En marzo de 2013, el entonces secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, le hizo al presidente Mariano Rajoy una propuesta que, aún hoy, suena hasta revolucionaria. Había que reformar la Constitución. Y había que hacerlo bien, hasta el fondo. Ese año, el procés catalán aún andaba como en pañales y Rubalcaba ya intuía que tocar la Carta Magna podría ser la mejor forma de prevenir lo que iba a venir después, aunque aún no sabía cuánta razón iba a tener. Muy fiel a su estilo, Rajoy guardó la propuesta en un cajón y ahí se quedó.

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“Consideramos que la reforma constitucional es necesaria para muchas de las demandas que expresa la sociedad española y para muchos de los problemas que presenta un texto que ha quedado inadecuado y atrasado ante las nuevas realidades del siglo XXI”, le escribió Rubalcaba en un documento inédito hasta ahora, siete años después. En el mismo, el entonces secretario general del PSOE hablaba de que la Constitución debía recoger las unidades territoriales del Estado, que las comunidades participen en la gobernación del país, pedía reformar el Senado para representar mejor los territorios y buscar un nuevo modelo de financiación.

“El modelo autonómico se ha transformado en un modelo cuestionado y amenazado”, señalaba el histórico socialista en referencia al independentismo catalán. Y subrayaba que el llamado “derecho a decidir” iba a monopolizar el escenario político de los próximos años. Por ello, propuso una serie de reformas de fondo, desde cambiar enfoques hasta eliminar algunos artículos, para abordar la cuestión. Y señalaba: “debemos hacerlo ya”. Cuánta razón tuvo sobre el porvenir.

Este documento inédito aparece ahora por primera vez en Rubalcaba. Un político de verdad, la primera biografía del socialista, que se publicará en los próximos días y que ha sido escrita por Antonio Caño, exdirector del diario El País. EL ESPAÑOL ha accedido a algunos adelantos de la obra y, el documento inédito propuesto por Rubalcaba puede consultarlo a continuación:

“Un plan propio”

Ese 2013, hacía dos años que Mariano Rajoy había llegado a la Presidencia del Gobierno y Rubalcaba fue nombrado secretario general del PSOE tras la marcha del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Como intuía que los nacionalismos regionales podían acabar convirtiéndose en un problema, consultó con los socialistas José Enrique Serrano, Ramón Jáuregui y Miquel Iceta sobre cuáles podían ser las mejores formas para atajar el tema de raíz. También hablaba asiduamente con Mariano Rajoy y con el president catalán Artur Mas, que unos meses antes había dado el pistoletazo de salida al procés al comprometerse a la celebración de un referéndum.

Rubalcaba esgrimía que el rechazo a la autodeterminación “no debe contemplarse como la única respuesta del Estado a una demanda mayoritaria del Parlamento de Cataluña” y que debía ir acompañado de una oferta de diálogo y negociación sobre los problemas entre “la población catalana en sus relaciones con España”. “Tanto al PP como al PSOE nos corresponde ofrecer soluciones a la defensa de un modelo territorial que integre a todos”, le escribía a Rajoy.

“Tampoco se puede dejar a los nacionalistas catalanes que desarrollen su programa con todas sus iniciativas, ocupando el escenario y el protagonismo absoluto de la escena. Por el contrario, es necesario disponer de un plan propio, con iniciativas del Estado que hagan girar el foco mediático y el debate politico hacia otras actitudes, hacia otros objetivos, hacia otras soluciones”, pedía el entonces secretario general del PSOE.

Las medidas

Entre las medidas más llamativas, destacan que pedía que la Constitución recogiera las unidades territoriales que componen el Estado, con el mismo nombre que se proponen en sus estatutos pero siempre considerándolas comunidades autónomas, sin alterar además las delimitaciones territoriales ya establecidas. Creía que las competencias debían estar recogidas en la Carta Magna de una manera más efectiva y que había que eliminar los artículos 148 [que establece las competencias de las comunidades] y 150.2 [sobre la transferencia de competencias] del texto.

Pedro Sánchez y Alfredo Pérez Rubalcaba, en una foto de archivo. Europa Press

Además, abogaba por “constitucionalizar” el principio de participación de las autonomías en la gobernación de España. “Es cada vez más importante facilitar la participación autonómica en las estrategias nacionales de la políptica económica del Estado. Se trata de una cuestión que no ha encontrado encaje hasta ahora en el sistema de la cooperación en España y que cada vez es más necesaria, pues las reformas impulsadas por el Gobierno estarán vacías de contenido si no cuentan con la conformidad y una implicación activa de las Comunidades Autónomas”, escribía Rubalcaba.

El ejemplo de que todo habría sucedido de una forma distinta se ha visto esta misma semana. Con la aprobación casi unilateral de la Ley Celaá, el Partido Popular ha respondido que buscará los mecanismos para que no se lleve a cabo en las autonomías que están gobernadas bajo su signo. Quizás, y sólo quizás, de haber aplicado esa participación autonómica en las estrategias nacionales y haber mantenido una política de consenso, la situación actual sería distinta.

Pero ahí no habría acabado todo. De haber aceptado Rajoy el consejo de Rubalcaba, seguramente se habría podido evitar muchos de los acontecimientos que sucedieron desde entonces en la política catalana. Cuestiones como la consulta del 9-N de 2014, el ilegal y sin garantías referéndum del 1-O de 2017, la efímera Declaración Unilateral de Independencia, el juicio del procés y los disturbios que provocó la sentencia es posible que nunca hubieran llegado a suceder.

Al cajón de Rajoy

En el mismo texto, Rubalcaba entendía que reformar el Senado era necesario para “convertirlo en una verdadera cámara de representación territorial”. “El modelo autonómico ha venido funcionando desde su creación con una falla principal: la ausencia de una cámara de representación territorial que diera a la democracia española la legitimidad territorial. (...) A pesar de que el art. 69.1 de la Constitución le otorga esa suprema función, resulta evidente a todas luces que no la cumple”, decía.

Para ello, ponía como modelo de referencia el Bundesrat o Consejo Federal alemán. Quería dotar al Senado de nuevas funciones y reformar los artículos 69 y 78 de la Constitución referentes a la Cámara Alta. “Que la ciudadanía muestra un distanciamiento notable hacia esta institución acreditado en un notable y creciente abstencionismo en sus papeletas electorales”, señalaba muy certeramente el líder socialista.

El documento que Rubalcaba le entregó a Mariano Rajoy iba escrito en unos folios con las siglas del PSOE y el presidente le pidió que se lo diera en hojas en blanco, para poder trabajar sobre ello. Después, se lo entregó a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría y, del tema, nunca más se supo. Viendo todo lo que pasó después, no habría sido un mal punto de partida. Quizá siga sin ser un mal punto de partida ahora, tanto tiempo después.