Charles Powell (Madrid, 1960) tiene una larga trayectoria académica en Gran Bretaña y España. La Transición y la figura del rey Juan Carlos han ocupado sus investigaciones. Hoy cualquier estudio sobre el anterior soberano resulta controvertido, y Powell es muy consciente de ello. Su postura es historiográficamente sólida porque acomete el esfuerzo de explicar el papel del rey durante una etapa internacionalmente compleja sin ocultar los errores y los escándalos del monarca.
El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España
Charles Powell
Traducción de Eva Rodríguez Halffter Galaxia Gutenberg, 2026. 632 páginas. 34 €
El historiador hispano-británico se ha servido de fuentes conservadas en archivos oficiales de Europa y Estados Unidos, junto con memorias o diarios de las personalidades españolas y extranjeras que se relacionaron con don Juan Carlos; asimismo, la investigación está apoyada en una abundante bibliografía secundaria. Con todo ello, el autor ha completado un texto largo y detallado.
Declara que aspira a facilitar un mejor conocimiento y comprensión del liderazgo y de las opiniones políticas de don Juan Carlos, marcadas por su instinto o eso que se ha denominado popularmente su “campechanía”. Podría contraponerse a los argumentos de Powell que, en realidad, estamos ante un superviviente que desde muy joven hubo de acostumbrarse a contextos hostiles, desde los tiempos de Franco hasta la estabilización institucional del nuevo régimen democrático.
El historiador acierta cuando no entra en suposiciones sobre el carácter del rey, sino que se ciñe a trazar de forma pormenorizada su participación en la actividad diplomática española.
Su primera tesis es que don Juan Carlos comenzó a operar en política exterior a partir de ser nombrado heredero por Franco. Para Powell es evidente que el príncipe de España tiene ya en su cabeza, desde 1969, la necesidad de que España derive hacia un sistema democrático. Lo que no estaba claro entonces era cuándo y cómo habría de producirse este cambio radical.
Por eso el autor, prudente, advierte de que el joven don Juan Carlos carecía de un plan específico y no le atribuye la condición de un demócrata oculto. Solo aventura que desde el primer momento los viajes permitieron al príncipe establecer contacto con los líderes de las democracias europeas y la administración de los EE.UU. y cultivar lazos personales y políticos, un sustrato sobre el cual se desarrollaría una diplomacia peculiar, entre lo informal y lo institucional.
Powell presenta un estudio riguroso acerca de la política exterior practicada por el Rey emérito
La influencia del contexto internacional fue intensa, condicionado por la Guerra Fría. Importaba el apoyo norteamericano, el reconocimiento de las grandes potencias europeas, las negociaciones para el ingreso en la CEE y la OTAN y el impulso para consolidar una Comunidad Iberoamericana de Naciones. Todos estos frentes se convirtieron en tareas del jefe de Estado. El monarca se aplicó a estas negociaciones, así como a la ratificación de tratados internacionales y a la reanudación de relaciones bilaterales interrumpidas (México) o inexistentes (Israel).
La aprobación de la Constitución redujo los poderes legales del soberano y, desde entonces, su capacidad de maniobra quedó más supeditada a la relación personal de La Moncloa con La Zarzuela. El pacto tácito consistía en que el rey asumiera amplias parcelas de la representación exterior, aun cuando la ley reservara las competencias al Gobierno. Lo que está claro para Powell es que este juego exigía una fluida relación entre la jefatura del Estado y el Gobierno, como ocurrió durante las presidencias de Adolfo Suárez y Felipe González.
En definitiva, Powell presenta un estudio riguroso acerca de la política exterior practicada por el rey emérito. El autor no oculta su simpatía hacia don Juan Carlos, pero tampoco esconde esos escándalos que le han despojado de la popularidad. El juicio queda confiado al lector.
