NOTAS. Jean-Luc Godard (1930-2022) dejó dicho que rodó Al final de la escapada como se escribe un artículo, improvisando sobre unas notas. Así vamos a escribir este texto, aprovechando que todavía centellea en algunas ciudades Nouvelle Vague, de Richard Linklater, que recrea muy sugestivamente el rodaje en el verano de 1959, y durante solo veinte días, del filme de Godard, el fogonazo inaugural en Europa del moderno y rupturista cine de autor.
Al final de la escapada se ha reestrenado en unas pocas pantallas, pero se puede ver en Filmin y Movistar. En el filme de Linklater se ve cómo Godard improvisaba en una libreta escenas y diálogos de su película. Sotheby’s subastó 72 páginas de estas anotaciones autógrafas de Godard a un precio de entre 400.000 y 600.000 euros. Ignoro el desenlace.
En los créditos de la película solo figura François Truffaut como guionista. Claude Chabrol, acreditado como asesor técnico, aseguró que no solo él no asesoró nada ni pisó un solo día el rodaje, sino que Truffaut tampoco escribió una línea del inexistente guion.
La idea argumental, tomada de una noticia, fue de Truffaut, sí, pero el director de Los cuatrocientos golpes (1959) solo llegó a escribir una sinopsis de tres o cuatro páginas con la que Godard organizó en su cabeza la estructura secuencial de su película. Godard y Truffaut, tras una carta insultante del primero y una réplica incendiaria en veinte páginas del segundo, rompieron su desgastada amistad en 1973.
NOMBRES. El productor Georges de Beauregard necesitaba los nombres de Truffaut y Chabrol, que ya habían hecho largos con buenos resultados, para conseguir la financiación, las ayudas de André Malraux, el brillante ministro de Cultura de De Gaulle, y atraer al público.
El productor Georges de Beauregard necesitaba los nombres de Truffaut y Chabrol para conseguir la financiación
En la historia negra y trágica del delincuente Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) y la joven neoyorquina Patricia Franchini (Jean Seberg), marcada por el asesinato por parte de Michel de un policía y por su acuciante deseo de volver a acostarse con Patricia y cobrar una deuda, Godard creó por completo dos escenas fundamentales que no estaban así en la sinopsis: el larguísimo encuentro entre Michel y Patricia en la habitación de hotel y toda la escena final en la calle.
Cuando Alianza publicó en 1973, junto a otros cuatro de Godard, la traducción del “guion” de Al final de la escapada, una nota de los redactores de L’Avant-Scène Cinéma –editora del “libreto” en Francia– precisaba que tal guion nunca existió y que ellos habían tenido que ver la película “muchas veces en una moviola” para numerarla por secuencias, transcribir los diálogos y describir los planos y la acción.
Cartel con el título original de 'Al final de la escapada': 'A bout de souffle'
Aquella edición fue traducida y anotada por Miguel Marías, que publica en Confluencias Jean-Luc Godard, una primera recopilación de sus escritos sobre cine.
BARDEM. En Nouvelle Vague tiene especial protagonismo Georges de Beauregard (1920-1984), el desesperado pero leal e inteligente productor que hizo posible Al final de la escapada, además de otras películas de Godard y sus compañeros de generación Demy, Varda, Chabrol, Rivette, Rohmer y hasta de Coutard –el decisivo operador del debut godardiano, como se ve en el filme de Linklater– y de Melville, el maestro de muchos de ellos.
Quizá no es muy conocido que antes Beauregard trabajó en España como coproductor de Muerte de un ciclista (1955) y Calle Mayor (1956), ambas de Juan Antonio Bardem, y que después contrató e instaló por dos años en París a Francisco Rabal, cuyo centenario celebraremos este año. Lástima que el fruto de esa relación fuera Marie-Chantal contra el doctor Kha (1965), la peor película de Chabrol.
Nouvelle Vague tiene diez nominaciones a los César, que se otorgarán el 26 de febrero, dos días antes de los Goya. La película de Linklater no ha tenido ni en Francia ni en España el público esperado y merecido.