SUPERAGENTE. Quizá muchos veteranos no sepan que aquella serie televisiva que disfrutaron durante cinco años en su infancia y juventud fue creada por un treintañero Mel Brooks. Me refiero a Superagente 86, emitida entre 1966 y 1971 en España, 138 episodios contando las absurdas peripecias del incompetente espía Maxwell Smart y su zapatófono.
Aquella inolvidable serie (Premio Emmy), coescrita con su amigo, el también genial Buck Henry, sacó a Brooks de una crisis después de haberse situado como guionista de gags escribiendo –junto a Woody Allen y Neil Simon– para Sid Caesar, estrella de la televisión de los 50, y haber tenido un formidable éxito con Carl Reiner en El hombre de 2000 años. El muy longevo personaje había conocido en su dilatada vida a las grandes figuras de la historia, se había casado cientos de veces y había tenido unos 42.000 hijos: “y ninguno de ellos viene a visitarme”, se lamentaba.
Mel Brooks, nacido en Brooklyn como Melvin Kaminsky en una pobre familia judía de origen ruso, después de probar suerte como pillo callejero, aprovechó su fealdad y su corta estatura para, todavía adolescente, hacer reír en garitos con sus muecas. Nunca abandonaría las muecas como actor, pero fue abriéndose paso como animador de hoteles, escritor de gags para cómicos establecidos, monologuista y hasta batería.
FRANKENSTEIN. En Europa no calibramos muy bien del todo la aportación artística y cultural de muchos grandes creadores –ya he citado a algunos– del cine, el teatro y la televisión de Estados Unidos que empezaron como Brooks.
No serán pocos los que reconozcan que El jovencito Frankenstein (1974), su tronchante parodia del mito y su cuarta película como director –coescrita con Gene Wilder, otro que tal–, sigue alegrando sus veladas.
Productor de veinte películas, Mel Brooks impulsó decisivamente a David Lynch con 'El hombre elefante'
Su desigual filmografía como director y siempre escritor de sus películas consta de once títulos y cinco conservan su vitalidad y su influencia en las nuevas generaciones de directores de comedia: además de El jovencito Frankenstein, Los productores (1967, su ópera prima, parodia del teatro musical y de Hitler); Sillas de montar calientes (1974, sátira antirracista del wéstern), La última locura (1976, película muda que parodia y homenajea el cine mudo) y Máxima ansiedad (1978, gran broma sobre el cine de Hitchcock y el psicoanálisis).
Un discípulo en el registro de la comedia incorrecta como Judd Apatow ha dirigido Mel Brooks: The 99 Year Old Man!, un documental en dos capítulos que puede verse en HBO. Y ahí están sus brillantes memorias, Todo sobre mí, que publicó Libros del Kultrum.
BANCROFT. La vida de Brooks cambió para muy bien cuando, en 1964, consiguió enamorar a la extraordinaria actriz Anne Bancroft (1931-2005). Estuvieron casados 41 años, hasta la desoladora muerte de ella por un cáncer.
Bancroft, una chica del Bronx de origen italiano y formación católica, había estudiado en el Actors Studio con Lee Strasberg y había ganado el Oscar con El milagro de Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962).
¡Menuda mezcla! Su fortuna profesional se multiplicó de inmediato. El talento y la sensualidad de Bancroft deslumbraron en la señora Robinson de El graduado (Mike Nichols, 1967). Él debutó en la dirección con Los productores, al año siguiente, y ganó el Oscar al Mejor Guion.
Brooks lo ha sido todo, también compositor y letrista. Productor de veinte películas, impulsó decisivamente a David Lynch con El hombre elefante (1980) y propició ese clásico moderno de la ciencia ficción que es La mosca (David Cronenberg, 1986).
A Bancroft le regaló el papel protagonista de Soy o no soy (Alan Johnson, 1985), un remake que no salió bien de la magistral comedia de Ernst Lubitsch, y, sobre todo, 84 Charing Cross Road (David Jones, 1987), una virtuosa película de cámara que los lectores de la novela epistolar de Helene Hanff deberían ver.
El próximo día 28 Mel Brooks cumplirá 100 años. ¡Larga vida a Mel Brooks!