Iker Casillas ya mira al futuro. Su presencia en los terrenos de juego como uno más del equipo ya es cosa del pasado. No volverá a pasar, al menos en partidos oficiales. El madrileño ya mira hacia su nueva etapa, cercana al fútbol pero orientada a los despachos. Su retirada hace unos meses, y su vínculo con el Real Madrid, le auguran una nueva etapa repleta de objetivos.

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El arquero, histórico del fútbol nacional y mundial, ha sido y será protagonista de un documental retransmitido en #Vamos. En 'Colgar las alas', el portero relatará toda su carrera. Y en las primeras entregas el tema a comentar ha sido el infarto sufrido con el club portugués y que le obligó a abandonar los campos de fútbol.

Casillas, en los momentos recordados en el documental, se sincera y explica cómo se sintió cuando la salud le dijo basta. Iker estaba entrenando. Da las dos vueltas al campo que siempre daba el equipo. "Ahí tengo una sensación durante medio segundo como de que me sale diferente cuando intento coger aire". Iker nota algo raro durante este entrenamiento con el Oporto.

"Cuando voy con el equipo noto que me encuentro pesado, que me va faltando el aire". Su mente reacciona: puede ser alergia y lo deja pasar. Sin embargo, inicia su sesión con el entrenador de porteros y se da cuenta de que es algo más. "Veo que me empieza a oprimir el pecho, que me voy quedando sin aire". Entonces, el guardameta se dirige a Roberto, el preparador: "Dame azúcar o algo". Iker se encuentra "mal" y reconoce que no sabe lo que le pasa. Se tumba en el suelo. "No podía", reconoce él mismo. Ya sabe que es "algo serio".

El portero es trasladado al centro médico. Acompañado, eso sí. "Yo iba con el de seguridad, Sandro, que con el pulgar le decía al doctor que iba en el otro coche delante que estaba bien". Pero Iker "jamás pensaba que iba a derivar en un infarto".

Iker, el Santo

Su mujer Sara Carbonero se entera por teléfono y hasta que no habla poco después con su marido no pierde el miedo. Casillas, con cierto temor por lo que pueda a pasar, incluso preguntó a los doctores lo que le podía pasar. "¿Pero me vas a abrir el pecho?", cuestionó el guardameta. "Fue una sensación muy angustiosa porque no puedes hablar". 

Además, en la intervención, "hay un momento difícil". "Cuando me metieron el líquido de contraste", recuerda un Casillas que reconoce que no aguantaba porque le "estaba quemando". Solo tenía que aguantar 30 segundos. Casillas estaba bajo control.

Un día que cambiaría la vida de Casillas, no solo por tener que abandonar el fútbol, sino por su rutina diaria. "Jamás he vuelto a dormir bocabajo", desvela Casillas. Desde entonces pasaba "las noches con angustia" y estornudar era "un drama". Su doctor le dejaba claro que no iba a morir, pero la presión llegó a vencer a Casillas en alguna ocasión. "Mira, me voy a dormir. Y si no me despierto, pues no me despierto, pero voy a intentar descansar".

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