Varios fotógrafos de prensa.

Varios fotógrafos de prensa. Óscar Huertas

Opinión DUELOS Y QUEBRANTOS

Pueblos sin periodistas

Publicada

Es más fácil que un vecino de Valera conozca antes lo que dice Trump sobre la guerra de Irán que las últimas decisiones de su alcalde sobre las infraestructuras del municipio. Vivimos en un mundo tan globalizado que, ay, lo pequeño ha quedado relegado a un segundo plano. Es una de las reflexiones que suscita el sorprendente estudio que acaban de publicar tres profesores de la Universidad de Castilla-La Mancha. Y, para muestra, un dato: el 67,3 % de los vecinos de pueblos de zonas despobladas de nuestra región se informa a través de medios nacionales, pero solo el 9,3 % sigue medios locales.

Los profesores de la Facultad de Comunicación Luis Mauricio Calvo Rubio, María José Ufarte Ruiz y Francisco José Murcia Verdú analizan los desiertos informativos de muchos de nuestros pueblos. El problema no se limita a la ausencia de prensa arraigada al territorio, sino también a las dificultades que encuentran los medios existentes para fiscalizar adecuadamente a las instituciones. Y este es un problema antiguo del periodismo de proximidad: hay tanta cercanía que, a veces, cuesta hacer la pregunta difícil. Bien porque el político al otro lado de la mesa es tu vecino o el padre de un niño que va a clase con el tuyo, bien porque, según acabe la rueda de prensa, sabes que ese político va a llamar al jefe a protestar por la pregunta. Y a todo eso hay que sumar la dependencia estructural que buena parte de los medios de comunicación locales tienen de la financiación pública.

El problema de este vacío informativo es que reduce una de las herramientas de vigilancia pública más importantes de cualquier democracia. Sin periodistas que informen, analicen y fiscalicen, los vecinos de esos pueblos terminan dependiendo en buena medida de los canales oficiales: comunicados de los ayuntamientos o de los grupos municipales, principalmente, ya sea en papel o a través de las redes sociales. Y conviene recordar que la comunicación institucional, por necesaria que sea, no puede sustituir al periodismo. Un ayuntamiento puede informar de lo que hace, pero difícilmente contará con el mismo entusiasmo lo que hace mal.

Lo cierto es que la obra de los profesores de la UCLM, titulada con acierto Ecos rotos, pone sobre la mesa el hecho de que la despoblación no se traduce solo en el cierre de escuelas, la falta de médicos o el abandono de las infraestructuras. El olvido de nuestro mundo rural provoca también que sus vecinos carezcan de medios de comunicación que les permitan conocer lo que sucede en sus pueblos. Y la gran paradoja es que, en cambio, pueden seguir al minuto las elecciones de Japón o las últimas novedades de la guerra de Etiopía.

Llevamos años hablando de lo que necesitan nuestros pueblos para sobrevivir. Básicamente, personas. Con ellas llegarían carreteras, escuelas, médicos, conexiones a internet. Todo ello es imprescindible. Pero rara vez incluimos entre esas necesidades la existencia de periodistas capaces de contar lo que sucede en ellos. Y son una pieza clave para construir comunidad, para vincular a sus vecinos y para que quienes gobiernan sepan que hay alguien dispuesto a hacerles las preguntas que preferirían no escuchar.