"No estamos hablando simplemente de incendios aislados en puntos diferentes del mapa. Conviene preguntarse qué está pasando en esos territorios: qué usos del suelo existen, cómo se gestiona la vegetación, qué actividades humanas se desarrollan allí y cuáles son las condiciones que se repiten cada vez que aparece un nuevo foco".
El factor humano
Además de ello, el factor puramente humano como detonante de la catástrofe es importante. Por ejemplo, en el caso de Riotinto en 2004 fue el desencadenante intencional.
En el caso de Niebla una colilla podría estar detrás del fuego. Basta poco. "Un incendio puede empezar con un gesto aparentemente pequeño, pero sus consecuencias pueden multiplicarse cuando el territorio está seco, hace calor y sopla el viento", explica Jordán.
Así, la prevención debe abarcar todos los rangos y factores, no solo para evitar que la mecha prenda sino para que lo haga con la rapidez y la virulencia de los incendios que está viviendo Andalucía este verano.