España está al rojo vivo. Las llamas asolan media península y en lo que va de año ya han ardido 120.000 hectáreas, más de tres veces por encima de la superficie calcinada en el mismo periodo de 2025, cuando se registraron 32.520.
Al momento de escribir estas líneas hay activos 7 incendios forestales en España, según el Ministerio de Transición Ecológica y el reto demográfico.
Los datos, aportados por el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS por sus siglas en inglés) de Copernicus son demoledores, pero esperables. Así lo sostiene Valentín Gómez, ingeniero de montes y portavoz del Instituto de Ingeniería de España (IIE).
Mirando las estadísticas, el experto apunta que son las peores cifras en los últimos cuatro años. También recuerda que el mes actual, julio, es el peor de la época de incendios, sobre todo esta última quincena, sobre todo si no llueve en junio, como ha ocurrido este año.
Sin las lluvias del sexto mes al final de la primavera, la vegetación llega seca a lo más intenso del verano. "Aunque esté verde, tiene muy poca agua", asegura Gómez.
La ausencia de precipitaciones sumada a la aparición temprana de olas de calor –ya se han producido tres desde junio– han dejado unos montes repletos de combustible listo para arder, un polvorín. "No había que ser muy experto para saber que este mes iba a ser malo", agrega el portavoz del IIE.
Aun así, recuerda que no es algo matemático. En 2025, con lluvias en junio, el mes de julio fue muy tranquilo en cuanto a incendios forestales, pero agosto fue "desastroso". Las tres olas de calor consecutivas en sus tres primeras semanas dejaron una vegetación muy seca y lista para ser pasto de las llamas.
Asimismo, Gómez señala que esas 120.000 hectáreas no se han quemado solo desde que llegó el calor, sino durante todo el año. También incluyen todos los incendios de invierno que se producen en la cordillera Cantábrica con el viento sur. "Están fuera de temporada, nos hemos olvidado de ellos, pero que están en la estadística".
Menos, pero más potentes
Otra información que destaca Gómez es que, aunque suene paradójico, en España se producen cada vez menos incendios forestales. El problema es que los que ocurren son cada vez más graves y virulentos. "Tenemos unos sistemas de prevención y extinción buenos, pero a veces el fuego se escapa".
Esto se debe a dos factores: el cambio climático y la falta de gestión forestal. El primero está patente, dice el especialista. Hace 30 años este tipo de incendios empezaba en julio, ahora lo hacen en junio y los equipos de bomberos forestales están operativos desde mayo.
El portavoz del IIE explica que los veranos son cada vez más largos y con condiciones de humedad, calor y viento extremos que se dan con frecuencia. El resultado es una estación con más tiempo para que coincidan estas malas circunstancias y se produzca la catástrofe.
En cuanto al segundo factor, la gestión del terreno, es el mayor de los problemas. Gómez recuerda que España tiene 30 millones de hectáreas forestales, 300 000 kilómetros cuadrados. De ellos, el 70% son de propiedad privada y solo el 30% públicos.
Los últimos cuentan con más trabajo preventivo durante el año con cortafuegos, accesos limpios y puntos de agua. Es una labor que se queda corta, pero la hay, valora el ingeniero.
Con los de titularidad privada la cosa cambia. La media de la superficie es de 5 hectáreas, es decir, de pequeños propietarios que no tienen la capacidad para rentabilizar este terreno. Son personas que, muchas veces, no pueden permitirse esas labores.
"Si ese particular sacara el dinero del monte, su terreno estaría desbrozado y con clareos". Como resultado se acumula material vegetal, seco en muchos casos, año tras año. Una biomasa y una cantidad de madera que podrían utilizarse perfectamente, pero se desaprovecha, sostiene Gómez.
El experto también lamenta que quienes lo hacen se encuentran también con un complicado muro de burocracia. Para poder limpiar los montes hace falta pedir permiso a la administración. Algunas veces, incluso, hay que involucrar a varios departamentos que pueden tardar hasta años en resolver la solicitud, lamenta.
Por eso aboga por regular la situación, permitir que los dueños de estos terrenos puedan recibir subvenciones para estas labores y por emplear una herramienta administrativa que agilice todo este proceso.
Impacto en la biodiversidad
Celia Ojeda, responsable del área de Biodiversidad de Greenpeace España, afirma que los incendios forestales ya representan una emergencia ambiental de primer orden. Un elemento que degrada "profundamente" los ecosistemas y acelera la desertificación en nuestro territorio
Incrementan la mortalidad de la fauna, sobre todo la de los animales con una movilidad reducida, como los invertebrados de suelo, los reptiles y los polluelos de los nidos, que mueren abrasados, por el calor extremo o asfixiados por el humo.
Además, las llamas arrasan hábitats y refugios esenciales lugares de nidificación, cría o zonas de alimento que dificultan la supervivencia de los individuos que logran huir.
El resultado: se pierde biodiversidad porque las especies "más exclusivas" (como las del interior del bosque) abandonan definitivamente la zona y las sustituyen otras más generalistas y adaptadas a los espacios abiertos generados, cuenta Ojeda.
La vegetación también se ve afectada. Cuando se ve sometida a estos fenómenos, evoluciona hacia especies pirófitas más inflamables, continúa la experta. Esto hace que el monte sea menos resistente a eventos futuros y reduce, una vez más, la biodiversidad original.
Sin embargo, el suelo es el que sufre el daño más grave. Pierde nutrientes y fertilidad muy difíciles de recuperar, mientras las cenizas, sobre todo en época de fuertes lluvias en otoño, contaminan ríos y acuíferos. Un problema que impacta tanto en el patrimonio natural como en la capacidad de recuperación del propio bosque, señala Ojeda.
Todo esto alimenta un círculo vicioso de retroalimentación climático. El calentamiento global incrementa los incendios que acaban con los bosques sanos y resilientes. Algo que, a su vez, disminuye o acaba con su capacidad de absorción de emisiones y favorece aún más la propagación de futuros fuegos que se darán con más frecuencia y más potencia.
Predicción
Gómez, del IIE, indica que con los números actuales no se puede predecir cómo será la evolución en lo que queda de verano y si la situación empeorará o no. No es muy optimista, pero reconoce que podría producirse la sorpresa: "¿Quién nos dice que no llega un mes de agosto que refresca mucho por la noche y tenemos tormentas?"
Para él, una de las soluciones clave pasa por crear incentivos económicos a la propiedad privada. En este sentido, Gómez aboga por una "PAC forestal" que otorgue ayudas directas a los pequeños propietarios rurales para "limpiar, mantener y hacer rentables sus montes".
También defiende usar herramientas como la "zona de actuación urgente" para que la administración pueda intervenir directamente en fincas particulares con riesgo de incendio.
A esta parálisis se suma el desaprovechamiento del recurso. Gómez explica que, aunque los montes generan unos 50 millones de metros cúbicos de madera al año, apenas se extraen 15 millones. A su juicio, "fomentar el aprovechamiento de maderas" e impulsar la biomasa mantendría el sotobosque gestionado y reactivaría la economía rural.
Sin embargo, el experto advierte de que revitalizar la industria forestal "no se hace de un año para otro", necesita tiempo. Por eso insiste en actuar ya, señalando que si queremos tener menos incendios dentro de 5 o 10 años, "tenemos que fomentar la rentabilidad de los montes".
