El decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, José María Ezquiaga, ve cómo el Ayuntamiento devora su agenda. Las ponencias y los congresos giran cada vez más en torno a los desafíos urbanísticos que afronta el Consistorio: las obras en el Bernabéu, el nuevo estadio del Atlético, la peatonalización de la Gran Vía... Incluso se han ofrecido como mediadores en la enquistada batalla de Chamartín.

Noticias relacionadas

En conversación con este periódico, Ezquiaga desmiga las consecuencias de la peatonalización de la Gran Vía, que ha prometido Carmena para antes del fin de la legislatura. "Peatonalización sí, pero sin dogmatismo", alerta este arquitecto.

Uno de los riesgos entrevistos, apenas comentado, del cierre del tráfico incluso para los residentes es el de la emigración a la periferia de las familias con niños. "Si impedimos que quienes viven en el centro dispongan de su vehículo particular, la mayoría de quienes tienen hijos pequeños no estarán cómodos y elegirán los distritos alejados". Esta tendencia, desgrana Ezquiaga, es una realidad ya vivida en ciudades que han emprendido proyectos similares.

El futuro, considera este arquitecto, está en que las calles sean sólo para residentes. Cerrarlas, pero no para ellos. "Sólo así volveremos a ver a los niños jugar en el centro de Madrid. Un cierre completo de la Gran Vía es radical e imposible".

"El automóvil es el rey"

De ahí que el Colegio de Arquitectos no crea conveniente para la Gran Vía una peatonalización radical: "Es un término que no tiene implantación en su sentido más estricto. A grandes rasgos existen dos tipos: permitir circular a transporte público, taxis y residentes; y sólo autorizar el tráfico de los vehículos municipales. Ezquiaga, por miedo al exilio de las familias, no tiene claro que la prohibición para los residentes sea buena para la arteria centenaria.

En cualquier caso, se muestra partidario del cierre progresivo al tráfico particular en el centro de las ciudades: "El automóvil es el rey de la ciudad y sólo se favorece al peatón de forma secundaria".

"El debate político es poco riguroso"

Ezquiaga lamenta que la discusión política empañe las dificultades que entraña una obra de este calado: "Echo de menos informes sobre la mesa. El debate es hueco".

En palabras del máximo representante del Colegio de Arquitectos, se habla de esta decisión, absolutamente trascendental para la ciudad, como "una cuestión de gusto". "Ahora sí, ahora no... El médico no puede operar sin haber visto la radiografía".

"Estoy de acuerdo en limitar el dominio del automóvil en Madrid. El futuro pasa por que las calles del centro sean sólo para residentes y transporte público". De momento, Manuela Carmena no ha expuesto con detalle su proyecto para la Gran Vía, a pesar de su promesa de peatonalizar la calle antes del final de la legislatura.

"Entonces, habría que cerrar Chueca"

Mirando a la vía que cumplió su centenario en 2010, Ezquiaga explica por qué es tan peligroso tomar una decisión precipitada: "Gran Vía es mucho más que una calle, no hay que perder de vista todas sus costillas. Por ejemplo, si se decide su peatonalización, habría que pensar antes qué hacer con la calle Hortaleza. ¿Cómo se va a cerrar el tráfico en Gran Vía sin hacerlo en Hortaleza?".

El decano del Colegio de Arquitectos, que insiste en pedir informes, concluye: "Si se peatonaliza Gran Vía, habría que hacer lo mismo con Chueca y su entorno".

El problema de la circulación

La oposición recrimina a Carmena que si cierra Gran Vía al tráfico, hará un agujero en la circulación de la ciudad. Y algo de eso existe. Según explica Ezquiaga, esta calle merece el nombre de "arteria", ya manido, casi un tópico. "Es uno de los ejes este-oeste más importantes de la ciudad".

¿Y qué pasa si la cortan? "Madrid tiene muy pocas calles buenas en ese ángulo, pero muchas de norte a sur, como la Castellana. De este a oeste podría decirse que está Atocha, pero ni siquiera en el eje exactamente. ¿Por dónde irían los autobuses? ¿Por la ronda de Valencia? ¿No quedarán muchas zonas desabastecidas? Son preguntas que hay que responder antes de tomar una decisión", asevera el decano del COAM.

"La boina negra mata"

Salvador Rueda es el director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona. Mira a la Gran Vía con la experiencia de haber participado en proyectos anteriores realizados en Moscú, Vancouver, Buenos Aires, Quito...

Lo tiene claro. Con la peatonalización ocurre lo mismo que con la ley del tabaco: "Ha empezado y no se va a acabar". Este experto no alberga duda de que "se modificarán los usos del espacio público".

A su modo de ver, es una "locura" que ciudades como Madrid y Barcelona permitan el tráfico de vehículos privados en más del 85% de su superficie. "Lo de Gran Vía es una operación valiente, de gran proyección y, por eso, requiere un carácter pedagógico de primer nivel".

Las reticencias al cierre del centro, explica Rueda, tienen que ver con el cambio de hábito al que se fuerza al ciudadano: "Es algo que, en primera instancia, no se acepta de buena gana".

La semana pasada, el director de esta agencia dio una charla a un par de clases de niños de once años. "Tres cuartas partes tenían alergias y eso tiene mucho que ver con las emisiones. No nos olvidemos de que la boina negra mata. En Barcelona, mueren 3.500 personas cada año de forma prematura por culpa de la contaminación. En Madrid, el porcentaje será parecido. Es una barbaridad, no lo olvidemos".