Encañonando a sus captores y sentado en su escritorio del despacho presidencial del palacio de Miraflores. Así presenta el escritor peruano Jaime Bayly (Lima, 1965) a Hugo Chávez en su último libro Los golpistas (Galaxia Gutenberg, 2026).
Ese 11 de abril de 2002, frente al dictador venezolano, que tres años atrás, y tras dos intentonas militares fallidas, se había hecho con el poder en las urnas, se encuentran los generales Efraín Velásquez, Manuel Rosado y Lucas Rondón. Miembros de la cúpula militar, se disponen a derrocar a Chávez después de que este mandara disparar a los manifestantes que se agolpaban frente a la sede del Ejecutivo en plena crisis social y política.
Con una prosa impecable, Bayly entrelaza los sucesos de abril de 2002 con los orígenes del dictador, desde su infancia a su llegada al poder, perfilando las condiciones que lo llevaron de la escuela militar de Caracas hasta Miraflores.
Este martes 17 de octubre, Jaime Bayly ha presentado Los golpistas en el Hotel Wellington en Madrid. "Mi vida es tan feliz, tan aburguesada, que ya no encuentro en mi propia vida acontecimientos que novelar. La felicidad no da buena literatura. Por eso he decidido asaltar como un corsario otras vidas".
Antes de Los golpistas, Bayly publicó también en Galaxia Gutenberg Los genios. Una novela que también indaga en un golpe, en este caso el que le propinó en plena cara Mario Vargas Llosa a Gabriel García Márquez por causas nunca del todo esclarecidas. "La novela anterior se basaba en una pregunta simple: ¿Por qué Mario le pegó un puñetazo a Gabo? Es infrecuente que dos nobel se líen a trompadas. Ahora con Los golpistas he tratado de responder otro interrogante: ¿Por qué el golpe a Chávez en 2002 fracasó tres días después de que en principio hubiera funcionado?".
Cubierta de 'Los golpistas' (Galaxia Gutenberg, 2026)
"Que unos militares den un golpe de Estado y derroquen a un gobierno elegido democráticamente es habitual en Latinoamérica". Pero que los que han perpetrado la sublevación se arrepientan en las siguientes 72 horas es un rara avis, según el escritor peruano. "Eran unos golpistas amateurs. Esperaban que si le devolvían el poder, él les trataría con benevolencia. No estaban preparados para ejercer el poder. Estos generales eran unos bobos. Por eso fracasó al tercer día".
Sin embargo, para Bayly, Fidel Castro y Chávez sí que eran todo unos profesionales en eso de las insurrecciones. "Supieron lo que querían desde el principio. Hay que tener una crueldad absolutamente descarnada para llegar al poder y mantenerlo de esa manera. Los golpistas del 2002 no tuvieron los redaños suficientes. Castro y Chávez sí".
Y es que Fidel Castro tiene una serie de intervenciones estelares en la novela de Bayly. Una de ellas es la llamada que hace a los sublevados en 2002. "Les amenaza con matarlos a ellos y a su familia si asesinaban a Chávez. Y sorprendentemente funcionó. Aquellos generales se subordinaron y agacharon la cabeza ante los gritos de Castro".
El segundo momento destacable del dictador cubano ocurre en una conversación con el mismo Chávez. "Fidel le dice una cosa muy curiosa a Chávez: 'El pueblo es una hembra. Tú eres el macho. Les tienes que seducir, les tienes que singar, les tienes que penetrar'".
"Los golpistas de 2002 se entretuvieron y apuñalaron entre ellos como mequetrefes por pequeñas cuotas de poder "
En su novela, Bayly describe en varias ocasiones el físico más bien orondo de los espadones que depusieron temporalmente a Chávez. Cree, de hecho, que su aspecto es representativo de su actitud durante el golpe: "Fracasaron porque eran gordos, torpes, acomodados. No sabían cómo moverse. Todo lo hicieron mal".
Pero la torpeza no sirve para explicar por sí sola el sofoco del levantamiento militar. La hibris de los implicados, el juego por el poder que se despierta entre ellos, termina por desbaratarlo todo. "Se entretienen y apuñalan entre ellos como mequetrefes por pequeñas cuotas de poder que vistas desde el presente no tenían la menor importancia. De no haber ocurrido eso, podríamos estar hablando de una Venezuela democrática en el presente".
En el proceso de documentación de Los golpistas, Bayly vio en muchas ocasiones frustrado su empeño de averiguar las razones del fracaso del golpe: "No conseguía una respuesta cabal del motivo del fracaso del golpe. En esos casos, la salida está en la ficción.Si yo fuera historiador hubiera sido imposible escribir este libro. Era imposible construir la historia sin emplear la imaginación".
En cuanto al presente, el peruano no es halagüeño con lo que está por venir en Venezuela: "Cada día que pasa me siento más descorazonado. Trump está viviendo una luna de miel con la dictadura venezolana. Delcy Rodríguez es una dictadora como lo era Chávez. El presidente legítimo del país es Edmundo González Urrutia, pero ni siquiera lo han invitado a la Casablanca. Sí que han invitado a Delcy, y seguro que le pondrán la alfombra roja. A María Corina Machado la recibieron casi a escondidas".
Sobre la activista venezolana galardonada con el Nobel de la paz, el escritor peruano tiene una buena impresión, pero matiza que "cometió un error al regalarle el Nobel a Trump". En cambio, considera que hubiera sido mejor subastar la medalla que acabó en manos del presidente de los Estados Unidos: "Lo podría haber vendido por millones de dólares y haberlos destinado al desarrollo venezolano".
Afincado en Miami desde hace décadas, Bayly opina del líder estadounidense: "Ha ensangrentado las calles de Estados Unidos. Los matones que asaltaron el capitolio han sido indultados. Uno de esos facinerosos trabaja en el Congreso ahora. Fue el autor intelectual de ese autogolpe. Fue el arquitecto, y fracasó".
No obstante, sí que aplaude la intervención en Caracas, que acabó con Nicolás Maduro apresado por las fuerzas estadounidenses. "Después de tanto tiempo y tanto daño, esta vía era la única salida. Aunque pienso que Trump dio luz verde solo porque no le gustó el baile de Maduro. Creyó que se estaba burlando de él y si hay algo que no deberías atacar de Trump, es el ego". De hecho, Bayly desea una acción similar en Cuba pues, igual que en Venezuela, lo ve como la única forma de deponer a los Castro. "Si los Delta Force visitaran La Habana, sería cojonudo".
Jaime Bayly construye en Los golpistas un libro de insurrecciones fallidas y de hombres que, en su ambición, arrastran con ellos a sus pueblos. A todos esos levantamientos el escritor peruano los critica, por su ineficacia algunas veces, por su incompetencia otras, y por su inhumanidad siempre. Sin embargo, sí que aplaude un golpe, el último y definitivo que se llevó a Chávez: "La enfermedad le entró por el culo y le jodió bien, como él había jodido a tantos antes. Ese no se lo esperaba, contra ese no pudo hacer nada, por mucho que se convirtiera en un hombre pío que no paraba de rezar. Ese golpe no tuvo piedad con él".
