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La provincia de Toledo se ha convertido en una de las grandes mecas del cocido en Castilla-La Mancha, con casas históricas como 'El Mulato' en Layos o 'Venta de Aires' en la capital, guardando la tradición del buen guiso de cuchara.

Sin embargo, a las puertas de Cabañeros, en la comarca de La Jara, el restaurante 'La Posada' elabora un cocido "aterrado", es decir, se entierra en paja y se cubre con ceniza durante unas 30-36 horas.

El resultado es un caldo concentrado con sabor profundo y unos garbanzos que parecen "mantequilla pura", según describen los habituales. Un cocido que juega en otra liga y justifica por sí solo la escapada a Los Navalucillos, localidad toledana donde se encuentra.

Cocido de La Posada.

Se sirve en dos vuelcos, como mandan los cánones: primero la sopa humeante y luego la fiesta de garbanzos, carnes, tocino y verduras en la mesa. El precio termina de redondear la experiencia, ya que cuesta unos 20 euros por persona e incluye la bebida.

Esa relación calidad-precio se refleja en su sobresaliente valoración en Google: 4,7 estrellas sobre 5 con más de 400 reseñas. Entre los comentarios, hay quien afirma que es "el mejor cocido" de su vida.

También hay reseñas que se detienen en los pequeños detalles que completan la experiencia del cocido "aterrao" de La Posada. "Fuimos a probar su famoso cocido, es espectacular, acompañado de pepinillos, guindillas y una salsa picante que me recordó a mi infancia".

Comentarios que refuerzan la idea de que en este restaurante de Los Navalucillos no sólo se come bien, sino que se vive un ritual de cocina tradicional y hospitalidad. Más allá de su emblemática sopa, ofrecen platos de toda la vida como un guiso de bacalao, carnes a la brasa y tablas de embutidos ibéricos que acompañan de maravilla a cualquier comida.

La arquitectura del local recuerda a las antiguas casas de pueblo manchegas, muros en tonos cálidos, madera vista y referencias al entorno de Cabañeros que aportan sensación hogareña. El comedor equipado con mesas amplias y mobiliario rústico está pensado para comidas largas y sin prisa.

El servicio, cercano y amable, refuerza esa sensación de casa de pueblo donde el cliente no es un mero comensal. Por todo ello, La Posada y su "cocido aterrao" ha encontrado su propio hueco en una provincia donde el cocido tradicional conquista cada vez a más público.