LAFORET. Carmen Laforet escribió sobre Ramón J. Sender: "Es el más grande, original, sincero y potente creador de nuestra literatura española actual". Son palabras del prólogo de La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964). Esta novela fue la primera que el escritor oscense, autor ya de otras veintidós, pudo publicar en España desde su exilio al término de la Guerra Civil, en cuyo transcurso los sublevados fusilaron a su mujer y a su hermano.
Laforet habla de cómo Sender, escritor realista con incrustaciones alegóricas y poéticas, va a la esencia de las verdades y a la dimensión humana de sus personajes y exalta sus dotes de observación e intuición, así como su profundidad y frescura “asombrosas”, su penetración psicológica y su fuerza descriptiva.
La aventura equinoccial de Lope de Aguirre fue la primera entrega de la colección de Novelas y Cuentos, dirigida por el periodista y escritor Manuel Cerezales, a la sazón marido todavía (y hasta 1970) de Laforet.
CORRESPONDENCIA. Nacionalizado estadounidense y profesor de Literatura Española en la Universidad de Albuquerque –dio clase a Lucia Berlin–, Sender, en 1947, escribió una admirativa carta a Carmen Laforet a propósito de su novela Nada (Premio Nadal, 1945). Laforet no contestó a esa carta hasta que en 1965 ambos se conocieron personalmente durante un viaje de la escritora por Estados Unidos, que dio lugar a su libro Paralelo 35 (1967).
Sender y Laforet solo se volvieron a ver una vez –en 1974, dos años antes de la segunda y última visita del novelista a España–, pero iniciaron una amistad confidencial por correspondencia recogida en las 76 cartas de Puedo estar contigo (2003).
Biblioteca Castro ha publicado en dos volúmenes seis novelas de Ramón J. Sender
La edición de La aventura equinoccial de Lope de Aguirre supuso el inicio de un boom de Ramón J. Sender (1901-1982) en los años 60-70, que tuvo un hito polémico –la polémica, por distintos motivos, acompañó varias veces al escritor– al obtener el Premio Planeta, en 1969, con la muy olvidada En la vida de Ignacio Morel.
"Injustamente olvidado", decía precisamente El Cultural al recomendar los dos volúmenes con seis novelas de Sender que ha publicado Biblioteca Castro. Esa era mi impresión desde hacía tiempo, pese al goteo de sus novelas a cargo de Contraseña, sobre todo, y otras editoriales.
BAROJA. Pregunté a mi librero y me confirmó el débil flujo de ventas de Sender, excepción hecha de Réquiem por un campesino español (1953), sobre la crisis de conciencia de un sacerdote durante la Guerra Civil, llevada al cine por Francesc Betriú en 1985.
Forma parte del primer volumen de Biblioteca Castro junto a su primera novela, Imán (1930), sobre la guerra con Marruecos, y Mr. Witt en el Cantón (1935), sobre las peripecias de un inglés durante el levantamiento del cantón cartagenero. Esta novela fue premiada con el Nacional de Literatura por un jurado presidido por Machado e integrado, entre otros, por Baroja.
Como se puede leer en las jugosísimas Conversaciones con Ramón J. Sender (1970), de Marcelino C. Peñuelas, el entonces anarquista tenía simpatía indisimulable por Baroja, veneraba a Valle-Inclán y ponía verde a Unamuno.
Juan Carlos Ara ha hecho la edición de estos volúmenes de Castro.
El segundo contiene la exitosísima y humorística La tesis de Nancy (1962), La aventura equinoccial de Lope de Aguirre –que tanto inspiró a Herzog y a Saura– y la autobiográfica Monte Odina (1980).
Crónica del alba (1942), donde ficciona sus recuerdos hasta antes de la guerra, fue revitalizada por Alianza en 1971 y, a principios de los 80, por las dos películas (y la serie) de Antonio J. Betancor.
En 2016, la edición de Libros del Asteroide de Viaje a la aldea del crimen (1934), sobre la criminal represión republicana en Casas Viejas –con su marchamo de gran reportaje pionero del Nuevo Periodismo–, agitó un poco las aguas del estancado y decían que adusto Sender.