En 2020, más de 40.000 inmigrantes llegaron a las costas españolas tras haber pasado por una de las travesías más duras que existen.
Cientos de kilómetros embarcados en una patera hinchable con decenas de personas a bordo y en mar abierto. Muchos de ellos no sabían nadar. Tampoco si llegarían vivos a su destino.
Buba fue uno de los que los consiguió y seis años después ha montado su propia churrería en Cádiz.
Natural de Tambacounda, una ciudad de Senegal, siendo solo un adolescente se montó en una de estas lanchas "de plástico" -organizadas por las mafias- dispuesto a cruzar el Estrecho.
Lo hizo además "sin dinero" y a escondidas de sus padres. "Sabía que obtendría un 'no' por respuesta" si les decía que se iba del país.
Para pagar a quienes planifican estos viajes, Buba estuvo trabajando en su tierra natal "muchísimos meses" hasta conseguir ahorrar la cantidad necesaria para pagarle a la organización criminal. 7.000 euros, ni más ni menos. Después de esto, se quedó con "20 euros" para 'sobrevivir' al resto del viaje.
Tres días de viaje
La travesía duró tres días. Tiempo suficiente para que el joven lo recuerde como "una de las peores experiencias" a las que ha tenido que hacer frente.
72 horas a la deriva, con frío, sin comida ni agua para todos y apegotonado con el resto de los inmigrantes. "Unos 70" había en total. "Lo pasé fatal. Fue todo muy difícil", narra a este periódico.
Sin embargo, "no tener oportunidades de ningún tipo" en su país lo empujó a hacerlo a pesar del miedo. Y no se arrepiente.
Buba recuerda como uno de los momentos más duros de todo el viaje los instantes previos al rescate de la embarcación por Protección Civil. "La barca empezó a deshincharse. Si los rescatistas hubiese tardado diez minutos más, hubiésemos muerto", asegura.
Giro de 180 grados
De esto han pasado ya seis años y su vida ha dado un vuelco de 180 grados.
A sus 22 años, Buba es un pequeño empresario del municipio gaditano de Los Barrios, donde se ha ganado el cariño de todos sus habitantes.
Prueba de ello es que nuestra conversación es interrumpida en múltiples ocasiones por vecinos que lo saludan. Desde niños hasta ancianos.
A su llegada a España, el senegalés entró en un centro de acogida de menores. Allí, según cuenta, estuvo "alrededor de un mes". "Quería salir pronto de él y empezar a ganar dinero para mandárselo a mi familia", relata.
Fue después de salir del centro cuando encontró lo que ahora le da de comer y con lo que ayuda a su familia en África.
Buba comenzó a trabajar en una churrería de El Bosque, un pequeño pueblo blanco de casas escalonadas aledaño al que es actualmente su casa. Después de cinco años haciendo -y aprendiendo a hacer- churros, decidió dar el salto en solitario. ¿El motivo? "Sabía que por libre podía ganar más dinero".
Todos sus ahorros en la churrería
Le costó "un dineral". El senegalés consiguió ahorrar "en torno a 8.000 euros" con su anterior puesto de trabajo, cantidad que invirtió íntegramente en su nueva "ilusión".
Hace cuatro meses que Los Barrios tiene una churrería más. La inauguración fue hace cuatro meses y por todo lo alto: churros gratis para todo el mundo. A partir de ahí, todo ha sido subir y ganar.
Es el mismo Buba quien admite que no se esperaba "la acogida" que su nuevo comercio ha tenido. Lo echó a andar "con mucho miedo por perder los ahorros" y ha sido un éxito rotundo. No obstante, admite que la "fama" le viene también de su anterior trabajo.
Actualmente, el senegalés vive con una pareja del pueblo a la que considera sus padres; es "uno más en la familia". Sin embargo, no olvida a sus progenitores biológicos y cinco hermanos que dejó hace seis años atrás, en .
Él lo tiene claro: "Mi vida ya va a ser aquí. España no tiene ni punto de comparación con Senegal; allí no hay oportunidades".
Buba confiesa que su mayor sueño es que, al menos, su madre pueda venir a vivir a España. Sin embargo, lamenta que sea algo “prácticamente imposible”, ya que su familia siempre ha vivido y trabajado en el campo, una forma de vida de la que no quieren alejarse.
La suya es una historia de superación, pero no es la única. Como él, miles de inmigrantes llegan a España cada año arriesgando su vida en el Estrecho en busca de la supervivencia.
