¿Qué queda de una persona después de morir? Para sus seres queridos permanecen los recuerdos, las enseñanzas y, cada vez más, una extensa huella digital.
Mensajes de WhatsApp, correos electrónicos, fotografías, vídeos, grabaciones de voz, etc. Algunas empresas ya utilizan estos archivos para entrenar sistemas de inteligencia artificial que imitan la personalidad y la forma de comunicarse del fallecido.
El resultado permite, al menos en lo que se percibe, volver a conversar con quien ya no está.
Son los denominados griefbots, deadbots o thanabots. Estas aplicaciones permiten mantener una conversación con un avatar que responde como si fuera el familiar o amigo fallecido.
Atravesar el duelo también se ve afectado por la IA, ya que el desarrollo de estas herramientas abre nuevas posibilidades pero plantea dudas sobre sus efectos psicológicos, el uso de datos íntimos y el consentimiento del propio fallecido.
Profesionales vinculados al Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación "La Caixa" han analizado las oportunidades y los límites de estas tecnologías.
Los expertos coinciden en la misma condición. La inteligencia artificial debe servir como apoyo y mantenerse bajo criterio humano.
Antes del duelo
Juan Manuel Sánchez, doctor en Psicología Clínica y de la Salud, forma parte del programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación ”la Caixa”.
La aplicación de estas herramientas no se limita al proceso post mortem. HENKO NET, una iniciativa en la que participan Francia, Portugal y España, trabaja en sistemas de inteligencia artificial que permitan detectar con antelación necesidades de cuidados paliativos y mejorar la atención doméstica de pacientes con enfermedades avanzadas.
La telemonitorización, una de las opciones de la plataforma, permite atender a más pacientes de forma virtual y reducir el tiempo dedicado a los desplazamientos. Esta herramienta resulta especialmente útil en las zonas rurales por la dispersión de recursos asistenciales y como llegar hasta los domicilios requiere más tiempo.
El proyecto también cuenta con realidad virtual para acercar a estos pacientes a los lugares que deseaban conocer o volver a visitar.
"Una paciente que nunca ha estado en el mar y que ya no tenía la posibilidad de visitarlo pudo 'viajar' a una playa al atardecer", recuerda Juan Manuel Sánchez, doctor en Psicología Clínica y de la Salud.
El especialista relata otros casos, como otro paciente que pudo recorrer en góndola los canales de Venecia y una mujer que regresó virtualmente a la casa de La Alberca (Salamanca) en la que había nacido.
Para Sánchez, el uso de la IA estaría dedicado a agilizar las tareas administrativas que restan tiempo al acompañamiento de pacientes y familiares, pero establece un límite claro: "Ese contacto humano que todos necesitamos no puede reemplazarlo la IA".
Avatares y conversaciones
Belén Jiménez Alonso, profesora de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la UOC.
Belén Jiménez Alonso, profesora de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la Universitat Oberta de Catalunya, explica que mantener el vínculo con quienes han muerto no es algo nuevo, desde hablar en cementerios a ver vídeos familiares. La diferencia es que ahora la persona puede contestar.
Los griefbots son sistemas de inteligencia artificial creados a partir de la huella digital del fallecido. Para imitar su forma de expresarse y "simular su personalidad" procesan conversaciones, correos electrónicos, publicaciones en redes sociales, fotografías, vídeos y grabaciones de voz.
Durante años, la comunidad científica entendía el duelo como un proceso de desapego en el que era necesario cortar el vínculo con quien había muerto. Sin embargo, desde la década de 1990, la teoría de los vínculos continuos plantea que conservar alguna conexión también puede formar parte del duelo.
"Mantener ese contacto no es necesariamente patológico", sostiene Jiménez. La clave es poder diferenciar si esta conexión entre fallecido y persona en proceso de duelo ayuda a asumir la pérdida o mantiene a la persona atrapada en la evitación.
Por un lado, las conversaciones pueden servir para tratar asuntos pendientes, despedirse cuando no existió esa oportunidad o aliviar momentos de soledad. Por otro lado, puede retrasar la aceptación de la pérdida, generar angustia, confundir al usuario o provocar dependencia emocional.
Para Jiménez, uno de los principales riesgos es "que se produzca un desplazamiento del apoyo humano", es decir, que se recurra al bot en lugar de buscar el acompañamiento de familiares, amigos o profesionales.
¿Consentimiento?
Jaime Boceta Osuna, médico del equipo de soporte de cuidados paliativos del Hospital Universitario Virgen de la Macarena de Sevilla.
El debate no termina en los posibles efectos psicológicos. Los griefbots también plantean dudas legales y éticas sobre el consentimiento y el control de los datos proporcionados y utilizados para crear esos avatares.
La herramienta sigue siendo una inteligencia artificial generativa gestionada por empresas, por lo que el sistema no se limita a reproducir mensajes antiguos sino que crea nuevas respuestas a partir de la huella digital recibida.
Jiménez recuerda que sus conversaciones pueden afectar al usuario, ya sea por modificar el recuerdo que conserva del fallecido o por involucrar a terceras personas presentes en los mensajes originales.
"Se puede poner en juego ese vínculo, incluso la memoria de la persona que se fue y el recuerdo que teníamos de ella", advierte la investigadora. El uso de correos, audios o conversaciones privadas obliga además a preguntarse si existió consentimiento y quién conserva o controla toda esa información.
Los problemas y dudas no acaban aquí. Jaime Boceta Osuna, médico del equipo de soporte de cuidados paliativos del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla y vocal del Comité de Bioética de Andalucía, explica cómo las respuestas dependen de no solo los datos introducidos, sino de los sesgos del sistema y los intereses comerciales de la empresa responsable.
"La transparencia es la gran bestia negra. No sabemos lo que hay en la caja negra de la inteligencia artificial", señala.
Los estudios sobre estas explicaciones no permiten conocer sus efectos a medio y largo plazo aunque para ello Jiménez y Boceta defienden la intervención profesional dedicada a cada caso.
Para el médico: "El acompañamiento nunca debería delegarse completamente en la tecnología. Especialmente el sufrimiento humano, que depende del intercambio de información y de la presencia".
