Montaje con la imagen de la psicóloga Ana M. Ángel Esteban.

Montaje con la imagen de la psicóloga Ana M. Ángel Esteban. E.E. CLM

Sociedad

La psicóloga Ana M. Ángel Esteban advierte sobre tu forma de ser: "No eres como realmente crees"

Nueva entrega del consultorio de la experta toledana en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.

Más información: Ana M. Ángel, psicóloga, alerta sobre la procrastinación emocional: qué es, por qué lo hacemos y sus consecuencias

Publicada

Crees que te conoces porque llevas toda la vida contigo. Sin embargo, la psicología lleva años demostrando que nuestra manera de ser guarda más sorpresas de las que imaginamos.

La psicóloga y sexóloga toledana Ana M. Ángel Esteban desentraña en una nueva entrega de su consultorio para EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha por qué reaccionamos como lo hacemos y qué podemos hacer con ello.

A través de cinco preguntas, nos acerca las claves de cómo nos relacionamos con los demás y si tenemos margen para saber adaptarnos a las diferentes situaciones que podamos encontrarnos.

¿Somos así y no podemos cambiar?

Es cierto que la personalidad tiene una base bastante estable, y es difícil cambiarla, pero no es una piedra. Con los años solemos ganar en responsabilidad, en serenidad y en tolerancia.

Pasamos más de lo menos importante de lo más pesado emocionalmente. Y, además, no somos igual en todas partes: cambias según con quién estés.

Eres una persona con tus amigos, otra con tu jefe y otra con tu pareja. Eso no es hipocresía ni falsedad, es adaptación. Lo importante es que, en todos esos escenarios, sigas reconociéndote y no forzando a crear una imagen lejos de tu ser auténtico, que por cierto, crea bastante ansiedad mantenerla.

Quien decide cambiar por condicionamientos y sin convencimiento, cambia como mucho durante dos meses.

¿Por qué repetimos siempre lo mismo al relacionarnos?

Porque tu forma de vincularte se aprendió muy pronto. Aquí os dejo dos curiosidades. Tu estilo de apego se nota mucho más bajo estrés que en calma. En los días buenos, casi todos parecemos seguros. Es cuando hay conflicto, distancia o incertidumbre cuando aparece el patrón de verdad: la persona que se pega más, la que se encierra, la que ataca para no sentirse vulnerable.

Además, tu cuerpo se entera antes que tú. Un nudo en el estómago, la mandíbula apretada o el pecho cerrado suelen llegar segundos antes de que sepas ponerle nombre a lo que sientes. Si aprendes a leer esas señales, estarás a tiempo para elegir cómo responder en lugar de reaccionar en automático.

¿Nos conocemos tanto como creemos?

Menos de lo que pensamos. Todos tenemos puntos ciegos: rasgos que los demás ven con claridad y nosotros no. Por eso a veces una pareja, una amiga o un compañero de trabajo nos describe con una precisión que no nos gusta.

Y hay otra curiosidad que ayuda mucho a entenderse: tu mayor defecto suele ser tu mayor virtud llevada al exceso. La persona perfeccionista es fiable, pero también se exige hasta agotarse. La generosa ayuda a todos, pero le cuesta decir que no. La intensa se entrega por completo, pero también se desborda.

Cuando miras tu 'defecto' como una cualidad que se ha pasado de rosca, cambia la conversación contigo mismo: ya no se trata de odiarlo, sino de graduarlo.

Y otra cosa curiosa es que cuando creemos que reaccionaremos de tal manera en tal situación, llega una de estas y reaccionamos de forma totalmente sorpresiva, que no esperábamos.

¿Qué dice de ti lo que te irrita de los demás?

A veces mucho, aunque debemos tomarlo como referencia sobre todo cuando algo te saca de quicio de forma desproporcionada y deberíamos preguntarnos, ¿qué fibra nos toca?

Quizá esa persona se permite algo que tú te prohíbes: poner límites, descansar, equivocarse, ser el centro de atención. O quizá te recuerda algo tuyo que no te gusta. La irritación es una pista, y las pistas, cuando se siguen con honestidad, llevan lejos.

¿Qué podemos hacer para conocernos mejor?

Tres cosas sencillas: Primero, observa tus reacciones sin juzgarlas. Cuando algo te desborde esta semana, apunta qué pasó, qué sentiste en el cuerpo y qué hiciste después. En diez días verás patrones que antes no veías.

Segundo, pregunta a alguien de confianza cómo eres cuando estás bajo presión. Prepárate para escuchar algo que no esperabas y no te defiendas durante los primeros treinta segundos.

Tercero, recuerda que no eres tus pensamientos. Que pienses "no valgo" o "me van a dejar" no lo convierte en un hecho. Los pensamientos son eventos mentales, no sentencias. Aprender a observarlos y si puedes también a pararlos, sin obedecerlos, es una de las habilidades más liberadoras que existen.

Y si te das cuenta de que llevas años repitiendo el mismo guion y no consigues cambiarlo solo, pedir ayuda profesional no es una derrota: es una forma de inteligencia y solución.

Ana M. Ángel Esteban tiene consulta presencial en Toledo y online a través del teléfono 615 22 46 80