Cualquiera que haya seguido las noticias de Estados Unidos se ha encontrado con la voz y las reflexiones de José Antonio Gurpegui (San Adrián, Navarra, 1958), director del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares.
Trumpismo y reconfiguración global
José Antonio Gurpegui
Editorial Universidad de Alcalá, 2026. 262 páginas. 15 €
Colaborador en radio, televisión y prensa y crítico de El Cultural, Gurpegui se ha consolidado como una de las voces más autorizadas para hablar de una primera potencia hoy, en su etapa trumpista, irreconocible para muchos.
Es en el contexto de un desconcierto generalizado en el que este ensayo ambicioso y oportuno debe leerse, pues sitúa el presente dentro de un arco histórico más amplio, hasta casi parecer inevitable.
De hecho, no estamos ante una crónica al uso sobre Trump, sino ante una interpretación de una época, con una convicción de fondo: no es una anomalía pasajera en Estados Unidos, sino un síntoma de una reconfiguración más profunda del orden mundial.
Gurpegui escribe desde la familiaridad intelectual con los códigos de Washington, pero también desde una mirada europea que observa con preocupación el desgaste de la hegemonía liberal, producto de sus propias contradicciones internas y de resentimientos arrastrados desde hace décadas.
El libro se articula como un recorrido histórico que arranca en el gran momento fundacional del imaginario occidental que fue la caída del muro de Berlín en 1989.
La imagen de Reagan en Berlín exigiendo a Gorbachov que derribara “este muro” funciona como escena inaugural de un relato que parecía anunciar la victoria definitiva del liberalismo democrático.
El preludio del final de la Historia. A partir de ahí, el autor reconstruye el fin del mundo bipolar y el colapso soviético.
Este ensayo ambicioso y oportuno parte de una convicción de fondo: Trump no es una anomalía pasajera en Estados Unidos
La guerra de Ucrania marca un punto de no retorno. El último clavo del ataúd del diagnóstico de Fukuyama. Porque la invasión rusa certifica la mutación ideológica y estratégica de los viejos consensos, que ya no operan, sin que haya otros de reemplazo en el horizonte.
Es en este marco en el que aparece Trump, no solo como personaje político, sino como factor desestabilizador: un nacionalismo populista con un ideario MAGA convertido en pivote y una política exterior del “gran garrote” que erosiona alianzas que creíamos inmutables.
Decíamos que el trumpismo es, para el autor, un producto interno de las contradicciones estadounidenses. Pero también es un acelerador de cambios en el exterior, que es a donde el populismo trumpiano vierte toda la tensión interna, deslocalizando el malestar hacia terceros.
El libro tiene un aire clásico: capítulos extensos, referencias históricas y cierta voluntad abarcadora. Su estilo es directo, a veces sentencioso, con gusto por las metáforas y por una narrativa donde líderes como Reagan, Gorbachov, Trump o Xi representan las grandes fuerzas de la Historia.
La conclusión que lo atraviesa es inquietante: el orden liberal nacido tras 1989 no era el final de nada, sino un paréntesis.
El trumpismo aparece como uno de los nombres posibles de esa transición hacia un mundo más fragmentado, sin instituciones multilaterales efectivas, sin un derecho internacional digno de tal nombre.
La Historia, lejos de clausurarse, se reabre con nuevos protagonistas pero con las viejas reglas de un mundo más hobbesiano.
Hizo fortuna aquello de que lo que pasaba en Las Vegas, en Las Vegas se quedaba, y es justo el diagnóstico contrario el que aquí se defiende: lo que ocurre en Washington no se queda en Washington. Este libro nos ayuda a entender sus claves.
